La operativa con deuda pública “interna” en moneda nacional había rondado ese año los $ 214 millones y las compraventas de “deuda municipal” fueron por $ 53 millones; había bonos Municipales de Montevideo, de Saneamiento, de la Rambla Portuaria, de Pavimentación y de Amdet, la administración del transporte público capitalino.
También se negociaron “obligaciones” por $ 3 millones.
Búsqueda monitoreaba el mercado y a mediados de los setenta lo reflejaba en su “Síntesis bursátil”, que ilustraba con primitivos gráficos y cuadros cuando el programa “Excel” aún no había sido lanzado para revolucionar el manejo de las cifras en las computadoras.
Bonos “modernizados”.
En una monografía publicada en 1995, el economista Juan Dubra historió sobre los bonos, que en los años setenta tuvieron un desarrollo.
Urgido por fondos y en vísperas de un cambio de partido en el poder, en 1965 se habilitó por ley la emisión de Bonos del Tesoro en pesos y divisas, sin un destino específico pero con un tope de interés y un monto máximo de circulante. La primera serie se lanzó dos años después con baja demanda (U$S 205.000 de la época).
En los años siguientes se colocaron nuevas series y también Bonos del Tesoro como “emisiones especiales” con fines específicos, como pagos de coberturas, la adquisiciones de aviones para las Fuerzas Armadas, como garantía de la construcción de una terminal pesquera o de compras en el exterior de UTE.
En octubre de 1974 se emitió por primera vez una serie para rescatar otros bonos que ya estaban en circulación: fue la 11ª y se la llamó “superserie”. Uruguay estaba al borde de la cesación de pagos y esa colocación —por U$S 115 millones— permitió estirar a diez años el plazo de esta deuda pública. Ese mismo año se emitieron otras series por primera vez con una tasa de interés internacional, la London Inter Bank Offering Rate o Libor.
Dubra identifica luego un período de “modernización” de los bonos. Por ejemplo, en 1976 se empezó a usar el mecanismo de la licitación y en 1981 se emitió por primera vez un título con interés variable asociado a la Libor (con un mínimo de 10%).
Uno de los últimos bonos —“Palmar”— que buscó recaudar fondos con finalidades específicas fue el lanzado para construir una represa hidroeléctrica sobre el río Negro.
Nuevo ciclo
“La década de los setenta y hasta aproximadamente 1985 marca uno de los tres períodos históricos en que la actividad bursátil registra un crecimiento superior al del Producto del país”, si bien en 1982-1983 hubo una caída de los negocios como reflejo de una crisis cambiaria, reseña la BVM en su web.
Rospide, que se inició como corredor en 1968, recordó el momento como un “boom” en la Bolsa, y aseguró que en ese entonces la actividad era “apasionante”, con “muchas empresas” e incluso algunos bancos del exterior recurriendo al mercado para captar capitales. El de Funsa, afirmó, era el “papel estrella”, que también se operaba a futuro.
Señaló que los días más agitados eran aquellos en que los directivos de las empresas cotizantes se reunían con el consejo directivo de la Bolsa antes de la rueda física, para informar sobre los resultados de sus compañías. Luego, el consejo hacía pública esa información antes de abrir la rueda y los títulos fluctuaban en reacción a las novedades. También mencionó que las operaciones se liquidaban físicamente al día siguiente, por lo que los corredores debían portar siempre portafolios con efectivo y los títulos que comercializaban.
En la edición Nº 526 del 28 de febrero de 1990, desde las páginas de “Indicadores Económicos” de Búsqueda se informaba la inusualmente abultada operativa con las acciones de Montevideo Refrescos —embotelladora de Coca-Cola— a raíz de varios pagos de dividendos que había efectuado la empresa entonces.
En esa época, la oferta y demanda era “mirándose a los ojos”, remarcó Rospide, y era muy importante la habilidad del “corredor avezado” para “leer el mercado”.
Contó que en una ocasión se compraron miles de acciones a un pequeño corredor que no solía operar mucho, suponiendo que había caído en un equívoco y que no tendría los papeles necesarios para hacer frente a sus compromisos al día siguiente, teniendo que volver a comprarlos a un precio mayor. Sin embargo, para sorpresa de todos, llegó con dos portafolios llenos de esos títulos. Esa “incertidumbre”, señaló, era “la parte motivante” del negocio de los operadores bursátiles uruguayos.
