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    Creer, saber, confiar

    Sr. Director:

    Un individuo solo hace caso a lo que cree, a las creencias que posee, que no son otra cosa que “hábitos del pensamiento” (Bachrach, Estanislao, 2021, En el limbo, Penguin Random House Grupo Editorial, pág. 62). Si crees que un amigo es bueno, tu cerebro buscará todo tipo de argumentos para demostrar que tienes razón. El cerebro ama tener razón, incluso a veces más que ser feliz. Por tanto, las creencias determinan lo que es verdad o fantasía para una persona. Entonces una persona a partir de sus creencias “crea su realidad”.

    Al tomar una decisión, además de ejecutar la opción elegida, el cerebro genera una creencia. Es lo que percibimos como confianza o convicción en lo que hacemos. Todos alguna vez confiamos ciegamente en una decisión tomada y que luego resultó equivocada. O al revés, en muchas situaciones se actúa sin convicción frente a una opción cuando se tiene toda la información que debe insuflar confianza. ¿Cómo se construye la confianza?, ¿por qué existen personas hasta con exceso de confianza y otras que viven dudando?

    El estudio científico de la confianza abre una ventana a la subjetividad, pues resulta un estudio de las creencias privadas (Sigman, Mariano, 2015, La vida secreta de la mente, 7ª ed., Buenos Aires, Debate, pág. 84). Este hecho pragmáticamente define nuestro “modo de ser” y su forma más sencilla de estudiarlo es observando la capacidad de apostar de la gente (“más vale pájaro en mano que cien volando”).

    1. Huella digital. La forma que cada persona construye su confianza es como una huella digital. En algunos se expresa con matices intermedios, mientras otros presentan datos extremos de duda o convicción. Alguien con un sistema preciso de confianza sabe juzgar bien su propio conocimiento y sabe cuándo apostar y cuándo no. La confianza es una ventana al propio conocimiento. La precisión del sistema de confianza es un rasgo personal similar a la altura o el color de los ojos. A diferencia de estos rasgos físicos, hay margen para cambiar y modificar esta huella del pensamiento. Esta viene dada por la estructura anatómica del cerebro. Quienes poseen sistemas de confianza más precisos tienen una mayor cantidad de conexiones —medidas en densidad de axones— en la región de la corteza frontal lateral llamada área de Broadmann 10 o BA 10 (Sigman, Mariano, 2015, op. cit., pág. 86). Además, quienes tienen un sistema de confianza más preciso organizan la actividad cerebral de manera que la región BA 10 se conecta más eficientemente con otras estructuras corticales del cerebro. Esta diferencia en la actividad cerebral entre quienes tienen un sistema preciso de confianza y quienes no se observa solo cuando una persona lleva la atención hacia su mundo interno —por ejemplo concentrándose en su respiración— y no cuando su atención está focalizada en el mundo externo. Esto establece un puente entre dos variables: la calidad de la confianza y el conocimiento de nuestro cuerpo. Ambas coinciden en dirigir la mirada al mundo interior. Por tanto, la manera natural de mejorar nuestro sistema de confianza es aprender a observar y focalizarnos en nuestro propio cuerpo.

    2. La naturaleza del optimista. La confianza no es una condición exclusiva de las decisiones propias. El equilibrio entre la duda y la certeza también se aplica a un partido de fútbol, un acto electoral o el clima. O sea, a todo lo que puede ocurrir en un futuro incierto. Esto define a la gente como optimista o pesimista. El optimismo es nada más y nada menos que una obstinación que sobrevive a la evidencia en contra que se recibe a diario. Parte de esto es obra del olvido selectivo que todos experimentan.

    Cada vez que se descubre un conocimiento deseable o beneficioso, se activa un grupo de neuronas en una región de la corteza prefrontal izquierda llamada “giro frontal inferior”. Por el contrario, cuando la información que se recibe es tóxica, se activa otra región homólaga del hemisferio derecho. Entre estas regiones cerebrales, se establece un balance de las buenas y las malas noticias. Pero esta balanza tiene dos trampas, la primera es que siempre pondera mejor las buenas noticias (crea una tendencia al optimismo) y la segunda es que el sesgo de la balanza cambia en cada individuo y revela la maquinaria del optimismo.

    La activación de las neuronas del giro frontal del hemisferio izquierdo es similar en todas las personas cuando se descubre que el mundo es mejor de lo que se piensa. En cambio, la activación del giro frontal del hemisferio derecho varía de un individuo a otro. En las personas más optimistas, esta activación es más atenuada, como que no se percibieran las malas noticias. En los más pesimistas, sucede lo opuesto, la activación se amplifica, acentúa y multiplica la información negativa. Aquí se encuentra la receta “biológica” que separa a los optimistas de los pesimistas: sus mayores posibilidades de ignorar y olvidar lo malo y no su capacidad de valorar lo bueno (Sigman, Mariano, 2015, op. cit., pág. 89).

    3. “¿Sabías que a tu cerebro no le importa si algo es realidad o fantasía?”. Las creencias en su mayoría y con fuerza se originan durante la niñez. A medida que se crece, se remodelan, se mantienen o cambian. Lo relevante es que tus creencias están representadas en tu cerebro físicamente, por muy fuertes conexiones sinápticas, que al formarse tempranamente se constituyen en verdaderos “cables de acero”, que constituyen tu “forma de pensar”. Ellas son las que te hacen sentir mal o incómodo frente a determinadas situaciones, y no las situaciones en sí mismas. Tus creencias, tu forma de pensar son parte de tus experiencias pasadas, todo aquello que te sucedió en la vida, influyen en tu forma de interpretar y de dar sentido y significado a las circunstancias y hechos que te ocurren.

