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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pasado jueves, Búsqueda publicó un comunicado de la Asociación de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos en el que repudiaba las palabras del comandante en jefe del Ejército, Gral. Guido Manini Ríos, dichas en una entrevista en el programa Quién es quién de TNU.
Escuché por segunda vez las declaraciones del comandante y no puedo menos que pensar que quienes integran la mencionada asociación evidencian o una completa incapacidad de interpretación de lo que se habla o una total mala fe.
El comandante habla de la acción del Ejército atendiendo a los evacuados en el norte del país y del reconocimiento que ello suscitó en la gente, y el periodista le pregunta sobre el golpe de Estado ocurrido hace 44 años: “A los evacuados, en este momento, les importa un comino lo ocurrido hace 44 años; lo que les importa es solucionar su problema”, fue la respuesta.
Es evidente que el comandante no dijo que al pueblo uruguayo no le importa el golpe de Estado, ni dijo nada que suponga una aceptación del referido golpe. Simplemente dijo lo que es obvio: la gente está preocupada por los problemas reales que sufre en la actualidad, y no en seguir revolviendo lo ocurrido hace más de 4 décadas. Y al Ejército lo que hoy le preocupa es buscarles solución a los problemas reales de la gente. Pero creemos que lo que más molestó a ciertas personas es que el comandante dijera que está dispuesto a recorrer cualquier camino con tal de dar vuelta la página de una vez por todas, incluso pidiendo perdón si hubiera alguien dispuesto a perdonar, aunque aclaró que ya en el pasado el Ejército había reconocido públicamente sus errores.
Y aquí estamos ante el punto central que originó la iracundia de la Asociación de Familiares de Desaparecidos y de alguna otra persona suelta. No pueden aceptar que nadie, y menos el comandante, proponga tan siquiera terminar con el tema, porque esto significaría el final de su negocio.
Es claro que el tema de los desaparecidos, más allá del justo dolor de las familias afectadas, se ha transformado en un excelente negocio para mucha gente. Todos sabemos el dinero que reciben diferentes grupos y ONG para mantener vivo el enfrentamiento del pasado, y para que no haya paz en este país ni en los demás de la región. Cuanto más tribalizados estemos, más débiles seremos para enfrentar cualquier poder extraño que venga por nuestras riquezas. Es sugestivo ver cómo se repiten las mismas consignas, acciones, eslóganes y palabras en países diferentes. Es evidente que quienes los estimulan son los mismos.
Por si quedaran dudas, el principal dirigente del Observatorio Luz Ibarburu, Raúl Olivera, reconoció públicamente que su organización había firmado un convenio con la Open Society de George Soros para la financiación de los abogados que se encargarán de llevar ante la Justicia (¿?) a los violadores de derechos humanos de hace medio siglo (a los de hoy nadie los toca).
Hace un tiempo, un amigo me hizo una reflexión interesante: en la batalla del Sauce, el 25 de diciembre de 1871, el ministro de Guerra, Gral. Gregorio Suárez (el “Goyo Jeta”), ordenó degollar a 400 prisioneros, muchos de ellos heridos. A los 4 meses se firmó la Paz de Abril y a partir de ese momento los orientales, seguramente sin olvidar lo ocurrido, pudieron vivir en paz. El general Suárez murió en su cama varios años después, sin que nadie reclamara su prisión, ni nadie pretendiera vengarse de los degolladores del Sauce. ¿Cómo —se preguntaba mi amigo— aquellos orientales pudieron dar vuelta la página 4 meses después de un verdadero acto de terrorismo de Estado (¡Suárez era el ministro de Guerra!) y nosotros hoy no podemos hacerlo 40 años después?
Desaparecidos también hubo en todas las épocas. En nuestras guerras civiles se contaban por decenas, los hubo en los años sesenta y setenta (de los dos lados) y los hay hoy. Los cuerpos de algunos de estos a veces aparecen, como el del joven Andrés Pereira en Punta Espinillo.
La única explicación que se me ocurre a la inquietud de mi amigo, es que en el siglo XIX no existían ni las ONG ni los George Soros de la actualidad.
Cnel. (R) Ricardo Milans
C.I. 1.393.403-2