El viernes 19 un comando de seis encapuchados, todos portando armas, abordó a una familia que estaba por salir a hacer las compras en su camioneta. Mediante amenazas los obligaron a volver a entrar a su casa y encerraron a la mujer y los niños en un dormitorio. Luego de tomar el dinero, unos $250.000, los delincuentes llevaron a la calle al jefe del hogar y lo ejecutaron de un disparo en el pecho.
Los vecinos dirían a la Policía que en la casa, ubicada en Cerrito de la Victoria, funcionaba una boca de venta de drogas, pero ninguno quiso dar detalles del crimen. En realidad el lugar era mucho más que eso. Allí funcionaba un centro de abastecimiento de bocas de la organización que lidera desde prisión el narcotraficante Luis Alberto Suárez, conocido como el “Betito”, y el hombre asesinado era pariente suyo y uno de sus principales lugartenientes.
Sobre esos seis enmascarados pende ahora una condena de muerte. El “Betito” ordenó a sus subalternos que todos los que participaron en el asesinato y también aquellos que “vendieron” la existencia de ese centro de distribución sean identificados y asesinados, dijeron a Búsqueda fuentes policiales.
En el Poder Ejecutivo existe preocupación porque la información policial indica que comenzó una “guerra” entre las “principales organizaciones” de narcotraficantes uruguayos y que eso puede implicar que se desate la violencia en la vía pública y contra los efectivos de seguridad. “Hay gente en la calle con armas automáticas tratando de cumplir la orden de su jefe”, advirtió uno de los informantes.
Los “territoriales”.
El “Betito”, de 29 años, encabeza un grupo que domina la venta de drogas en el Cerro Norte y, según él mismo se jactó hace poco en el Penal de Libertad —donde está recluido desde 2006 por varios delitos—, lidera una organización compuesta por 50 leales miembros.
Si bien la Policía no tiene confirmación de esa cifra, considera que la de Suárez es la “principal organización” de narcotráfico uruguaya, que tiene “alto poder de fuego” y que sus miembros “no tienen resquemores a la hora de matar”. “Sabemos que tiene tanta influencia como para lograr que menores se entreguen como autores de homicidios que no cometieron; entregan el arma del crimen, pero cuando se les interroga cómo ocurrió el crimen, no tienen ni idea”, explicó un policía con amplia experiencia en el combate al narcotráfico.
Un perfil de Suárez que manejan las autoridades atribuye a su organización “varias” de las seis muertes ocurridas en el Penal de Libertad durante el año 2007. Al año siguiente, la Policía detuvo a su hermano Ricardo Suárez, el “Ricardito”, como presunto autor intelectual de varios homicidios y “ajustes de cuenta” en el Cerro Norte. El informe, al que accedió Búsqueda, menciona que dos años después la “guerra por la venta de droga” en ese barrio “cobró la vida de varias personas” y que “las fuentes consultadas y las investigaciones realizadas aseguran que la influencia del ‘Betito’ en ello es determinante, siendo probable que muchos de los fallecidos ni siquiera estén identificados”.
“Durante mucho tiempo la organización de Suárez ha ejecutado a mucha gente. Incluso, tenemos la certeza de que ha participado en el asesinato de dos delincuentes conocidos como el ‘Marito’ y el ‘Rambo’”, relató una de las fuentes.
Como sucede en el caso de la mayoría de los narcotraficantes uruguayos, el “Betito” comenzó su carrera delictiva cuando era menor de edad y cometiendo rapiñas. En los hechos, integró en 2005 la denominada “superbanda”, que realizaba atracos a locales de pagos, empresas y supermercados. Recién su quinto procesamiento está vinculado a la venta de drogas. En enero de 2009 la Brigada Antidrogas efectuó la Operación Puerto Rico, que desbarató una red de distribución de estupefacientes liderada por Suárez desde la cárcel.
El “Betito” no pertenece al tipo de narco que trabaja “subrepticiamente” para pasar inadvertido, sino que integra el grupo de los “territoriales”, quienes se consolidan en una zona “mediante la violencia y el miedo”. Desde que está en prisión, eliminó a todos “los que le hacían sombra” y, sobre todo, intentó aprender de los narcotraficantes extranjeros que están recluidos en “La Piedra”, la zona de máxima seguridad del Penal de Libertad.
