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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl mito de la inclusión de género. Desde que estamos conducidos por grupos (ellos se autodenominan “colectivos”) que tienen todo tipo de motivos para existir, “defender/protestar (por)” las más variadas y pintorescas opciones —generalmente referidas a cuestiones de género—, se va asentando el concepto de que el patriarcado es malo para la sociedad, el matriarcado víctima del anterior y de que las opciones alternativas de género (del tipo que se les ocurra) resultan rehenes de una sociedad excluyente, entre ellos los grupos LTGB. Todo ello no sería malo si no fuera porque nos quieren convencer de que todos los trans son buenos, honestos y, además, de que la sociedad está dividida entre los buenos inclusivos y los malos excluyentes. En realidad, la sociedad en este tema tendría que ser indiferente, como lo es con una persona a la que no conoce ni incide en su vida. Y de la que no sabe nada.
Pero lo más peligroso es que esos grupúsculos nos quieren convencer de que toda persona trans es decente, honesta, correcta, ética y, fundamentalmente, solidaria.
Dijo una vez un payaso político: “Si es de izquierda, es honesto”. Esto multiplicado por 100 y en todos los conceptos de la probidad humana, pero justo embocaron una trans de izquierda (comunista), no solo deshonesta sino también mentirosa, estafadora, sin códigos y presentada con bombos y platillos como senadora.
Uruguayos, seamos solidarios como siempre nos vanagloriamos de serlo, colaboremos con el prójimo, pero vivamos y dejemos vivir, no nos metamos en la vida íntima de los demás que por ello es justamente íntimia.
El otro día escuchaba la Navidad criolla por Ariel Ramírez y Los Fronterizos y pensaba: hoy a estos, los grupúsculos radicales los mataban, fíjense que cantaban “llegaron ya los reyes y eran tres, Melchor, Gaspar y el negro Baltasar,” lo trataron de negro esos discriminadores. Hay que hacer una marcha hasta la plaza Independencia.
Feliz Navidad a todos, todas, toditos y toditas, gordas y gordos, flacas y flacos y a toda la humanidad.
Enrique Artagaveytia Gómez