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    Confusão

    Un día más con vida, basada en la obra de Ryszard Kapuscinski
    Colaborador en la sección de Cultura

    En 1975, después de una larga guerra, Angola iniciaba el camino hacia la independencia de Portugal. El traspaso del gobierno portugués estaba fijado para el 11 de noviembre. Sin embargo, el 9 de agosto se desató una guerra civil entre las tres fracciones independentistas que se disputaban el futuro del país. Una expresión que se repetía de manera constante definía la situación que se vivía entonces: confusão. Y mientras los colonos portugueses se marchaban desesperadamente de Angola, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski estaba loco por llegar hasta allí. El reportero, que entonces trabajaba para la Agencia Polaca de Prensa (PAP), sabía que del estruendo, la sangre derramada y el caos emergería una África nueva. Quería estar ahí para contarlo. “La gente huía de Angola como se huye de la peste inminente o del aire fétido que no se ve, pero que siembra la muerte”, escribió. “Luego vendrá el viento, y la arena borrará las huellas del último hombre”.

    Historiador, ensayista, docente, traductor, fotógrafo y poeta, Kapuscinski (1937-2007) fue testigo privilegiado de grandes e importantes cambios políticos y sociales. Comprometido e idealista, recorrió el mundo como corresponsal de PAP y reportó revoluciones y revueltas, conflictos armados y golpes de Estado desde África, Asia y Latinoamérica. Cronista excepcional, es considerado un verdadero maestro y referente de periodistas. Decía Kapuscinski: “El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”.

    Además de su actividad para la PAP, también colaboró con medios como Time y The New York Times, entre otros. Fue profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel García Márquez, quien consideraba a Kapuscinski uno de los mejores cronistas del siglo XX.

    Autor de casi una veintena de títulos, entre sus obras destacadas se encuentra La guerra del fútbol y otros reportajes, donde se incluye precisamente la célebre crónica sobre el conflicto que enfrentó durante 100 horas a Honduras y a El Salvador en 1969, a raíz de los partidos que jugaron ambas selecciones nacionales en las eliminatorias del Mundial de Fútbol México 70.

    Vivió varios años en África, a donde fue por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuatro décadas, regresó cada vez que tuvo oportunidad. Y siempre evitando las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. “Prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de campesinos de la sabana tropical”, escribió en otra de sus obras fundamentales, Ébano. La independencia angoleña forma parte de Un día más con vida, otro título clave, un detallado reportaje que es también el diario de un hombre al límite de sus fuerzas, consciente de su indefensión “ante la amenaza de muerte que se cierne sobre su cabeza y sobre las cabezas de tantos angoleños, soldados y civiles”.

    El filme del español Raúl de la Fuente y el polaco Damian Nenow es un híbrido que combina animación con imágenes reales en poco más de 85 minutos. La parte animada se corresponde principalmente con la adaptación del libro homónimo en el que Kapuscinski narra lo vivido durante tres meses en la guerra civil angoleña. La animación resuelve de manera creativa y vistosa algunas secuencias de acción, que reciben un tratamiento de película de aventuras; al mismo tiempo, les permite a los directores ilustrar pensamientos y reflexiones del reportero, aportar información sobre sus inicios como periodista, su trabajo como docente e incluir algunos segmentos oníricos o poéticos (objetos y personas que flotan y se desagarran, un recurso que a veces se vuelve un poco reiterativo), que ilustran la caótica y deshilvanada realidad que se agita alrededor y también dentro del protagonista.

    Sobre todo la animación sirve para ilustrar una palabra clave en el marco contextual de la crisis angoleña: confusão. “Una palabra que lo sintetiza todo”, escribe Kapuscinski en Un día más con vida. “En Angola, tiene un significado específico y, a decir verdad, es intraducible. Simplificando mucho, confusão quiere decir desorden, desbarajuste, estado de caos y anarquía. Se trata de una situación creada por las personas, pero que, sin embargo, acaba por escaparse al control de esas personas, las cuales, finalmente, se convierten en sus víctimas”. Uno quiere hacer algo al respecto, poner orden, algo de calma, pero la propia situación lo lleva a crear más confusão, que puede adueñarse de una multitud, “ejerciendo su poder sobre ingentes masas humanas, y entonces se producirán luchas, muertes e incendios”.

    En verdad las palabras importan mucho. Aquí, ahora, en Angola, un territorio donde se enfrentan tres grupos independentistas, durante su viaje al frente, Kapuscinski y Queiroz deben elegir con mucho cuidado la palabra con la que se dirigen a un guerrillero. De esa elección depende que sigan o no con vida. Si son hombres de Agostinho Neto (del Movimiento Popular de Liberación de Angola, MPLA), que se saludan con la palabra “camarada”, se salvan. Pero si dicen “camarada” frente a hombres de Holden Roberto (del Frente Nacional de Libertação de Angola, FNLA) o de Jonas Savimbi (líder la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, UNITA), que se saludan con la palabra irmão, tendrán que cavar su propia tumba.

    Las imágenes reales son usadas principalmente para alumbrar lo que vino después de la confusão, para mostrar algunas fotografías y algunos videos de aquellos días y principalmente para presentar entrevistas a testigos de aquellos hechos, testigos que a su vez aparecen representados a través de personajes animados, como el fotógrafo Luís Alberto Ferreira (“un mulato dinámico e inquieto, sagaz y valiente”), el periodista Artur Queiroz (cronista del Diário de Luanda, escribía ocho de las 16 páginas diarias de aquel periódico) o el guerrillero Joaquim António Lopes Farrusco (el “Che Guevara africano-portugués”). Son presencias que aportan información y emoción sin efectismos.

    Hay un personaje secundario, Carlota, una guerrillera de 20 años, que está de paso, a través de la animación y de un par de fotografías, y que sin embargo deja una marca en Kapuscinski y, por lo tanto, en el corazón de la película. “Tenía un encanto indescriptible y —como nos pareció entonces— una gran belleza, aunque más tarde, cuando revelé sus fotografías, las únicas instantáneas que han quedado de ella, comprobé que no era tan bonita. Aun así, ninguno de nosotros lo expresaría con la palabra para no destruir el mito, para no destruir nuestro recuerdo de la Carlota”, escribió.

    Raúl de la Fuente, uno de los directores del filme, ha dicho que su misión fue seguir las huellas de Kapuscinski y mostrar el lado humano del periodista. “Si hay algo de lo que he aprendido de todo este proceso es que tu profesión es importante y te debes a ella, pero hay veces en las cuales tus valores personales como ser humano están por encima de lo profesional, y en este caso él rompió las reglas y códigos deontológicos de la profesión periodística para tomar partido e intentar salvar vidas”. Misión cumplida.

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