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    Durante el actual gobierno hubo “retrocesos ideológicos” en seguridad

    Hay que “torcer el rumbo” y centrar el debate en las “desigualdades sociales”, dice asesor del Partido Socialista

    Desde que asumió el gobierno de José Mujica en 2010 y el Ministerio del Interior es dirigido por Eduardo Bonomi, se han producido “retrocesos ideológicos” en el área de la seguridad pública que llevan a que los reclamos de mayores “controles y castigos” se materialicen en decisiones estatales como “el aumento de penas”, la creación de una nueva ley de faltas, el “hostigamiento policial” y el abuso de la “prisión preventiva”.

    Esas son algunas de las conclusiones a las que llega Rafael Paternain, ex director del Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio y asesor del Partido Socialista en temas de seguridad, al analizar los primeros tres años de gobierno. Y es a partir de esa posición que sostiene que un eventual tercer período del Frente Amplio (FA) debe “torcer el rumbo” actual y centrar el debate en las “desigualdades sociales” que la generan.

    “Prácticamente ha concluido el segundo gobierno del Frente Amplio, y los asuntos de la violencia, la criminalidad y la inseguridad ostentan connotaciones inquietantes.(...) El verdadero reto consiste en registrar el avance de un estado de ánimo colectivo cada vez más reactivo, la expansión de las demandas punitivas, los desplazamientos discursivos de las personas, la emergencia de prácticas microfascistas y la consolidación de representaciones conservadoras sobre los principales problemas sociales”, advierte Paternain en el libro “Ya no podemos vivir así. Ensayo sobre la inseguridad en el Uruguay”, que se presentará el martes 12 en la sede del FA con la participación del diputado Julio Bango (Partido Socialista), la precandidata presidencial Constanza Moreira y el sociólogo Luis Eduardo Morás.

    Retrocesos.

    En su libro, Paternain —que concurre a las reuniones de la comisión de programa del FA que discuten temas de seguridad— advierte que en Uruguay predomina una “hegemonía conservadora” que lejos de ser confrontada por las actuales autoridades, ha sido reforzada con discursos que dejan de lado las desigualdades como motivos de la criminalidad y la violencia. “Las demandas punitivas de la ciudadanía —explica el investigador de la Facultad de Ciencias Sociales—, la activación de todos los resortes de la estigmatización, la búsqueda de argumentos en razones morales o patológicas y la reivindicación de la acción policial reactiva en espacios ‘feudalizados’, son algunos de los insumos con los cuales se construye el ‘consenso’ actual”.

    En varios pasajes de la obra el autor cuestiona conceptos que en los últimos meses fueron planteados por autoridades del Ministerio del Interior para justificar sus políticas. Entre otras cosas, menciona la idea planteada por Bonomi de que hay “lumpen-consumidores” y de que su gestión intenta aplicar una “síntesis” entre las políticas de represión aplicadas por los gobiernos blancos y colorados y las políticas sociales aplicadas por el primero del FA. Además, pone en duda la idea de que existe un proceso de “feudalización” —creado por el director de Policía, Julio Guarteche— en algunos barrios de la ciudad. Así, sostiene que “desde el pináculo” se “acribilla” a la población “con lugares comunes descubiertos hace cinco minutos: ‘ya no se roba para comer sino para consumir’; ‘lo social ya no nos alcanza para entender un fenómeno que tiene raíces culturales; y la lista de hallazgos continúa, muchos de ellos más peligrosos que ingenuos”.

    “El nuevo sentido común de la izquierda ve en esto una ‘síntesis’, una forma de asumir con madurez los desafíos de la seguridad”, sostiene Paternain. “Sin embargo, de lo que se trata es de un puro mimetismo con lo que la gente de verdad ‘piensa’. Se niegan las contradicciones, se ocultan los fracasos de las respuestas y se renuncia a una pedagogía política”.

    “Las exigencias de mayores controles y castigos se consolidan en las agendas políticas y se materializan en decisiones estatales: aumento de penas, leyes de faltas, hostigamiento policial, abuso de prisión preventiva”, añade.

    Paternain, que trabajó en el Ministerio del Interior durante el gobierno pasado y dejó el cargo por discrepancias con las actuales autoridades, sostiene que en el gobierno de Tabaré Vázquez hubo iniciativas que pretendieron enfrentar las dificultades “aunque revelaron una pretensión de transformación que careció de los tiempos políticos para su desarrollo en plenitud”.

    Incluso, aseguró que la administración que asumió en 2010 si bien dudó de todo el proceso impulsado por los ministros del Interior socialistas José Díaz y Daisy Tourné, “finalmente le otorgó continuidad a la gran mayoría de los proyectos”.

    Pese a las críticas desde el punto de vista ideológico, Paternain considera positivas algunas políticas del actual gobierno como los cambios en las cárceles y la estrategia de exigir compromisos de gestión a los policías. Destaca en particular el objetivo de la administración de Bonomi de reducir el servicio especial de vigilancia 222.

    “Pero más allá de las valoraciones que cada uno pueda realizar, las bases de los problemas se mantienen intactas”, advierte más adelante. “Ni los avances en la gestión ni los retrocesos ideológicos nos deben oscurecer el trasfondo generador de estos procesos: la desigualdad, la vulnerabilidad y la deslegitimación”.

    Es que la “hegemonía conservadora”, según Paternain, implica la idealización del pasado, la “despolitización de los asuntos y la preferencia moralizante por las nociones patológicas o subculturales”.

    Tiempo de reconocer.

    Para el investigador de la Universidad estatal, “no hay razones para dudar de que el Uruguay es uno de los países más seguros de la región”, aunque tampoco se puede “caer en el pecado de minimizar las violencias y los delitos”.

    Al respecto, afirma que para enfrentar el crecimiento de la delincuencia en los últimos 40 años se crearon nuevos delitos, aumentaron las penas y las prisiones están repletas. Ante esto, pregunta: “¿No será hora de reconocer, con el mayor grado posible de honestidad intelectual, que las soluciones a las que echamos mano son una parte relevante del problema?”

    Como la visión que domina hoy es “conservadora”, Paternain quiere que el partido de gobierno dé “un impulso programático en seguridad, capaz de torcer el rumbo actual sin perder sintonía con la complejidad de las demandas”.

    “La construcción de un sistema nacional de seguridad ciudadana requiere de políticas multisectoriales, diversificadas e integrales”, sostiene Paternain. “Pero el reto mayor para el futuro del país consiste en imprimirle al sistema un liderazgo preventivo que deconstruya la hegemonía punitiva y conservadora que ha predominado hasta el momento”.