Cruzando el paraíso, crepúsculos y casetes mediante

El cantautor estadounidense Kevin Morby, heredero del canto ceremonial de Leonard Cohen y la introspección lírica de Lou Reed, publicó su sexto álbum en solitario, Sundowner, una oda al Medio Oeste

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Nº 2106 - 14 al 20 de Enero de 2021

entrevista de Pablo Staricco

Kevin Morby se comprometió con la ruta a sus 20 años.

Una década atrás, el sueño americano del músico incipiente de Kansas City era triunfar en Nueva York. Lo hizo, paso a paso y a su medida. Noches de vino mirando las luces de Manhattan desde Brooklyn; noches de rock detrás de un bajo en la banda de folk-rock Woods y noches de dolor con su mejor amigo Jaime, un adicto a la heroína sin remedio.

Jaime murió de una sobredosis en noviembre de 2008, un día después de que Barack Obama fuera elegido como presidente de Estados Unidos. Morby no pudo asistir al entierro. Emprendió, en cambio, su primera gira como músico fuera del país en Europa.

Una década, dos bandas, seis álbumes publicados como solista y una base de seguidores en constante crecimiento después, Morby considera la despedida de Jaime como su ingreso indefectible a “el Túnel”, la vida en la carretera, ese lugar donde conviven y habitan las drogas gratis, el jetlag, las comidas exóticas, la policía fronteriza y el amor del público hacia la música.

Qué sucede, sin embargo, cuando una pandemia bloquea el acceso al Túnel.

En el caso de Morby, fue la excusa perfecta para publicar su último álbum, Sundowner. Inspirado en la región del Medio Oeste de los Estados Unidos, está repleto de paisajes áridos, noches rurales y canciones donde habitan los amigos que se despidieron antes de tiempo y los amores que celebran sus primeras bienvenidas. Morby establece una vez más sus construcciones de trances guitarreados, escenarios narrativos que podrían estar en una novela de Sam Shepard y un encanto simplemente instantáneo.

Como resultado de una domesticidad obligada, Sundowner también encuentra a Morby en una quietud que anhelaba desde hace tiempo y que lo mantuvo ocupado en otros aspectos de su vida. El año estuvo cargado de conciertos virtuales, atender su jardín, mirar el cine de Terrence Malick y Alfred Hitchcock y convivir junto a su pareja, la cantautora folk Katie Crutchfield.

Este diálogo con Búsqueda, su primera entrevista a un medio rioplatense, lo hizo, irónicamente, durante un nuevo viaje. El compromiso con la ruta es de por vida.

—Has descrito tu estilo de vida cíclico como un músico constantemente de gira como “el Túnel”. ¿En qué momento fuera de él te encontrás ahora?

—Me estoy tomando unas pequeñas vacaciones. Mi disco, Sundowner, acaba de salir hace unos meses, pero no pude presentarlo en vivo con público. Decidí fingir que estoy de gira, así que estoy en Memphis. Hoy voy a ir a Tupelo, Mississippi, donde nació Elvis Presley.

—¿Estás haciendo el viaje solo o acompañado?

—No, estoy solo. Katie (Crutchfield) está en nuestra casa. Estoy trabajando en canciones nuevas, ella está trabajando en canciones nuevas, así que nos estamos dando el espacio uno al otro. Por eso decidí tomarme este tiempo para hacer este viaje en carretera.

—¿Qué escalas vas a hacer en esta pequeña aventura?

—Voy a ver la casa donde nació Elvis, que es una pequeña choza, y mañana iré al cruce de caminos en el que Robert Johnson vendió su alma. Me emociona hacer estas cosas.

—¿De dónde se origina tu interés por Elvis Presley y el blues?

—Desde que era adolescente. Escuchaba a Robert Johnson de joven y más recientemente llegué a Elvis. Para mí siempre había sido como “música de Navidad”, durante muchos años, como los Beatles. Pero una vez que te metés en su historia es realmente fascinante.

—¿Qué etapa musical de Elvis es la que te atrae?

—Los principios. Eso es lo que realmente me interesa. De alguna forma, él fue la primera persona famosa. Y eso me parece una historia increíble.

—Tenías la idea de lanzar Sundowner, tu sexto álbum, más adelante. ¿Qué cambió esos planes?

—La pandemia. Se suponía que iba a estar de gira durante todo el año, pero obviamente cuando empezó la cuarentena todo se canceló. Después me encontré ante un año sin nada para hacer, con nada en mi calendario, así que me pareció el momento perfecto para terminar el disco y lanzarlo. Además se suponía que iba a significar un lanzamiento completamente diferente para mí porque lo había grabado hace un tiempo y no suelo tener tanta distancia con mi obra. Tiene que ver con el aislamiento, por lo que parecía el momento perfecto para publicarlo.

—¿Creés que aislamiento es una mala palabra hoy en día?

—No creo que sea algo necesariamente negativo. Es como cuando la gente dice que estar solo no quiere decir que uno tenga que sentirse solo. El aislamiento es bueno especialmente para las personas en nuestra sociedad, donde las cosas se mueven tan rápido y hay tantos estímulos todo el tiempo. Está bueno revisarse cada tanto y tomarse tiempo para uno, siempre y cuando se decida gastar ese tiempo sabiamente. Obviamente no querés estar aislado para siempre, pero creo que los seres humanos necesitamos momentos para sentirnos así.

—¿Podrías contarme qué es exactamente un sundowner? No creo que tengamos una palabra así en español...

