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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Nos acostumbramos a la violencia, y esto no es bueno para la sociedad. Una población insensible es una población peligrosa”(Isaac Asimov).
A la sociedad uruguaya le va a costar olvidar el día domingo 31 de mayo. El número de compatriotas fallecidos en forma violenta la conmueve y la interpela en busca de razones.
i. El ambiente violento. “La raíz del lenguaje es irracional y de carácter mágico” (Jorge Luis Borges).
El Twitter es una plataforma de comunicación bidireccional de libre acceso que permite el intercambio de mensajes entre usuarios utilizando palabras cuyo texto pueden incluir hasta 140 caracteres. Utilizando este recurso de red social, entre los años 2009 y 2010 se llevó a cabo una investigación reveladora, directamente relacionada con las emociones y sentimientos. La hipótesis de los investigadores de las Universidades de Pensilvania, Melbourne y Nothwestern era que podía existir una relación entre el número de palabras contenidas en el mensaje de Twitter que expresaran emociones negativas y positivas como medidas de hostilidad y estrés y la tasa de mortalidad cardiovascular según las distintas regiones geográficas.
Los resultados de la investigación fueron reveladores y concluyentes. El estudio se realizó en 1.347 condados del norte de los EE.UU., analizando 148.000.000 tuits ubicables por área geográfica y las palabras clave que contenían para realizar el estudio lingüístico. Por tanto, se buscaron palabras relacionadas con emociones negativas (enojo, desapego, desencuentro, hostilidad, agresión, aburrimiento, fatiga y todas formas de relaciones de conflicto) y aquellas relacionadas con emociones positivas que trasmitieran optimismo, experiencias interhumanas positivas, apego, amistad, solidaridad, y relaciones humanas satisfactorias. Entre las palabras relevadas como expresión de emocionalidad negativa, se incluyen todas las denominadas como “malas palabras” por la sociedad, además de otras malas palabras como odio, aborrecer, detestar, envidia, celos, desprecio, histérico, etc. Entre los que reportaran como emocionalidad positiva, se destacaban maravilloso, aprendiendo, conociendo, compartir, participar, amigo, bueno, disfrutar, gran, esperanza, fantástico, alcanzar, lograr, éxito, vencer, fuerte, fe, certeza, etc.
¿Qué hicieron los investigadores? Determinaron las zonas geográficas donde predominaran las palabras asociadas a las emociones negativas y aquellas relacionadas con las emociones positivas. De acuerdo al tipo de palabras que predominaban en cada zona, y por tanto qué tipo de emociones predominaban, se contrastó con la mortalidad de la gente según los certificados de defunción consignados por el centro de control y prevención de enfermedades de EE.UU.
¿Qué se observó? Aquellas zonas en las que predominaban las “malas palabras”, y por tanto las emociones eran negativas, es mucho más probable que la gente muriera de un ataque cardíaco que en las zonas donde predominaban las palabras dulces que originaban emociones positivas. Resulta importante destacar que la previsibilidad de este diagnóstico de salud pública a través de Twitter superó la predicción que se hace por la sumatoria de los factores de riesgo habituales, como hipertensión arterial, tabaco, colesterol, diabetes, obesidad, etc. (López Rosetti, Daniel. 2018. Emoción y sentimientos. Editorial Planeta S.A. pág. 158).
Es significativo que en aquellas zonas donde la hostilidad y el estrés predominan la posibilidad de muerte es mayor, son sociedades donde se vive peor, por tanto la violencia se multiplica, nace de las palabras, siguen las emociones y termina en violencia, la cual se retroalimenta en todas sus formas.
En suma, “experimentamos mayor facilidad cognitiva para percibir una palabra que hemos visto con anterioridad y es esa sensación de facilidad la que nos deja la impresión de familiaridad. Lo familiar se confunde con la verdad” (Kahneman, Daniel. Pensar Rápido, pensar despacio. 2012. Penguin Random House. Grupo Editorial Sudamericana. Pág. 86).
¡La “verdad” es que el país es violento!
ii. Plasticidad neuronal. El cerebro es el órgano del comportamiento y el repositorio de la memoria y del aprendizaje. Cuando adquirimos nuevos conocimientos, dominamos una nueva habilidad o guardamos algo en la memoria, el cerebro cambia de forma real y física para que aquello ocurra (Bachrach, Estanislao. 2014. Encambio. Editorial Sudamericana Uruguaya S. A., págs. 101 y siguientes). Aprendizaje y memoria crean sinapsis, que son cadenas de neuronas que provocan cambios permanentes a través de la repetición. Esto determina que las diferentes profesiones modelen sus cerebros en función de las tareas que les son propias y realizan todos los días.
Si tocas un instrumento muchas horas, se “formatean” determinadas áreas de tu cerebro, que controlan tus dedos, labios, lengua, etc.
En definitiva, lo que “pienses o hagas” en forma recurrente, esculpe tu cerebro.
Las neurociencias descubrieron también que nuestro cerebro se transforma de manera constante: la experiencia y el ambiente modifican los circuitos neuronales y regulan la expresión de nuestros genes.
Las emociones son claves para nuestra conducta. Muchas veces los seres humanos estamos convencidos de que somos mucho más racionales de lo que en verdad somos. A decir verdad, se ha demostrado que decidimos guiados por nuestras emociones y la explicación de la decisión que hacemos posteriormente es lo más racional. Las emociones también impactan en nuestra memoria, porque solo recordamos aquello que nos emociona mientras olvidamos casi todo. Por ejemplo, si nos preguntan sobre nuestro paso por la escuela, seguramente vamos a tardar solo algunos minutos en relatarla, mientras haberlo vivido nos llevó varios años de nuestra vida. Solo vamos a rememorar aquello que nos impactó emocionalmente.
Dicho esto, si bien todos los cerebros son iguales, todos son diferentes en tanto el cerebro es moldeado por la interacción con el ambiente, el contexto social, la cultura, los gustos y las experiencias. Así, se transforma constantemente a partir de esta interacción con la experiencia y el ambiente. Y es en ese sentido que proponemos pensarnos: por compartir tradiciones, historias, crisis y esperanzas. Para comprender mejor estas conductas comunes, recurrimos a un concepto muy productivo: el de los sesgos cognitivos, que son esquemas mentales a partir de los cuales formamos nuestras creencias y nuestra visión del mundo. Su principal función es permitirnos interpretar la información que recibimos de nuestro alrededor al brindarnos un marco desde el cual tendemos a producir sistemáticamente ciertas respuestas rápidas frente a diversas situaciones. Entonces podemos hablar de “sesgos uruguayos” y reflexionar sobre ellos para poder cambiar y construir una sociedad más respetuosa, más pacífica, y más empática.
iii. La violencia está en nosotros. “El cerebro humano ha desarrollado circuitos neuronales que permiten prosperar en un contexto social” (Michael Gazzaniga).
No hace muchos años el Uruguay eligió un presidente con un jugoso prontuario delictivo, que aún se jacta de la “emoción” de ingresar a un banco con un revolver 45.
Hasta hace tan solo tres meses el ministro que debía “cuidarnos” también tenía un rico prontuario delictivo, el que además justificaba editando un libro con sus fechorías.
El cerebro límbico (emocional) es “abierto”, se expande y se conecta con el ambiente que lo rodea.
Fueron muchos años de lo político sobre lo jurídico, años en los cuales nos acostumbramos a los representantes de la violencia dirigiendo nuestras vidas.
Se vive un momento de cambio, no es raro que, en un momento especial de pandemia, se exacerbe aquello que el país desea firmemente dejar atrás.
Rafael Rubio
CI 1.267.677-8