En Uruguay, los hogares disponen de un ingreso promedio que ronda los $ 45.000 mensuales, casi dos de cada tres son dueños o poseen derechos de propiedad sobre la vivienda donde residen —cuyo valor es de U$S 50.000 en mediana—, mientras que 14% cuenta con otros inmuebles y una proporción ligeramente mayor tiene dinero depositado en el banco o invertido en papeles bursátiles. Como contracara de esa posición en activos, el 41,2% está endeudado, en muchos casos para poder comprar bienes básicos de la canasta familiar o para pagar la factura de servicios públicos.
Ese es el panorama que revela la primera Encuesta Financiera de los Hogares Uruguayos en su fase inicial, que fue coordinada por el Departamento de Economía (Decon) de la estatal Facultad de Ciencias Sociales y tuvo un trabajo de campo a cargo del Instituto Nacional de Estadística (INE). Se hizo a instancias del Ministerio de Economía, del Banco Central (BCU) y la Corporación de Protección del Ahorro Bancario para contribuir al análisis económico y la identificación de posibles riesgos en la actividad financiera, dijeron a Búsqueda fuentes del gobierno. Las preguntas, incluidas en un módulo de la Encuesta Continua de Hogares del INE, fueron hechas entre octubre de 2012 y enero de 2013.
Esta radiografía muestra una situación financiera heterogénea de los hogares en Uruguay según su nivel de ingresos (al dividir la población en cinco partes o quintiles), y de acuerdo a la edad, nivel educativo y realidad laboral de su jefe.
La encuesta es la primera en su tipo para Uruguay. El Banco de Italia fue pionero en este tipo de encuestas y comenzó a hacerlas en los años setenta. Estados Unidos, Holanda, España y los demás países de la Unión Europea las iniciaron en décadas más recientes, lo mismo que Chile.
Como introducción, los autores señalan en un informe de resultados que obtuvo Búsqueda que la disponibilidad de información detallada sobre el manejo financiero de los hogares resulta necesaria para realizar análisis económicos. Como ejemplo afirman que los efectos de cambios en la política monetaria (tasas de interés) o de shocks negativos en los precios de los activos (bonos) en las decisiones de consumo de los hogares (y por lo tanto en el consumo agregado) son muy heterogéneos dependiendo de aspectos tales como la composición de la cartera del hogar, la edad de sus integrantes y los ingresos laborales o de otras fuentes no financieras.
Esta primera encuesta financiera de los hogares uruguayos consta de dos etapas. La primera tuvo como objeto conocer qué hogares poseen diferentes tipos de activos y deudas, así como cifras preliminares en cuanto al valor de los mismos. También se incluyeron preguntas para relevar el acceso a servicios financieros y su uso, así como el empleo de los diferentes medios de pago.
El trabajo abarcó a una muestra de 8.191 hogares (el censo de 2012 constató la existencia de 1,1 millones en todo el país, integrados por unas 3,3 millones de personas); las cifras obtenidas son representativas a nivel nacional. La segunda etapa de la encuesta supondrá volver a visitar dichos hogares para efectuarles un nuevo cuestionario.
Activos
El ingreso relevado por el INE es de $ 44.937 mensuales en promedio y $ 36.751 en mediana (el punto central cuando se ordenan los valores de menor a mayor).
Se observa un “comportamiento en forma de U invertida asociada al ciclo de vida; el ingreso medio y mediano de los hogares cuyo jefe es un asalariado es superior al correspondiente a los trabajadores independientes y éste supera al de los jubilados”, constata el equipo del Decon que coordinó Graciela Sanromán. También hay una “fuerte asociación positiva” entre el ingreso y la educación del jefe del hogar.
En cuanto a la tenencia de activos, la encuesta mostró que 65,1% de los hogares es dueño o posee derechos de propiedad sobre la vivienda que habita. Eso es así para el 54,7% de aquellos con menores ingresos (primer quintil de la distribución) y 76,8% de los de mejor posición económica (quinto).
El valor en mediana de la vivienda principal es de U$S 50.000. Sin embargo, ese dato esconde una realidad muy disímil por quintiles: la propiedad de los “pobres” vale menos de la cuarta parte que la de los “ricos” (U$S 24.825 y U$S 100.000 respectivamente).
El 14% de los hogares tiene además otra propiedad y casi 57% cuenta con al menos un vehículo (que, otra vez, difieren sustancialmente en su valor según el quintil de ingreso, como se aprecia en el cuadro).
El 34,4% aseguró que tiene un negocio.
A su vez, 19,3% de los hogares dijo tener depósitos bancarios o títulos bursátiles. Pero los que cuentan con esos activos financieros son solo 5,6% en el quintil de menores ingresos y llegan a 41,9% en el nivel superior. También hay diferencias notorias en cuanto al monto de dichas inversiones, que asciende a U$S 3.000 en el primer caso y a U$S 10.000 en el segundo.
En promedio, casi la mitad de los hogares (46%) tiene al menos una cuenta bancaria y 58,4% posee tarjeta de crédito.
Una pregunta incluida en el cuestionario refirió al conocimiento del sistema de seguro de depósitos creado tras la última crisis bancaria en el país en 2002 y que administra la Copab. El 76,3% aseguró no haber oído hablar de su existencia.
Deudas
El capítulo referido a los pasivos de los hogares reveló que el 41,2% tiene algún tipo de deuda.
El 6,5% es endeudamiento asociado a la compra de la vivienda, 19,6% son créditos tomados en bancos con otro destino. Asimismo, 17,4% tiene contratados préstamos con entidades no bancarias, 3% pidió crédito a particulares y 7% debe por consumos abonados con tarjeta.
El valor en mediana de los pasivos de los hogares con deudas asciende a U$S 2.070. El endeudamiento asociado a la compra de la vivienda principal ronda los U$S 24.500.
La deuda en mediana de los hogares del primer quintil asciende a U$S 800, lo que convertido a pesos equivale a una cifra superior a la media de su ingreso mensual (estimado en $ 14.825).
Lo mismo se constata para el quintil superior, para los cuales el valor promedio de los pasivos es de U$S 7.500 (y su ingreso medio es de $ 95.416 mensuales).
La encuesta relevó la percepción de la carga financiera medida como los pagos por deudas en porcentaje de los ingresos.
Entre los que están endeudados, 22,1% aseguró que pagar los créditos le requiere hasta una cuarta parte de sus ingresos, 11,8% dijo que la carga equivale a entre 26% y 50% de los mismos, mientras que para otro 5,1% la carga equivale a más de la mitad.
Sin considerar los préstamos para adquisición de una vivienda, el destino principal de los créditos es el pago de gastos corrientes (en alimentación, vestimenta, calzado, tocador, etc.). Eso es así para uno de cada cuatro hogares (25,7%).
Otro 14,1% se endeudó para pagar las facturas de electricidad, gas o agua, por ejemplo.
En el 9% de los casos el préstamo fue para comprar bienes duraderos y una proporción similar (8,7%) para arreglar la vivienda. Un 1,5% de los hogares informó que tomó crédito para vacacionar.
El presidente del BCU, Mario Bergara, dijo el martes 12 que no hay “sobreendeudamiento” de familias ni empresas.