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    Crujen los cimientos de la democracia

    N° 1995 - 15 al 21 de Noviembre de 2018

    En forma casi permanente se conocen episodios o realidades, con origen en distintos partidos políticos, realmente preocupantes y poco edificantes, que parecen transmitir la sensación de que sus involucrados no tienen empacho ni cuidado en agredir y ofender la sensibilidad de los ciudadanos.

    Como todos ellos son políticos y hay que asumir que quieren lograr buenos resultados en la próxima contienda electoral, la difícil interpretación de este fenómeno pasa, necesariamente, por suponer que tienen poco respeto por esos ciudadanos o que desprecian su capacidad para discernir sobre lo que está bien y lo que está mal. Se pone de manifiesto, de esa forma, que algunos políticos están alejados de la realidad y que no saben leer —o interpretar— el sentir de la gente, ya que no terminan de entender que, a esta altura, muchos están hartos y desprecian sus actitudes y formas de actuación, lo que conlleva, inevitablemente, un debilitamiento de los valores y principios democráticos.

    Uno de los episodios al respecto se dio la semana pasada cuando la emisión del programa Santo y Seña, de Canal 4, permitió conocer con detalle las graves irregularidades que rodean a la empresa Envidrio, uno de los niños mimados del famoso y nefasto Fondes (“una vela al socialismo”) que creara en su momento el presidente José Mujica. No solo esta empresa ha recibido del Estado uruguayo —sin criterios técnicos o lógicos que lo justifiquen— varias decenas de millones de dólares que ya se consideran incobrables, sino que según la denuncia de algunos de sus propios trabajadores, también los conmina —aparentemente hasta con malos tratos— a trabajar en negro para evadir el pago de impuestos o aportes, a trabajar cuando están amparados al “seguro de paro” y a no desarrollar actividad sindical alguna. Uno de los principales referentes de la empresa —más allá del cargo que ocupe o no— es el diputado Daniel Placeres, hombre de extrema confianza de Mujica (vive en el fondo de su chacra y es diputado por el MPP), también conocido por sus casi 100 viajes a Venezuela, que fue grabado en una asamblea de la empresa realizada en agosto de este año, aceptando —y de alguna forma avalando— que los trabajadores en “seguro de paro” hicieran “changas” pagas.

    Si bien lo informado sobre la empresa compañera —que es una muestra más de todo el daño que hizo Mujica con su supuesta bondad y solidaridad— es tremendamente grave y descalificante, peor aún fueron las explicaciones que dieron el mismo Mujica y Placeres sobre la realidad de Envidrio, exponiendo justificativos inadmisibles y hasta ofensivos para los trabajadores de este país. Desde que lo que hacían no era trabajar sino “remendar” y hacer “mantenimiento”, hasta señalar que su actividad respondía al cumplimiento de “horas solidarias”. Sería bueno repasar el Derecho Laboral en busca de los principios que puedan justificar esas explicaciones, así como pensar qué se diría por buena parte del Frente Amplio —y del PIT-CNT— si fueran empresas privadas normales y no creadas, subsidiadas y manejadas por los amigos de Mujica, quienes impusieran esas prácticas. También sería imperioso revisar si Placeres como legislador, quien siempre sugirió las múltiples prórrogas del “seguro de paro” que han beneficiado a Envidrio y tiene tres familiares trabajando en la empresa, puede ser el gestor de esas iniciativas y votar las resoluciones respectivas sin desconocer lo previsto en el artículo 124 de la Constitución.

    Lo de Envidrio es, en definitiva, una clara demostración de que en el Uruguay del Frente Amplio existe claramente una casta de privilegiados vinculados a Mujica y al MPP que pueden hacer lo que quieran, al margen de la ley y hasta de cualquier imperativo ético que se quiera invocar. Este país populista y pseudoprogresista, donde se denuncia al de enfrente pero se cobija al compañero, amigo o socio encubierto, es una de las muestras más evidentes de ese relativismo moral que destruye y deteriora el entramado social y afecta —seriamente— todos los valores y principios que se deben respetar en una sociedad sana y realmente solidaria. La realidad de Envidrio y las insultantes explicaciones de Mujica y Placeres son sin duda una de esas “cachetadas” que reciben —cada tanto— los ciudadanos uruguayos de políticos que no asumen que, con esas actitudes, están cansando a todos y generando un desprecio que será difícil de revertir.

    Otro de los episodios referidos al comienzo de este artículo se dio también la semana pasada, cuando en la Cámara de Diputados, el Frente Amplio, a pesar de que no contó con el voto del “diputado rebelde” Darío Pérez, consiguió igual hacer mayoría para votar en contra de que se eleve el informe de la comisión investigadora sobre la regasificadora a la Justicia penal y, a la vez, para imponer reserva sobre los informes y pruebas manejados por esa comisión. Para que ese resultado fuera posible, fue necesaria la sorpresiva e incomprensible “claudicación” de tres diputados que pertenecen a diversos partidos de la oposición (uno al Partido de la Gente y dos al Partido Nacional), quienes no estaban en sala al momento de votar y no convocaron a sus suplentes respectivos. Si esos tres diputados hubiesen estado en sala y votado la posición de sus respectivos partidos, la definición hubiese sido la contraria.

    La posición del Frente Amplio ya es conocida y reiterada. Por más que existan indicios y situaciones sugestivas que sería sano y conveniente someter a la Justicia penal para descartar irregularidades cuya sola sospecha lesiona la necesaria transparencia que se debe imponer en el manejo de los negocios públicos, siempre actúa en forma corporativa, cobijando y protegiendo a sus “compañeros”, negándose, en actitud cómplice, a investigar cosas que no están claras, en este caso —otra vez— con relación a otro gran negocio de Mujica que terminará con pérdidas millonarias. Una forma de luchar por la honestidad y la decencia en el manejo de la cosa pública muy particular, que quizás también explique por qué siguen apoyando, sin restricciones, a los Kirchner, a Maduro, a Lula, a Dilma, y a cuanto bandido anda dando vueltas por la región.

    Lo que pasó con los tres diputados de partidos de la oposición todavía se está por conocer en momentos en que escribo esta columna, pero salvo que se invoquen razones de fuerza mayor o impedimentos personales graves e insuperables, nada puede justificar una falta como la cometida, desatendiendo una votación trascendente, cuando se sabía que el Frente Amplio tenía su mayoría en duda. Quienes no supieron interpretar la importancia y la trascendencia de esa instancia, no merecen ejercer la alta investidura que ostentan. Faltar como en la “escuela”, sin avisar y sin convocar a sus suplentes, es para el “campito” pero no para el Parlamento. Los ciudadanos —y la democracia— merecemos respeto.

    Es muy claro y cierto que no se puede generalizar y que hay muchos políticos que trabajan con esmero para dignificar su actividad, pero estos episodios, que son realmente graves, perjudican a todo el sistema y suman descrédito y desprestigio para los políticos. Con esa realidad, inevitablemente, crujen los cimientos de la democracia.