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En 1970, Paul McCartney era el músico más famoso del planeta y no tenía idea de qué iba a hacer. Los Beatles habían llegado a su fin meses atrás, aunque el mundo aún no lo supiera. John Lennon anunció su retiro de la banda en setiembre de 1969, pero fue McCartney quien, al lanzar su primer disco solista en abril de 1970, lo hizo oficial. Y cargó con la culpa pública de haberlos separado.
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Paul McCartney: Hombre a la fuga, un nuevo documental estrenado en Amazon Prime Video, arranca con su protagonista ahí, en la tierra de nadie. Antes de que hubiera un plan, antes de que existiera Wings. Solo quedaban las canciones y Linda.
El documentalista Morgan Neville propone el retrato de un hombre que corre porque parar sería peor y, aunque que no sabe bien de qué está huyendo, lo intenta como le sale. La película cubre la década que va desde la ruptura hasta la muerte de Lennon en 1980 y la lleva con fluidez y un entusiasmo palpitante.
Hay, en particular, una decisión formal que define el tono. Las entrevistas actuales son solo presentadas en audio y ni McCartney ni los demás participantes aparecen en cámara hablando desde el presente. Neville no quería ver a personas en el presente hablando del pasado y el propio McCartney lo secundó. Él tampoco quería ser una persona mayor en una película de jóvenes. El resultado es una película que ocurre siempre en un mismo carril del tiempo, sin la distancia retrospectiva que suele enfriar este tipo de retratos.
Y lo que la película explicita con astucia desde el comienzo es que el peso de los Beatles no operaba en McCartney como un recuerdo, sino como una condición permanente. Cada decisión de esa década estaba definida en negativo por algo que él no podía nombrar del todo por aquel entonces. La crítica lo destruía por no ser político. El público le pedía incesantemente una reunión. La prensa lo rastreaba en su aislada granja en Escocia —la propiedad rural en Mull of Kintyre donde Paul y Linda se refugiaron tras la ruptura, intentando construir una vida lejos del centro del mundo— con teleobjetivos desde cien metros, como si fuera una criatura mítica que había que atrapar antes de que desapareciera.
Paul McCartney- Hombre a la fuga
Pero en lugar de narrar esta incomprendida etapa álbum tras álbum, el documental propone el relato de un músico que vuelve al casillero uno. Así presenta a Wings, la banda que formaría junto a Linda McCartney, nacida Eastman, desde 1971 hasta finales de los años 60, no como el proyecto de frivolidad que la crítica denunciaba, sino como una estructura de supervivencia para una familia en proceso. Así se explicará por qué Macca aparece sin aviso en universidades con una furgoneta llena de hijos y perros, o graba en su casa con una máquina de cuatro pistas, cuando nadie hacía algo así. McCartney no era un adicto al trabajo. Era, según sus propias palabras, un adicto a la música como juego.
Y Linda fue su mayor compañera a la hora de jugar. La película la presenta primero como la mujer detrás del hombre, la esposa que se incorporó a Wings porque Paul no podía separarse de ella. Esa lectura inicial es cómoda y conocida. Después, afortunadamente, la complejiza. Hasta las hijas de ambos aparecen en el documental y la redescubren como una figura con identidad propia, como una fotógrafa extraordinaria, individualista cabal y alguien que existía al lado de una de las figuras más grandes del siglo sin disolverse en ella.
Pero ese redescubrimiento no es solo testimonial. Linda tenía siempre una cámara en las manos y sus fotografías y sus videos domésticos, grabados con tecnología que muy poca gente poseía en los años 70, son la columna vertebral que hace posible la película y su naturaleza inmersiva. Sin su mirada no hay documental, en el sentido más concreto. Ella filmaba desde adentro, desde la cocina de la granja y la intimidad de una familia construyéndose a contramano de todo. La diferencia se percibe en contraste con los registros de la prensa, que filmaba desde afuera, a distancia, buscando al fugitivo.