—¡Interesante! Para mí, hay muchas definiciones diferentes. Lo que el álbum está tratando de representar es a alguien que siente cierto conjunto de emociones alrededor de la puesta de sol.

—Leí reseñas que describen a Sundowner como un disco más minimalista en comparación con tu trabajo anterior, Oh My God. Para mí, cuando pienso en la imaginería propuesta por las letras y sonidos del disco, lo siento en cambio como una obra más abierta, un reflejo de esos paisajes y emociones del Medio Oeste que construís.

—Gracias, es un buen punto. Era algo que estaba buscando definitivamente. Quería representar el Medio Oeste y cómo se sienten los espacios abiertos de la Middle America (nombre informal otorgado a la región central y rural de Estados Unidos) porque mucha gente nunca ha estado ahí y su idea de Estados Unidos es la de una ciudad como Nueva York, San Francisco, Los Ángeles o Miami. La gente habla de Kansas como un estado en el que solo pasás en avión, así que sentí que era mi deber poner a Kansas en un sonido y parte de ese sonido representaría sus espacios. Quería usar el espacio como una suerte de instrumento en el disco y que actuara de manera tan importante como lo haría una guitarra o la batería.

—El álbum tuvo su origen en un portaestudio Tascam de cuatro pistas. ¿Qué recordás de la exploración musical que te proveía esa grabadora?

—Se la compré por capricho a un viejo amigo mío. Estaba emocionado de tener una especie de pasatiempo al no tener nada que hacer, así que simplemente lo compré sin otra razón más allá de tener algo nuevo que aprender e incorporar algunas técnicas básicas de grabación. Cuando lo conseguí, estaba tan hipnotizado e influenciado por la habilidad de entrar en esta máquina y salir sonando como una versión diferente de mí mismo, que inspiró rápidamente todas estas canciones. Todavía lo tengo. De hecho, compré otro portaestudio, así que tengo dos y trabajo con ellos todo el tiempo. Me encantan.

—¿Planeás publicar los demos de esas primeras versiones?

—Sí, en algún momento. Capaz lo publiquemos en un cassette o algo así.

—¿Ejecutar una instrumentación reducida te ayudó a concebir esa apertura de espacios que me mencionabas?

—Creo que el disco tiene algo de eso y era lo que buscaba con las imágenes y sus sonidos. Realmente espero que evoque la sensación de lo maravilloso de la naturaleza, que no tiene que ser necesariamente del Medio Oeste de Estados Unidos. Puede ser cualquier espacio rural que uno recuerde. Pero sí, solo quería poner esos sentimientos en canciones.

—¿Cómo te sentís respecto a vivir en la ciudad en la que te criaste, Kansas City, después de haber vivido en dos polos tan atareados para la industria musical como Nueva York y Los Ángeles?

—Me siento bien al respecto. Como la ciudad natal de cualquiera: no se elige, siempre estuvo ahí. Pero decidí mudarme y ahora puedo verla más por su belleza que antes, cuando estaba creciendo acá. Especialmente durante la pandemia. Como artista, además, es asequible y me permite tener una casa. Puedo vivir cómodamente y darme tiempo para trabajar en mi música. Estoy muy agradecido por eso. Hay espacio y la gente es amable, así que es un buen lugar.

—¿Has pensado en la idea de qué hace que un lugar se convierta finalmente en un hogar?

—Son las cosas que como músicos siempre quisimos hacer pero nunca tuvimos tiempo de hacer. Como la jardinería. Estaba de gira en la carretera y pensaba en cosas como: “Un día, cuando tenga 50 años, voy a tener un jardín, ir a nadar, salir a correr y conectar con mi cuerpo”. Con la cuarentena pude hacer todo eso, pero a los 32.

—Vi en tu redes sociales que este año también retomaste un pasatiempo bastante atípico: el uso de nunchakus.

(Risas) Eso es solo un producto del aburrimiento total de la cuarentena. No lo había practicado desde que era niño y sí, ha sido divertido. De hecho, lo encuentro muy meditativo.

—Siento que en tus videos cada vez más hay una ambición “cinematográfica” al momento de trasladar tus canciones a ese lenguaje. ¿Qué has estado viendo últimamente?

—Muchas películas, pero en casa principalmente estamos atravesando una etapa de Hitchcock que ha sido muy divertida porque nunca había visto sus películas.

—¿Qué opinás de Vértigo?

Todavía no vimos Vértigo porque es la única que no se puede conseguir en Amazon Prime. Pero sí vimos Los pájaros, La ventana indiscreta, Psycho, Intriga internacional. Vértigo es la que se viene. Ya la vamos a encontrar de alguna forma.

—¿Cuál es tu película favorita de Hitchcock hasta ahora?

Psycho, sin duda. Es tan buena… realmente me voló la cabeza. Siempre pensé que me iba a aburrir o que no la iba a aguantar. Es increíble. Pero escuché que Vértigo es de las mejores, así que estoy ansioso por verla. La ventana indiscreta también es genial. El color, el decorado, la forma en que se ve la ciudad... realmente me impresionó.

—Con seis discos en menos de diez años bajo el brazo, ¿qué sigue para vos?

—Seguir trabajando en la música y tratar de mantenerme sano y salvo. Meditativo y siempre trabajando en mí mismo como ser humano y artista.

—Citando el verso de apertura de la canción Wonder, de Sundowner, ¿ya descubriste por qué naciste en la llanura salvaje?

—Todavía no lo descubrí. Creo que ninguno de nosotros lo hace hasta que se va de ella.

Vida Cultural
2021-01-13T17:08:00