En una de las requisas a su celda, la seguridad penitenciaria encontró bibliografía del grupo Primeiro Comando da Capital (PCC) una organización criminal que opera en San Pablo y que surgió de la unión de reclusos.
“Los ‘Bartolo’”.
Pero como se abrió paso en el mundo del narcotráfico a sangre y fuego, el “Betito” enfrenta ahora la venganza de sus enemigos, que cuentan con grupos menos organizados pero igual de peligrosos. Al menos ese es el análisis de las autoridades a partir del homicidio ocurrido en el Cerrito de la Victoria.
Los jerarcas de la Policía no tienen claro quiénes fueron los autores del asesinato y robo de la droga del centro de distribución. Sin embargo, el hecho ocurrió en el Cerrito de la Victoria, un área dominada por la banda criminal conocida como los “Bartolo”, por lo que los oficiales creen que ese grupo puede tener alguna vinculación. Según uno de los consultados, “como grupo territorial que es, es muy difícil que ocurra algo en el ámbito de los ‘Bartolo’ y que no lo sepan”.
A su vez, las autoridades manejan el dato de que la droga robada al lugarteniente de Suárez está siendo comercializada en el barrio Marconi, también controlado por los “Bartolo”, lo que explicaría el aumento de la violencia en esa zona.
“Ahora lo que hay son represalias de otros grupos que habían sufrido los ataques del ‘Betito’. Creemos que la guerra ya comenzó, y el temor que tenemos es que eso se vaya a extender. Hay una posibilidad de que eso se acreciente y que se traslade a otros lugares más allá de la zona de influencia de esos grupos, que el enfrentamiento llegue a otras calles”, explicó un oficial.
La Policía cree que otra banda de narcos uruguayos que controla el Borro, liderada por Marcelo Panizzi, todavía está fuera de este enfrentamiento.
Para el Ministerio del Interior estos enfrentamientos también están vinculados al hecho de que el mercado de la pasta base de cocaína está “en caída”, pero que “cada vez aparecen más vendedores” para competir. Según informó “El País” el martes 23 hubo al menos 100 robos a bocas de venta de drogas, lo que provoca más enfrentamientos.
Las muertes entre delincuentes como motivo de “ajustes de cuenta” han aumentado durante el 2012 y son un 40% del total. Este incremento provocó que en estos primeros 10 meses del año ya haya más homicidios que en todo el 2011. Por eso, la Policía investiga la existencia de personas que se dedican a matar por dinero (Búsqueda Nº 1.684).
Motines.
El hecho de que haya comenzado “una guerra” entre esos narcotraficantes preocupa a las autoridades porque no se trata de criminales que se reúnen para cometer un delito, como ocurría antes, sino de organizaciones “más complejas”, con “estructuras sofisticadas que incluyen cadenas de mando, disciplina y alto poder de fuego”.
“Por ahora se están atacando entre ellos, pero esto va a generar un grado de violencia mayor que el que ha habido entre estos grupos de narcotraficantes; habrá venganzas”, dijo uno de los informantes. Además, agregó que en el Ministerio existe la convicción de que el tema seguirá “la evolución natural” que se vio en otros países y que implica que los delincuentes “redireccionen sus ataques a las autoridades” encargadas de la seguridad. “Ya hubo amenazas directas contra jueces y fiscales vinculados al combate al crimen organizado”, recordó un informante.
Las autoridades están alerta porque esta “guerra” también puede repercutir en el sistema penitenciario. Como una de las primeras medidas, el gobierno resolvió apurar la instalación de los inhibidores de celulares en cárceles para cortar la comunicación de los presos con sus contactos externos.
“Hasta ahora no hemos podido aislar por completo a Suárez porque tiene gran capacidad de amedrentamiento y de corromper a los funcionarios”. Así se mantenía comunicado y controlaba a su organización.
En el Ministerio del Interior esperan que las medidas que adoptarán en el sistema carcelario genere una reacción por parte de los delincuentes más pesados, quienes podrían “intentar provocar motines” en las cárceles. “No van a admitir que les hagamos perder el control de las organizaciones y ya nos han hecho saber su disconformidad, dijo un jerarca, y concluyó: “No descartamos nada, todo puede pasar, pero las medidas las vamos a tomar igual”.