Después de 1985 se produjo un “deterioro en la participación de los papeles privados en favor de los públicos, y donde los Bonos del Tesoro, las Obligaciones Hipotecarias Reajustables y las Letras de Tesorería dominan el mercado”, según la reseña de la BVM. En ese año las empresas cotizantes habían caído a 23, diez menos que en 1979.
A partir de 1990 el Estado uruguayo buscó ampliar sus mercados de financiamiento fuera de fronteras y emitió “Euronotas” y “Eurobonos”.
Paralelamente, por entonces surgieron las “participaciones” como una opción de ahorro en virtuales depósitos colectivos tanto en bancos locales como del exterior.
En 1993, en conjunto con las gremiales rurales, el Instituto Nacional de Carnes lanzó el Mercado a Futuro de Novillos, donde se negociaban contratos por dos toneladas y media de vacunos gordos en pie, puestos en frigoríficos, a plazos no mayores a seis meses. Pero la operativa duró poco tiempo, en parte por la falta de apoyo de la industria cárnica al emprendimiento; este año el Mercado a Término de Buenos Aires (Matba) y la BVM suscribieron un acuerdo para promover una nueva Bolsa para la negociación de contratos de futuros y opciones de granos en una primera etapa, así como de productos de origen animal y mineral más adelante.
En 1996 los bancos se incorporaron a la BVM como socios especiales; tres años antes habían constituido su propio mercado, la Bolsa Electrónica de Valores (Bevsa). Desde el 5 de setiembre de 1994 allí se negocian valores, pero también préstamos en moneda nacional entre instituciones financieras socias y divisas. Los certificados de depósito bancario son los principales instrumentos negociados actualmente en la Bevsa. Los bonos públicos le siguen en importancia.
A mediados de los años noventa surgieron las administradoras de fondos de ahorro previsonal (AFAP), que mes a mes reciben el aporte que se le descuenta a cada trabajador de su sueldo y lo invierten en bonos u otros títulos buscando generar una ganancia que incremente la futura jubilación de la persona. Las AFAP son hoy fuertes jugadores del mercado local, al administrar algo menos de U$S 10.000 millones.
En el 2000, el Banco Central autorizó la instalación de una Bolsa de Valores de Futuros (Lafex) en Punta del Este, pero el proyecto quedó en la nada.
Quemados con leche.
Un episodio frenó el desarrollo del mercado de títulos de deuda empresariales, que a fines de los noventa se mostraba incipiente. A raíz de un fraude, en 1998 quebró la avícola Granja Moro, que cotizaba obligaciones negociables en la BVM. Por algún tiempo las nuevas emisiones privadas fueron escasas.
Rospide consideró que la crisis de esa industria “perjudicó enormemente al mercado”, generando una “desconfianza muy importante”. También recordó otros casos, como el del banco argentino Feijin, que hizo que los inversores se “quemaran con leche”.
“Durante los últimos 10 o 15 años, la BVM se abocó a reavivar el mercado de valores privado que a partir de los noventa se encontraba disminuido, las transacciones en acciones en determinados años apenas alcanzaron el 1% del total operado”, añade esa institución en su web.
Si bien afirmó que la Bolsa “siempre trató” de llegar a los pequeños inversores, Rospide dijo que eso nunca se llegó a lograr. Aunque se permitía operar por montos muy bajos, “la cultura del uruguayo no estaba en el mercado de valores” y lo consideraba “muy riesgoso”, señaló.
Lo cierto es que las nuevas emisiones privadas han sido escasas en los últimos años y los bonos del gobierno nacional reinan en la plaza bursátil uruguaya. El canje por U$S 4.846 millones efectuado en 2003 disipó los temores de una cesación de pagos al estirar vencimientos. En las páginas de Búsqueda se fueron informando en detalle los entretelones de la gestación y marcha de esa operación, que hoy es vista como un modelo exitoso que sugieren aplicar en países europeos en crisis. El ministro de Economía de la época, Alejandro Atchugarry, se refirió al resultado como “una nueva oportunidad para el país” (Nº 1.202). Que Uruguay, “con buen criterio”, respetara su deuda en los momentos más difíciles permitió que “la gente creyera en el país y siguiera comprando”, afirmó Rospide.
Desde este año calificados en el rango de inversión no especulativa (investment grade), son muy apetecidos en un mercado que ofrece escasas opciones y tasas de interés bajas, como en el resto del mundo. Eso se refleja en los altos precios en los que se situaron en los últimos meses, cercanos a 146% en el caso de los Bonos Globales en dólares y por encima de 117% los nominados en euros y en pesos ajustables por la inflación.