—A nivel de analistas se dice que la campaña electoral es superficial y que falta debate de ideas. ¿Qué evaluación hace al respecto?
—Es una campaña que intenta, de parte de todos los involucrados, levantar el nivel y abordar conceptos, propuestas. Hasta ahora ha habido algunas pérdidas de tiempo en detalles que son irrelevantes para la decisión de la población. Es cierto que todavía no está a un nivel en el que podríamos decir que Uruguay está haciendo una discusión sobre su futuro, que es una de las grandes decisiones que tenemos que tomar: ¿qué futuro queremos para el país?
—En la oposición acusan al Frente Amplio de impedir que se dé esa discusión porque Tabaré Vázquez se niega al debate entre los candidatos.
—Separemos las cosas. Por un lado, está la decisión personal de Vázquez que ya fue argumentada y expuesta desde hace mucho tiempo. Por otro, la disposición del Frente Amplio como fuerza partidaria de debatir ideas. Claro, puede no ser, a la luz de la decisión de Vázquez, un debate cara a cara entre candidatos. Él resolvió que no porque siente que es más cómodo para él hacerlo de esta manera, y hay que respetar su decisión. Pero eso no quiere decir que no haya discusión de ideas, aunque sea a distancia. Me parece que progresivamente las hay. Lo que falta enormemente, es uno de los grandes vacíos, y me parece que va a faltar hasta el final, es el debate sobre política económica.
—¿Por qué le parece que va a faltar?
—Sospecho que no hay debate en materia de política económica, porque algunos candidatos deben pensar que no les va a ir bien. No porque algunos seamos mejores que otros, sino porque los resultados de la política económica que practicó el Frente Amplio en estos dos períodos son buenos. No quiere decir que sean todos buenos, pero son en general buenos y excepcionales en la historia del país. En cambio, los otros candidatos o no tienen nada que exponer o tienen resultados que están muy frescos en la memoria de los uruguayos y son muy malos.
—Algunos analistas y políticos, incluso de izquierda, sostienen que el Frente Amplio dio continuidad a la política económica de los partidos fundacionales.
—Esa es una de las cosas más tremendas que he oído. Es un profundísimo error que puede llevar a que la gente se equivoque. Decir que estamos en contra de la inflación, de un gasto público excesivo y que estamos a favor del crecimiento, no es discutir la política económica. Todos estamos a favor y en contra de unos y de otros objetivos. El tema es discutir cómo se llega a tener un gasto público controlado, a tener crecimiento sostenible. Y si nosotros examinamos lo que han sido estos nueve años de gobierno frenteamplista, nos vamos a dar cuenta de que hay un abismo de diferencia con respecto a gobiernos anteriores. Veamos, por ejemplo, cómo el Frente Amplio manejó el gasto público y en qué se gastó. Hoy los destinos que podríamos llamar sociales del gasto público, como la salud y la educación, son los principales, cuando antes eran los intereses de la deuda. Muchas veces, por el hecho de que nosotros hemos sostenido que los caminos con que se trató la crisis de 2002 fueron los correctos, se nos dice que nuestra política es igual a la del gobierno de Jorge Batlle. Pero estamos hablando solo de las soluciones que se tomaron una vez que se planteó la crisis. Esos gobiernos no solo no la pudieron evitar, sino que en el caso de la deuda la provocaron.
—¿Hay posibilidades de volver a una situación como la del 2002?
—No me parece. Uruguay construyó estructuras e instituciones que son propias del país y no del partido de gobierno. Hoy, para poner un ejemplo, tenemos los mecanismos de regulación y supervisión tan rigurosos que motivan quejas de los bancos, no comodidad. En el 2002 faltaba una hoja en el informe de supervisión del Banco Central cuando se produjo la crisis y nunca apareció.
—En la oposición sostienen que el Frente Amplio desperdició los años de bonanza y que el próximo gobierno recibirá una situación complicada. ¿Qué opina al respecto?
—No se desaprovecharon en absoluto. El país hoy tiene una realidad productiva y comercial totalmente diferente a la que tenía cuando ganó el Frente Amplio. Ahora, ¿faltan cosas por hacer? Una enormidad. Los desafíos en materia de inversión en transporte, comunicaciones, en servicios portuarios, en energía son realmente importantísimos. En materia de educación también tenemos un déficit muy importante. Ha habido avances muy modestos, pero lo que queda por hacer es mucho más importante de lo que se hizo.
—¿Por qué no se hizo en estos 10 años?
—Hay que mejorar la calidad del gasto, porque gastamos mucho en educación con resultados relativamente modestos. Y eso tiene que ver con la gestión, que es todo un tema que el país tiene que mejorar.
