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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos uruguayos que se han dejado arriar hacia el enfermizo estado de negación ya deben haber sobrepasado su capacidad para mantenerse bajo tal irrealidad. Quienes aún no hayan reaccionado… deben estar perdidamente enfermos de indiferencia.
Ese estado de negación es el que los ha mantenido en la creencia de que solo sus propios voceros dicen la verdad… y que solo ellos “se las saben todas”. Ese estado de irresponsabilidad es el que los mantendrá —hasta que el cielo se les caiga encima— creyéndose inocentes de las pérdidas y catástrofes que ocasionaron, ocasionan, y ocasionarán. Hablamos de la involución y de las carencias en la Enseñanza, hablamos de la corrupción infiltrada en estos gobiernos frentistas, y hablamos del amor a los plásticos que define al izquierdista planeticida. Estos adherentes parecen ignorar que son manipulados por quienes adoran vivir en el caos-man-made, y que es hacia allí que los arrastran pues esa es su creencia: “El caos es la mejor forma de vida”.
Pensamos que esta izquierda uruguaya, a pesar de su notoria insensibilidad proyectiva, debe estar presintiendo que ya le queda poco tiempo para robar y estafar a los uruguayos honrados de forma cuasianónima por ser su estilo “masivo, y en nombre del Estado”. ¡Vemos que están acelerando el paso, y ahora acopian… al ritmo de millones de dólares de un solo zarpazo! Esto es, realmente, un porcentaje mucho mayor que aquel que lograron asaltando y robando durante su carnaval guerrillero. Es que aquello fue práctica, y de ahí sacaron el know-how del asunto. Y así, continúan horadando al país, todavía un poco más desde el Frente —mientras les convenga— disfrutando de su vivaz des-concierto interno ese caos partidario que no tiene ni pizca de relación con aquel que “se supone anterior a la ordenación del Cosmos.” Cuando hayan terminado con el pasaje de la aspiradora de dólares… otra vez, le dejarán los restos al siguiente restaurador.
Este estilo de saqueo cuya cortina modifican a diario, solamente puede tener lógica dentro de las mentes enfermizas de los que odian la paz pues ya lograron degradar su concepto al de “silencio cementérico”. Desconocen el principio básico de la democracia: “Se necesita paz honrosa para aprender, y avanzar”. Para ellos “la paz” es un estado de inacción y de estupidez humana, y nada más. Y la honradez para ellos “no existe… porque como todos somos iguales, y nosotros no la practicamos, los demás tampoco”. Si no se me cree, constriñan a alguno de sus líderes, denle bastante azúcar norteña y carne roja por unos días y lo va a confesar.
Probablemente cuando lo confiese ya no haya nada que puedan hacer los uruguayos demócratas con los jirones de país que estos abusadores vuelvan a dejar. Claro que no hablamos de los dependientes estatales, y de los nuevos ricos y acomodados por el partido. Ellos si irán a sus milagrosamente adquiridas estancias y/u hoteles, y rellenarán sus cuentas suizas, o marcarán el reloj de entrada donde corresponda y… esperarán la oportunidad de otros saqueos, en otras coyunturas, que les permitan ¡otra vez! alimentar a su dragón favorito: el caos-armado-por-la-izquierda-astuta.
Ellos son guerrilleros-de-alma, por tanto son antidemócratas pues los demócratas apostamos a la buena educación… en paz. Y en una paz honrosa. No hay demócrata que adore el caos-man-made, el desorden y la falta de respeto como lo adora cualquier terrorista. El terrorista le da de comer al caos, lo disfruta, lo provoca y lo paladea. Se le nota en la mueca irónica cuando está entre sus pares. Cualquiera lo puede reconocer —a no ser que esté enfermo del mismo terrorismo, de la misma ironía y ansias de poder, igual que él… y se haga el ciego.
En breve. La proyección “civilizada” del movimiento tupamaro de medio siglo atrás —el Frente Amplio— nos ha desbarrancado, nuevamente, y nos ha sumergido en la inseguridad ciudadana aprobada por el Estado, en la desconfianza de la palabra dada por el honesto, en la validez de la astucia sobre la honradez, en la indiferencia del acomodado a costa de todos los demás, en la viveza de la expoliación anónima desde “el Estado”, en el delirio de acelerar la destrucción planetaria y territorial extrayendo petróleo desde campos fértiles y playas limpias ¡¡en el 2016!!, en el cinismo del que se sabe cuentero… pero logra hacer creer que él es un sano idealista. Ni sano ni idealista.
Farfullero, enredador, tramposo, impostor, estafador, hombre de lengua bífida, ladrón, criminal… hay tantos otros términos con los cuales describirlo, pero ni sano ni idealista. No puede tener sana la mente quien apuesta, intenta, intenta e intenta… destruir una sociedad hasta llevarla a su imagen y semejanza. Y no puede llamarse idealista a un animal tan terrícola como quien adora el petróleo.
No se necesitan nombres, ¿verdad?
Ana Casco Taruselli
CI 943.390-1