Más allá de las trágicas y tristes estrofas del viejo tango de Rossi y Rivero (cuasi apocalípticas) que dicen: “Yo quiero morir conmigo, sin confesión y sin Dios, crucificao en mis penas, como abrazao a un rencor”, la frase del título ha sido adoptada por el lenguaje popular para referirse a la extrema y a veces inexplicable adhesión de alguien a alguna causa no demasiado fácil de justificar.
—Presidente —dijo el Dr. Miguel Ángel Toma, secretario de la Presidencia—, mire que no importa ya tanto si esta reunión va a funcionar o no, no se olvide que no es más que una reunión, mucho bla, bla multilingual, mucha cháchara pacifista y optimista, mucho espíritu conciliador y dialoguista, muchos fuegos artificiales, pero la cosa en Venezuela se agrava día a día, y no creo que la solución vaya a salir de este encuentro que usted ha promovido con tanta buena voluntad, pero…
—Eso del Bandes y de los 1.200 millones de palos verdes a transferir al Uruguay en fija que no es más que un bolazo de Guaidó, ese flaco bandido lo único que hace es poner palos en la rueda y sembrar la discordia y…
—Presidente, con Maduro todo puede ser, bueno, casi todo, lo que no pudo ser fue sacarlo del tanque de guerra en el que se desmayó el otro día, porque está tan gordo que se trancaba en la salida, hubo que esperar que volviera en sí para que hundiera la panza, en fin, volviendo a sus reflexiones, lo del Bandes en fija que es cierto, fíjese que la cifra es igual a la que intentó sacar en oro del Banco de Inglaterra y los ingleses lo mandaron a freír arepas y…
—¡Pero esto de armar milicias tampoco debe ser cierto! Debe ser una fuck news, como dice Marita, que habla tan bien inglés que me parece que la voy a nombrar ministra de Educación, ¿qué te parece, Máiquel Éinyel?, ¿la nombro o no?
—Presidente… la Dra. Muñoz ya es ministra de Educación y Cultura, ¿no se acuerda?
—Mirá, estoy tan confundido con esto de Venezuela que hay cosas de las que me olvido, y no se te ocurra nombrarme de nuevo al alemán, que era austríaco, porque me voy a calentar, ¿sabés?, decime, Miguel, ¿qué dice Nin Novoa?
—Dice que ojalá se equivoquen las encuestas que lo dan a Bolsonaro ganador en las elecciones en Brasil…
—¡Miguel Ángel! ¡Me vas a volver loco! ¡Eso fue hace como dos meses, y hace más de uno que Bolsonaro ya asumió la presidencia! ¿No te acordás que me mandaste a saludarlo y todo?
—¡Claro que me acuerdo, presidente! Pero eso fue lo último que se le oyó decir a Nin, después desapareció de los lugares que solía frecuentar, capaz que ahora anda frecuentando los lugares que solía frecuentar hace unos años, jugando al polo con los milicos del cuartel en Cerro Largo, no sé, digo yo, el caso es que juega de canciller ahora el gordo bigotudo ese que se parece a Supermario, nunca me acuerdo del nombre, ¿Pergamino se llama?
—Bergamino, Toma, Bergamino… Sos el secretario de la Presidencia, ¡no puede ser que no retengas los nombres de los actuales gobernantes!
—Presidente, con el trabajo que me dio la nota exculpatoria de algunos conocidos suyos para desligarlos de las “transas venezolanas”, como dijo Castañeda, dos páginas sacando la pata del lazo, ¡qué me voy a acordar del gordito bigotudo! Sé que anduvo sembrando simpatía por Europa, pero no lo veo de negociador de nada serio, qué quiere que le diga, ¿de dónde lo sacó a ese muchacho? Este debe haber heredado los trajes de Faggi Única que usaba el Polo Gargano, ¡no está a la altura de sus jetras signés Muto, Presidente! Nin meterá la pata, pero es más elegante, dígame si no…
—Toma, tomate la cosa en serio, esto de Venezuela se tiene que arreglar con el diálogo y la negociación, la buena voluntad de las partes involucradas y el sentimiento de fraternidad entre los bandos enfrentados, a los cuales convenceremos de que la manera…
—Presidente, ayer en Maracay, Estado de Aragua, los esbirros del Sebin de Maduro ahorcaron a un líder barrial opositor, le seccionaron la lengua con un machete, y le escribieron la palabra “traidor” en el pecho con una hoja de afeitar, un episodio que le demuestra la violencia y la saña con la que…
—¿De qué marca era la hoja de afeitar?
—Era una Gillette, presidente. Se puede leer la marca en las imágenes que divulgó la CNN.
—Bingo, Toma, bingo. Se trató de un atentado encubierto de los marines yanquis infiltrados con el cuento ese de la ayuda humanitaria, lo hicieron para inculparlo a Maduro, que es un hombre de paz y no violencia, me consta, y además, me lo ratificó el Pepe, que ayer dijo que Maduro es bueno, a diferencia de anteayer, que dijo que era malo, pero quedémonos con lo último que dijo, que nos sirve, Toma. No te dejes llevar por la CNN, además, que no es confiable. Lo dijo Trump en un tuit anteayer, dice que miente esa cadena, que lo quiere desestabilizar.
—¡Pero presidente! ¡No me va a decir que ahora lo que le sirve es creerle a Trump! ¡Cada vez lo entiendo menos! Le aclaro además que los de la Unión Europea no ven con buenos ojos que los invite a Placeres y al Pato Celeste para la cena de esta noche, presidente… ¿Me escucha? ¿Para dónde se va?
El presidente se levantó de su sillón y marchó hacia una de las ventanas alejadas de su despacho, observando el paisaje con los ojos entrecerrados, la mirada puesta en un lejano horizonte.
—¿Qué hace, presidente? —preguntó el Dr. Toma.
—Estoy mirando para otro lado.