—¿En un eventual tercer gobierno del Frente Amplio es importante la correlación de fuerzas internas que surja a partir de octubre?
—El 26 de octubre, y si eventualmente hubiera segunda vuelta, el pueblo uruguayo estaría definiendo qué Uruguay quiere para el futuro, pero también estaría definiendo qué Frente Amplio quiere para el futuro. Nosotros queremos llegar al tercer gobierno no para seguir en el mismo trillo y proponer más de lo mismo, porque el país necesita muchas mayores transformaciones. Y mejor hechas, con una administración de recursos humanos que sea superior a la que hemos tenido hasta ahora, sobre todo por los criterios de convocatoria a asumir responsabilidades de gobierno. No podemos seguir con la cuotita sectorial, porque eso, si bien fue entendible para los primeros dos gobiernos desde el punto de vista político, no es compartible desde el punto de vista de lo que necesita el país.
—Lacalle Pou insiste en el tema de la renovación y de la edad. La estrategia parece ser mostrar al candidato joven contra el veterano. ¿Eso es perjudicial o puede ser beneficioso para el Frente Amplio?
—Estoy a favor de la renovación generacional, sin dudar un solo instante. Ojalá tengamos cada vez más jóvenes en la política, en la toma de decisiones, en los cargos de responsabilidad. Ahora, vayamos adelante con un proceso equilibrado, porque incorporar jóvenes no implica tirar viejos a la basura y, sobre todo, privarnos de la experiencia que eso pueda aportar; tiene que haber un equilibrio. Pero la orientación, el destino, el objetivo, sin duda: renovación generacional. Así como equidad de género también.
—¿Al Frente Amplio le falta renovación?
—Sí, es probable que sí. Es probable que no hayamos hecho todo lo necesario para abrirles más las puertas a los jóvenes. No hicimos lo necesario.
—¿Eso le está jugando en contra ahora?
—Desde el punto de vista electoral vamos a ver qué pasa. Estos últimos tres meses son fundamentales. Es ahora que hay que entrar a definir con racionalidad el perfil del país que queremos, y hay que conocer el Uruguay para hacerlo. Esto no se puede hacer con una linda canción o con un buen video. Para transmitir confiabilidad y conocimiento y confianza, hay que conocer realmente de lo que se está hablando. No es solo cuestión de juventud. Es cuestión de juventud y conocimiento, juventud y sensibilidad. Cuando digo que estoy a favor de la renovación generacional, lo hago en esos términos. No se trata solamente de decir, tengo tantos años y me gané el derecho a algo.
—¿Le parece que Lacalle Pou está preparado para ser presidente?
—No soy quién para juzgar su grado de preparación. Ha tenido una trayectoria en la Cámara de Representantes que seguramente le ha aportado un grado de experiencia nada despreciable.
—Vázquez comparó a Lacalle Pou con su padre en referencia a lo que puede llegar a hacer desde el gobierno y utilizó para eso el refrán: “de tal palo tal astilla”. ¿Comparte esa idea?
—La resolución de las internas en los dos partidos tradicionales indica el triunfo de los sectores más conservadores. En el Partido Nacional perdió el wilsonismo y en el Partido Colorado el batllismo. Los dos candidatos triunfantes representan lo que podríamos llamar la derecha.
—Ellos no dicen que son “la derecha”...
—Acá nadie quiere ser de derecha. La explicación es que Uruguay no es un país en el que la derecha constituya una estructura ideológica demasiado rígida. En otros países la derecha es mucho más derecha. Volviendo a la pregunta original, cuando Vázquez hace esa afirmación esta pensando en una visión sobre el país. Cuando Lacalle padre eliminó los mecanismos de negociación colectiva de los trabajadores o cuando propuso enajenar la empresa pública más importante del país estaba reflejando una visión para mí muy negativa, pero que tiene su espacio en un espectro ideológico conservador. Vázquez no está diciendo que su hijo vaya a hacer lo mismo ahora, sino que está aludiendo a que su propuesta es comparable a la de los años noventa. El ejemplo es la baja de la edad de imputabilidad, que refleja una visión ideológica cercana a la derecha.
—¿Da como un hecho que habrá segunda vuelta, como dicen todas las encuestas?
—No puedo pronosticar nada. Estos tres meses de campaña son fundamentales. La posibilidad de que haya segunda vuelta es cierta. Queremos ganar en primera vuelta con mayorías parlamentarias y trabajaremos para eso. Pero es perfectamente posible que no tengamos mayoría y que haya segunda vuelta.
—Hace unos minutos se refería a un crecimiento económico histórico. ¿Cómo se explica entonces la baja en la intención de voto que registra el Frente Amplio?