Paul-Mc-Cartney
La década que la historia del pop trató durante mucho tiempo como un paréntesis entre dos tragedias (el fin de los Beatles y el asesinato de Lennon) resulta, vista desde acá, extraordinariamente fértil. El documental es, en parte, la historia de esa injusticia crítica y de su corrección tardía. Canciones que hoy suenan inevitables fueron destruidas en su momento por no encajar en el clima cultural de la época. Maybe I'm Amazed, Another Day, Uncle Albert/Admiral Halsey fueron masacradas. El álbum Ram entero, también. Hoy todas esas canciones y composiciones tienen una densidad y una vivacidad que el tiempo no desgastó, sino que afinó.
El documental cierra donde empezó: en la granja, en Escocia, con Linda y los hijos. Pero antes de llegar ahí atraviesa el momento más duro de toda la película. El 8 de diciembre de 1980, un periodista le pregunta a McCartney qué siente por la muerte de Lennon. La respuesta dura dos segundos. Dice que es un bajón y se va. Durante años esa imagen circuló como prueba de su frialdad, de su distancia, de que entre ellos nunca hubo una amistad real. El documental la recupera y la deja respirar. Sean Lennon, hijo de John, aparece para dar su lectura de ese momento, no para absolver a McCartney, sino para tamizar lo que se ve. Un hombre en estado de conmoción frente a una cámara que no le da ninguna salida posible.
La muerte de Lennon es presentada en la película como el verdadero golpe de madurez, el momento en que McCartney tuvo que dejar de correr. Ya no se trataba de huir de los Beatles, ni de demostrar algo con Wings, ni de esperar que la crítica dejara de masacrarlo. Después de eso, la película vuelve a la granja, a Linda, a la familia. Al final, Hombre a la fuga no es la historia de cómo Paul McCartney se convirtió en leyenda, sino de cómo encontró a las personas y la música para dejar de huir.
Embed - Paul McCartney: Man on the Run - Official Trailer | Prime Video
Para rato
El documental revive con éxito el interés por una figura de la que aún quedan costados por descubrir. No llegó sola, claro. Es una pieza central de una alianza formal entre McCartney, Universal Music Group y Amazon que incluye lanzamientos exclusivos de música, un libro sobre Wings y otros productos. El documental se estrenó en cines estadounidenses en febrero y llegó a Amazon Prime Video el mismo mes, acompañado de un álbum de banda sonora. El universo Beatles está siendo reactivado desde varios frentes al mismo tiempo y con una coordinación nada casual.
Amazon, que distribuye el documental, estrenó en marzo en cines uruguayos Proyecto Fin del Mundo, película de ciencia ficción de Phil Lord y Christopher Miller, protagonizada por Ryan Gosling, en la que una canción de Lennon y McCartney tiene un rol narrativo dentro de la historia. No es un guiño menor ni un detalle de banda sonora. Los Beatles funcionan en esa película como un anclaje emocional para un personaje que intenta recordar quién es, y es posible que, de aquí a 2028, sus canciones se vuelvan más frecuentes en otras películas.
El director inglés Sam Mendes rueda por estos días en Liverpool cuatro largometrajes simultáneos sobre los integrantes de la banda, uno por cada beatle, con estreno previsto para abril de 2028. Paul Mescal como McCartney. Harris Dickinson como Lennon. Barry Keoghan como Ringo Starr. Joseph Quinn como George Harrison. Saoirse Ronan como Linda. Es la primera vez que Apple Corps y los Beatles autorizan el uso de sus historias de vida y su música en películas de ficción, en un proyecto financiado y distribuido por Sony Pictures. La apuesta es grande, con cuatro películas estrenadas el mismo mes, lo que el propio estudio describió como la “primera experiencia cinematográfica maratonable de la historia”.
Para abril de 2028, el mundo tendrá entonces cuatro versiones ficcionalizadas, masivas e inevitablemente mitificadas de la misma historia que Neville cuenta desde el archivo. Mientras tanto, Hombre a la fuga y el brillante documental de Peter Jackson, Get Back (2021), adquieren otro valor. Son lo que precede a la ficción. La voz de McCartney antes de que Mescal la intente emular y la cara de Linda antes de que Ronan la construya. Cuando los largometrajes de Mendes existan y se instalen en la memoria colectiva, será más difícil ver esto sin el filtro de lo que vino después.