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Al comienzo hay un cadáver en la cama de un motel, desnudo y con marcas de lápiz labial barato. El hombre murió en el lugar menos indicado y hay que devolverlo a su casa sin despertar sospechas. Allí entran en escena Morales y el Toto, dos malhechores de poca monta que se harán cargo de llevarse al muerto. Ellos trabajan para don Gallet, un tipo muy pálido que siempre se viste de blanco. Hay algo en la sombra que desprende la mirada de este hombre que es atemorizante, y Morales y el Toto se dan cuenta de que con Gallet no se juega.
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Los personajes pertenecen a Los trabajos del amor, novela policial de Damián González Bertolino (El increíble Springer, Los alienados, Standard), que lleva un título en principio desconcertante porque su historia trata sobre personajes miserables, desconsolados o crueles.
Criado en el barrio Kennedy de Maldonado, el autor sitúa su novela en barriadas de ese departamento, donde aún vive, y también en Punta del Este. Uno de los atractivos de su historia es la inclusión de los contrastes de la zona: de las majestuosas 4 x 4 en la carretera a la única moto que deben compartir dos policías que hacen la ronda nocturna; de las fiestas lujosas a la prostitución callejera; de la vida de pueblo a los niños que se inician en la delincuencia.
Otro logro es la creación de una pareja protagónica, el Toto y Morales, con una historia reconocible, de perdedores que aún mantienen ilusiones. El trabajo que deben hacer esa noche no les gusta, y mucho menos cuando comienza a complicarse por varias torpezas que derivan en hechos cada vez más sangrientos y violentos.
Además de una trama con buena acción, González Bertolino narra a través de imágenes muy plásticas y trabaja con soltura el cambio del punto de vista, así como la aparición de personajes que, a pesar de ser secundarios, no se olvidan. Una de las mejores escenas es el encuentro de los protagonistas con dos policías. Ese momento está narrado desde la visión de unos y de otros, y el resultado es muy cinematográfico.
“De pronto tuvo sobre sí la sutil conciencia de un dolor que le llegaba desde no sabía dónde. Era el dolor de la muerte. El dolor de una muerte dolorosa en lo físico. Sin embargo, no se parecía a nada y permanecía apartado”, dice uno de los personajes cerca de su final, cuando se le aparecen entre los recuerdos de la infancia, los pechos arrugados de su abuela. Delincuentes, policías compadritos o matones: en esta historia todos son unos pobres tipos en ese punto en el que se asoma la muerte.
Los trabajos del amor, de Damián González Bertolino. Estuario, Cosecha Roja, 2015, 286 páginas, $ 350.