—Llegado el pueblo uruguayo a una calidad de vida mejor a la que tenía antes, se empieza a fijar la atención en lo que todavía falta, que es mucho. El hecho de acceder a un lugar social mejor, habilita a percibir lo que aún no se hizo, que es mayor que lo que se hizo, en términos de volumen y calidad. Por eso más de lo mismo no y por eso hay que ser conscientes de la enorme responsabilidad que tiene que afrontar un tercer gobierno del Frente Amplio.
—Algo así como a cuantos más beneficios, más exigencias...
—...no tan así. Pero vivir mejor da oportunidades de pensar que hay horizontes diferentes en la vida. A veces uno, cuando está muy mal, no tiene ni capacidad ni voluntad de pensar todo lo que falta. El otro problema es lo que algunos llaman, en ambientes académicos, la trampa del desarrollo o la trampa de los países de ingresos medios. Eso refiere a un período de crecimiento importante y mejoras sociales significativas y llegados a un punto, la tentación política de poner el piloto automático en lugar de redoblar el esfuerzo por la transformación. Eso esta pasando en muchos países.
—¿Y en Uruguay?
—Puede existir esa tentación, que es gravísima. Por eso está bueno estar preocupados hoy por los números de las encuestas. Es una motivación.
—Si vuelve a ser ministro de Economía, ¿tiene previsto repetir el mismo equipo?
—Voy a ir donde me toque ir. Voy a responder a quienes entiendan que debo estar en determinado lugar, como puede ser el Ministerio de Economía, positivamente. Disfruté mucho el Ministerio de Economía, sobre todo por el equipo con el que trabajé. Así que sí, trataré de mantenerlo.
—¿Considera que el presidente José Mujica debería tener un rol protagónico en el próximo gobierno?
—Sin duda que sí. Se ha ganado un lugar en la política nacional e internacional que nadie puede discutir. No le voy a definir el lugar pero puede y debe jugar un papel importante. Se lo ganó.
En Pluna hubo “errores” pero no “corrupción”
—Las denuncias de corrupción surgidas en los últimos meses, como en el caso Pluna o ASSE, ¿pueden afectar electoralmente al Frente Amplio?
—Ahí hay dos cosas totalmente diferentes. En Pluna corrupción no solo no ha habido sino que nadie demostró que la haya habido.
—En los dos casos hubo delitos contra la administración pública.
—Pero son situaciones totalmente distintas. En Pluna cometimos errores, pero esos errores han sido asumidos con responsabilidad. Lo de ASSE no puede pasar más porque la conducta corporativa, que fue la que generó el caldo de cultivo para que eso ocurriera, puede generar un desequilibrio fundamental para un gobierno de izquierda y es una de las cosas sobre las que hay que estar muy alerta.
—Vamos episodio a episodio. ¿El caso de Pluna tendrá algún impacto electoral?
—Se verá. Sinceramente no lo creo por la medición que las encuestas han señalado al respecto. Pero lo veremos.
—Usted hablaba de “errores”. ¿Cuáles fueron y por qué se cometieron?
—Están asociados a la principal enseñanza que nos dejó esta experiencia. Fue un claro error insistir en la posibilidad de seguir teniendo una aerolínea nacional con participación estatal. Eso no fue posible y nuestro error fue haber insistido sin tener en cuenta el desequilibrio en los precios del combustible, en la flota y las frecuencias, en el capital propio y el endeudamiento, que fueron los tres principales factores que condujeron a la frustración. Eso no lo podíamos ver y seguimos adelante.
—Lo que generó el procesamiento del ministro de Economía y el presidente del Banco República por abuso de funciones es el aval. Es posterior a eso. ¿Ahí también hubo errores?
—Sí, seguramente ahí también pudimos haber hecho las cosas de otra manera. Pero una vez más la intención fue que hubiera una salida que permitiera seguir contando con una aerolínea nacional. La verdad es que también ocurrían cosas que conducían a esas decisiones, como por ejemplo la posibilidad de tener demandas judiciales que no permitieran ni siquiera volar a los aviones. Eso ocurrió con los aviones de Pluna antes del cierre en Brasil.
—En el caso de ASSE, hubo problemas en los controles del gobierno...
—Sí, y hay que sacar enseñanzas constructivas. Hay que replantearse todo el tema de la representación de los trabajadores en la dirección de estas instituciones. Replantearlo en el sentido de hacerlo representativo de los trabajadores y no meramente una delegación de uno o varios sindicatos. Esto también tiene que ver con el control de la calidad del gasto. Tiene que haber compromisos de gestión y evaluaciones y los controles tienen que ser mejores en toda la administración pública.