    Son siempre tus creencias las que le dicen a tu cerebro qué es verdad y qué es fantasía, o sea, qué es verdad para ti (Bachrach, Estanislao, 2021, op. cit., pág. 27). Tu cerebro emplea conceptos que le brindan sentido a todas las señales que está recibiendo, de dónde vienen, cuál es su relación con el mundo y cómo actuar frente a eso. Dichas percepciones son tan vívidas e inmediatas que se cree que uno experimenta el mundo tal cual es y lo que en realidad se experimenta es el mundo de acuerdo a tus propias construcciones. Mucho de lo que se experimenta del mundo exterior comienza dentro de tu cabeza (Bachrach, Estanislao, 2021, op. cit., pág. 152). Cuando estás realmente enfocado, tu cerebro no distingue entre tu mundo interno de la mente y tu ambiente externo (Bachrach, Estanislao, 2021. op. cit., pág. 489).

    4. “¿Qué enseñanzas se recogen de esta información?”. Existe un puente entre dos variables: la calidad de la confianza y el conocimiento de nuestro cuerpo. Ambas coinciden en dirigir la mirada al mundo interior. Por tanto, la manera natural de mejorar nuestro sistema de confianza es aprender a observar y focalizarnos en nuestro propio cuerpo.

    En las personas más optimistas, la activación del giro frontal del hemisferio derecho es más atenuada, como que no se percibieran las malas noticias.

    Al tomar una decisión optimista, el cerebro genera una creencia. Es lo que percibimos como confianza o convicción en lo que hacemos y se genera un círculo virtuoso en la vida del individuo.

    Todo arranca cultivando la atención, en prácticas conocidas comúnmente como meditación (“espiritualidades contemplativas explícitas”). La meditación suele asociarse a religión y a misticismo, pero la meditación es cualquier método de observación directa de nuestra propia mente (Harari, Yuval Noah, 2018, 21 lecciones para el siglo XXI, Editorial Sudamericana Uruguaya S. A., pág. 342). Hay cantidad de información controlada de laboratorio y de campo que ha demostrado que esta práctica tiene múltiples consecuencias positivas sobre la felicidad y las emociones positivas de las personas, sobre la fisiología, el estrés, la capacidad cognitiva y la salud física. Al cabo de ocho semanas, se percibe un incremento de la actividad de la corteza prefrontal izquierda con respecto a la derecha (Lyubomirsky, Sonja, 2008, La ciencia de la felicidad, Ediciones Urano S. A., pág. 272).

    5. El reino de Bután. Bután fue el primer país del mundo en cambiar la tradicional medición del Producto Interno Bruto (PIB) por el de Felicidad Nacional Bruta (FNB), innovador concepto que actualmente tiene al país como el más feliz de Asia y que incluso la agenda de la ONU tomó como la nueva fórmula para medir el bienestar de los pueblos. Según los resultados que tenga esa medición, el gobierno ajusta sus políticas públicas. A modo de ejemplo, como la encuesta registró el deseo de una gran cantidad de habitantes de tener una vida mentalmente más relajada, tras realizar diversos estudios, el Ejecutivo se convenció de que la meditación podría ser un gran factor protector de la salud mental de las personas. Por eso Bután la incorporó dentro de su malla curricular escolar como una forma de hacer frente al estrés y la depresión.

    6. ¿Conoce a alguien que se suicidó de felicidad? La Psic. Sonja Lyubomirsky (doctora en Psicología Social y de la Personalidad por la Universidad de Stanford, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California) presentó un método científico probado para conseguir la felicidad (Lyubomirsky, Sonja, 2008, op. cit).

    La felicidad no es una meta a la que llegar, sino un estado emocional que cultivar: “Conlleva trabajo y esfuerzo como cualquier cosa que queramos conseguir en la vida”. Un 50% del nivel de felicidad en una persona está determinado genéticamente, un 10% depende de la situación y circunstancias de la vida, y el 40% restante está sujeto a nuestro control. ¿Por qué no aprovecharlo a nuestro favor en los tiempos que corren? (Sonja Lyubomirsky).

    “La felicidad conlleva trabajo, como todo lo que importa en la vida, si quieres criar hijos exitosos, si quieres tener éxito en tu carrera, si quieres perder peso… Conseguir todo esto conlleva un trabajo, y la felicidad no es distinta. Mis estudios y los de otras personas muestran que todos podemos ser más felices si practicamos ciertas estrategias o actividades deliberadamente y con esfuerzo. Menciono ya algunas de ellas: cuando somos agradecidos, cuando somos amables, cuando disfrutamos de las cosas buenas, cuando hacemos ejercicio, cuando perseguimos nuestras metas, todo esto nos puede hacer más felices, pero son cosas deliberadas en las que hay que esforzarse. Lo bueno es que al principio puede que sea un esfuerzo y, quizás, incluso poco natural hacer todo esto, pero tras un tiempo se convierten en lo habitual, en hábitos, y cada vez es más fácil hacerlas”. Tras más de 30 años de investigación, Lyubomirsky demuestra que aquello que anhelamos casi nunca nos hace felices cuando lo conseguimos y que, en cambio, las adversidades a menudo contribuyen a nuestra felicidad, haciéndonos evolucionar, apreciar las cosas buenas y desarrollar nuestra creatividad.

    Coincidentemente con lo ocurrido en el reino de Bután, Sonja Lyubomirsky propone tener una espiritualidad contemplativa, conocida como meditación (mindfulness), que produce verdadera felicidad porque provoca un estado de conciencia y distanciamiento (Lyubomirsky, Sonja, 2008, La ciencia de la felicidad, Ediciones Urano S. A., pág. 271).

    En Uruguay, que “la tasa de suicidio duplica el promedio mundial y es la más alta de las Américas”, es una medida que las autoridades uruguayas deben considerar.

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8