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Uno de los ejemplares necesita espacio para mirarlo. Dentro de una caja de cartón hay un librillo y un mapa plegado. El mapa se puede confundir con un juego de mesa, de esos de tirar el dado y saltar casilleros, aunque este es un juego tenebroso. En un gran círculo aparecen los nombres de Emma Smith, Martha Tabram, Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly, todas ellas terriblemente asesinadas en Whitechapel en 1888, en lo que se llamó “Otoño del terror”. Y justamente Mapa negro 1888. Whitechapel. Otoño del terror es el nombre de esta publicación destinada a seguir los asesinatos supuestamente cometidos por alguien que se hizo llamar Jack el Destripador. Al final de ese círculo, se recuerda a otras mujeres asesinadas en otras zonas de Londres: Frances Coles, Alice McKenzie, Elizabeth Jackson. A esta lista se suma un torso encontrado sin identificar.
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El conjunto de mapa y librillo pertenece a la colección Aventuras Literarias, que viene publicando una serie de mapas y paisajes reales o ficticios en los que se involucran ciudades, autores y libros. Está el París de Victor Hugo en Los miserables, la Londres de Arthur Conan Doyle y su Sherlock Holmes, la Madrid de Benito Pérez Galdós en su Luces de Bohemia, la Lisboa de Fernando de Pessoa o la Buenos Aires de Cortázar en Rayuela.
En Mapa negro 1888… el círculo de las mujeres asesinadas encierra otro más pequeño donde están los nombres de los sospechosos y los pasos erráticos de la policía. Ese círculo se va cerrando hasta contener solo el nombre de Jack el Destripador. Pero el mapa tiene otros pliegues con muchos recuadros y datos: notas de prensa, cartas, suposiciones, historias de los sospechosos y de las víctimas, engaños en los que cayó la policía, los médicos implicados en las autopsias. Todo un seguimiento que se continuó durante décadas. Si se da vuelta el tablero con los círculos, el mapa propiamente dicho, con calles, arrollos, puentes, plazas, marca con puntitos rojos las zonas macabras donde fueron encontrados los cadáveres.
El librillo que acompaña el mapa tiene más datos: testimonios de alguna encargada de pensión, de algún vecino o de alguna amiga de la víctima o de algún vigilante. Entre las mujeres había jóvenes pobres, prostitutas, viudas, divorciadas o en pareja. Jack no parecía tener un patrón.
¿Quién era Jack? ¿Fue un solo hombre o varios? ¿Pertenecía a la masonería, era de clase alta, un cirujano, un antisemita? En esta publicación no hay respuestas, pero sí todas, o casi todas, las teorías que se han manejado, incluso la del escritor Stephen King que se afilia a la del masón asesino en su libro Jack the Ripper. The Final Solution.
Lo cierto es que Jack envió varias cartas a policías y periodistas, y sobre ellas hay también varias teorías. Para algunos fueron creadas por la prensa sensacionalista. Una posible identificación de su letra fue destruida cuando se borró una pintada con tiza blanca en una pared donde encontraron un trozo de tela ensangrentado que pertenecía a una de las víctimas. La pintada decía: “Los juwes son los hombres que no serán culpados por nada”. El investigador a cargo interpretó que juwes significaba judío y la mandó borrar sin esperar al fotógrafo policial para calmar el clima antisemita que surgió con una de las teorías sobre el asesinato. Según King, juwes se refiere a los asesinos de un maestro masón. La intriga aún se mantiene.
El Mapa negro 1888… es complicado de leer, pero también es curioso y adictivo. Si se despliega sobre una mesa, hay que hacer lugar alrededor para poder girar y seguir nombres, calles, clubes nocturnos, hospitales. Un buen regalo para coleccionistas o amantes de esta intriga histórica, “una crónica de los hechos con el escenario como protagonista”.
Otro ejemplar de la misma colección que se puede conseguir en librerías uruguayas se llama La ciudad de los espejos y sigue los paisajes de La trilogía de Nueva York, del escritor Paul Auster. Compuesta por tres novelas policiales, Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada, publicadas entre 1985 y 1987, la trilogía está entre las obras más reconocidas de Auster. Esta publicación, obviamente de corte literario, también tiene un mapa a modo de ensayo geográfico sobre las novelas. Por allí está el Algonquin Hotel, el domicilio de Daniel Quinn, el domicilio del propio Auster y el de Walt Whitman, la galería de arte en Madison Avenue, el Carnegie Hall y el Times Square: la vida real y la ficción se mezclan en calles y esquinas.
El volumen, de preciosa edición, incluye un cuaderno de viaje y un cuaderno de juegos para probar conocimientos. El prólogo a manera de ensayo está a cargo del escritor español Chus Fernández. Es una introducción muy personal, tal vez demasiado personal, que habla más del prologuista que del libro. De todas formas, tiene fragmentos muy agradables: “En la ciudad los pasos crean el laberinto. La piedra no ofrece reflejo, el cristal lo multiplica. Está endemoniado el cristal: te muestra aquello de lo que te mantiene alejado. La ciudad es el sitio al que ir o el sitio al que regresar. Y, por encima de todo, el sitio en el que desaparecer”.
La ciudad de los espejos es también una curiosidad para fanáticos de Auster. Sobre todo disfrutarán de este libro quienes hayan leído La trilogía de Nueva York. Si no lo hicieron, corran a conseguirla.