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Hay músicos que se destacan en su instrumento y son relevantes por ello. Otros son carismáticos y, pese a no ser especialmente buenos técnicamente, terminan siendo relevantes debido a su carácter o a su forma de exponer su obra. Otros, una minoría, son capaces de conjugar ambos aspectos y logran ser relevantes tanto en su técnica instrumental como en su forma de presentarse en público. Taylor Hawkins, el recién fallecido baterista de los Foo Fighters, era justamente uno de esos pocos.
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Nacido en Texas hace 50 años, Hawkins era un artista llamativo tanto por sus excelencias en la batería como por su evidente pasión a la hora de interpretar su arte. A la desbordante alegría que mostraba en los shows, a lo exuberante de su forma de tocar y entender el instrumento, sumaba ser un artista agradecido, que estaba siempre dispuesto a reconocer sus influencias musicales desde la perspectiva de un fan adolescente. Entre sus referentes más evidentes (y reconocidos) estaban Stewart Copeland, baterista de The Police, y Roger Taylor, baterista de Queen.
Es conocida la anécdota según la cual el líder de los Foo Fighters, Dave Grohl (él mismo un baterista excelente y único), vio a Hawkins tocando en la gira del disco Jagged Little Pill de Alanis Morisette, allá por 1997, y decidió al instante que ese tenía que ser el baterista de su banda. Ese mismo año Hawkins grabó tres canciones para el disco The Colour and the Shape y apareció en el muy divertido video del tema Everlong, dirigido por Michel Gondry, vestido de mujer y haciendo de indefensa novia de Grohl. A partir de ahí, sería el baterista de los siguientes ocho discos de los Foo Fighters y en cada uno de ellos iría elevando las cotas de su calidad como artista. De hecho, a partir del disco In Your Honor, de 2005, Hawkins también cantaría y tocaría la guitarra en las sesiones de estudio. “Cuando tienes a un baterista como Taylor Hawkins en tu banda, no extraño necesariamente ser el baterista, porque tengo al mejor baterista del mundo”, dijo alguna vez David Grohl.
El 25 de marzo, se sintió mal al irse a su habitación en el hotel en el que se alojaba en Bogotá, Colombia, en donde iban a tocar los Foo Fighters en el marco de su gira por Latinoamérica. Para cuando llegó la ayuda médica, ya estaba muerto. Según informes preliminares, se encontraron en su sangre rastros de varias sustancias, entre ellas THC (componente activo de la marihuana), antidepresivos tricíclicos, benzodiacepinas y opioides. Sin embargo, aún no está clara la causa de su muerte.
En una de sus letras, los también texanos Pantera cantaban: Hay una parte de mí que siempre tiene dieciséis. / Encontré el secreto de la eterna juventud. / Algunos se drogan con la vida o el dinero. / Pero hay un escape, abandoná la competencia. / Para caminar solo por el mundo no podés estar protegido. / Tu credo es el whisky, el porro y Black Sabbath. / Es condenadamente eléctrico. Hawkins no caminó solo, sino con sus compañeros de banda durante 25 años, pero sin duda esos parecen haber sido sus credos.
La fuente de su eterna juventud fueron la batería y la sensación, evidente cada vez que descargaba un golpe sobre los parches o se ponía a cantar voz en cuello las canciones de las bandas que amaba, de que no había otro lugar en el universo donde quisiera estar que no fuera ese escenario encendido donde se entregaba por completo, rockeándola al cien por ciento, por siempre condenadamente eléctrico.