Ya jubilado de su profesión de abogado, Vilibaldo Rodríguez se integró el año pasado al Directorio de la OSE en representación de la oposición. El veterano dirigente del Partido Colorado en Rivera, que conoce la función pública desde los 18 años, se encontró en su nuevo cargo con un organismo “muy limitado” para desarrollar su función y en el que los directores —incluso los del Frente Amplio— tienen poco margen de acción.
Las primeras limitaciones para la OSE vienen “de afuera”. Es que la empresa depende de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), del Ministerio de Economía y Finanzas, del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua.
“Somos el último eslabón de una cadena que funciona en forma deficitaria”, resume Rodríguez.
Con “recursos restringidos” para llevar adelante las obras que necesita, la OSE recurrió en los últimos años a organismos internacionales de financiamiento. Ahora, según Rodríguez, su capacidad de endeudamiento está llegando al límite y ese canal deja de ser una opción. Al mismo tiempo la demanda de la población de más y mejor servicio aumenta.
Rodríguez cree que existe una diferencia en el trato que el Frente Amplio les dio a UTE, Ancap y Antel, que “son ricas”. Mientras que la OSE, que cumple una función “esencial”, se ve “muy limitada” por los recursos, la burocracia estatal y una “función social equivocada”.
¿Mandos medios?
Rodríguez es consciente de que los cargos de responsabilidad, en OSE como en otros organismos del Estado, responden a la orientación política del Frente Amplio. Pero eso no le preocupa y, por el contrario, le parece natural. “Nosotros lo hicimos en su momento”, dice en referencia al Partido Colorado.
En su opinión, el gran problema para el manejo del organismo es que las decisiones en realidad las toman los mandos medios. Para el jerarca, es fundamental que el Directorio fije el plan estratégico con “independencia” de “lo que requieran la burocracia y los mandos medios”. Sin embargo, asegura que eso hoy no sucede.
“La función del Directorio es orientar y fijar los objetivos a alcanzar. Los mandos medios tienen que instrumentarlos. ¡Y está al revés! ¡Nosotros hacemos lo que nos dicen ellos!”, subraya.
Como un ejemplo, Rodríguez contó cómo funcionan las reuniones de Directorio que realizan todos los miércoles. El martes a última hora los tres directores reciben la lista de temas a tratar, que suele estar compuesta por entre 30 y 40 puntos. Al mediodía del miércoles se suman los puntos “extra”. En “un par de horas”, y sin tiempo para “reflexionar nada”, tienen que tomar decisiones sobre todos esos temas.
“Apenas te alcanza para pedir que se retire algún punto del orden del día para estudiarlo. ¡Y a los gerentes no les gusta! Pero, escuchame, yo tengo que atender el servicio público en general y no el corporativismo interno”, se molesta Rodríguez.
Además de los problemas de funcionamiento, Rodríguez cree que hay un desajuste económico. “Los directores ganan poco, los que ganan mucho son los gerentes”, dice.
Rodríguez, que a los 18 años trabajó por primera vez para el Estado, asegura que esa diferencia va más allá del dinero. “Una cosa que aprendí con los viejos burócratas es que la jerarquía la da el sueldo. En la realidad el que gana más está a la derecha”, afirma.
Para modificar esa realidad, Rodríguez considera urgente “cambiar la estructura en la ley orgánica de OSE”.
“Función social equivocada”.
Como batllista, Rodríguez reivindica la “función social” que debe cumplir OSE para con el país. Con más de un año en el Directorio, el jerarca evalúa que el organismo está cumpliendo esa “función” equivocadamente.
Rodríguez ve con particular preocupación algunos planes que condicionan la elección de personal para determinadas tareas. Por legislación nacional, OSE debe dar prioridad a “cooperativas sociales” que se conforman en el seno del Ministerio de Desarrollo Social.
Además, hay un convenio con el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados por el que OSE da trabajo a ex reclusos. Además, según contó, el Poder Ejecutivo les anunció recientemente que el organismo tendrá que acoger a “drogadictos en recuperación”.
Con las cooperativas sociales, Rodríguez cree que el problema es que no responden al “orden disciplinario ni formativo de OSE”, por lo que se vuelve difícil controlar su trabajo.
En el caso de los ex reclusos, si bien coincide con la necesidad de “apuntar a la recuperación de esas personas”, sostiene que se hace difícil “capacitarlos” e inculcarles “disciplina de trabajo”. A modo de ejemplo, cuenta el caso de un camionero que fue sancionado con tres días de suspensión porque el ex recluso que iba con él estaba fumando en la cabina. Según relata Rodríguez, el chofer le había pedido más de una vez que dejara de fumar pero la respuesta del liberado había sido que “ya tenía dos muertes” y que “no le hacía una más”.
“Eso le molesta al buen funcionario de OSE”, afirma Rodríguez. Cree que OSE no es el lugar adecuado para esas personas. Para el jerarca, lo que se necesita son “funcionarios legítimos que tengan la camiseta del organismo”.
“La OSE está cumpliendo una función social pero equivocada. Si decimos que el agua es un derecho fundamental para la vida humana, sin el cual no se puede vivir ni producir, no podemos poner a gente que no está capacitada para manejar ese recurso esencial”, dice.
El objetivo fundamental, en su opinión, debe ser la universalización de los servicios, incluso para quienes no están en condiciones de pagar por ellos. En ese sentido, considera que hay mucho trabajo por hacer, sobre todo en el interior. Es que, según dice, hay dos realidades: la de la zona metropolitana y Maldonado, que tienen “prioridad absoluta” y luego la del resto del país.
“Mirá que hay gente en el interior que da lástima el agua que tiene”, afirma.