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    Consumidores desprotegidos

    Sr. Director:

    Vivimos en una sociedad desaforadamente consumista, en que los medios de difusión masiva estimulan la compra de una cantidad de objetos y servicios, no todos absolutamente necesarios para vivir vidas plenas, con el propósito de que muchos emprendedores de diversa naturaleza prosperen y supuestamente, contribuyan con la economía.

    Pero a diferencia de otros países, también consumistas, pero donde los consumidores están organizados y procuran defender sus intereses y derechos, en Uruguay parece haber una total libertad para invadir nuestros hogares y presionar para que se compren cosas o contraten servicios por medio de propaganda en muchos casos engañosa, sin que nadie diga nada al respecto.

    Para dar algunos ejemplos, en los casos de préstamos de dinero, se insiste a veces en el bajo monto de la cuota a pagar o el gran número de cuotas, pero en ningún caso se dice o se permite calcular en el aviso, cuánto será el monto final a pagar por el consumidor, con lo que quien acepta la propuesta recién se entera al hacer el trámite, si es que procuran obtener esa información.

    Resulta preocupante que el gobierno no haga nada para estimular el ahorro en los compatriotas, única fuente real de seguridad ante eventualidades, ya que el permanente endeudamiento genera estrés y a la larga afecta la salud y la calidad de vida.

    Por ningún lado jamás vemos campañas publicitarias oficiales de largo aliento en los medios que intenten persuadir al público de que el ahorro y no la satisfacción inmediata de supuestas necesidades, algunas reales y otras inventadas, es el camino para una vida sana y feliz.

    Me refiero a propaganda hábil, convincente, bien actuada y concebida, que muestre los beneficios de ahorrar y los múltiples perjuicios de endeudarse.

    En muchos casos anunciantes faltan descaradamente a la verdad sin que nadie ponga coto a esos abusos, en muchos casos anuncian ofrecer “regalos” a los consumidores que no son tales, pues están incluidos en los precios que cobran.

    Otros se aprovechan de quienes son vulnerables por estar inclinados a las compras compulsivas y con avisos de venta agresivos explotan ese mercado, ofreciendo a veces productos de dudosa calidad a precios inflados.

    Recuerdo que en una oportunidad vendían con esas tácticas una máquina portátil de afeitar que se asemejaba mucho a una en mi posesión. Me puse en contacto con esa firma y verifiqué que era el mismo producto con un precio “especial” de venta de 75 dólares. Yo la había comprado poco antes durante un vuelo de una aerolínea por 20 dólares.

    Durante mi residencia en Canadá grupos de consumidores idearon un sistema para defenderse de proveedores poco éticos con la colaboración de periódicos que ponían los intereses de la gente por encima de posibles pérdidas de avisadores.

    El sistema funcionaba así: con la presencia de un escribano, un experto rompía algo en un producto (electrodomésticos, automóviles, etc.) y luego lo llevaban a numerosas firmas que los reparaban cobrando ciertas sumas.

    Luego todo se publicaba en la prensa, dando nombre y dirección de cada firma involucrada, con lo que los consumidores eran alertados de los numerosos casos de abusos.

    Esto podría fácilmente extenderse a otras propuestas comerciales muy extendidas en nuestro país, con el consiguiente beneficio para los consumidores.

    Lamentablemente, dudo de que ningún medio de prensa publique algo similar en Uruguay, no por temor a repercusiones legales, pues estarían cubiertos por las precauciones tomadas, sino por el muy probable temor a perder avisadores, lo que ponen por encima del interés público.

    Este es un tema en que, como tantos otros, nuestro país está muy atrasado, sin que nadie parezca preocuparse por defender a los más débiles en estos casos.

    Juan José Castillos