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Un domingo de mayo de 2011, un modillón del Edificio Rex (18 de Julio y Julio Herrera y Obes) se cayó desde el 6º piso hacia la calle. En ese momento nadie pasaba por la vereda y no hubo víctimas ni tampoco daños, que podrían haber sido serios porque esos modillones (soportes y adornos de las cornisas) pesan cerca de 300 quilos. El desprendimiento fue uno de los síntoma de los problemas estructurales que el edificio viene sufriendo desde hace más de diez años y que tiene preocupados a los copropietarios.
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Construido entre 1926 y 1928 por el arquitecto Alfredo Jones Brown, el Rex es desde 1996 Monumento Histórico Nacional y está catalogado como edificio patrimonial grado 1. Es una de las construcciones más antiguas y elegantes de la ciudad por su sobria decoración modernista. Desde 1928 y hasta 1980 funcionó en la planta baja el Cine Rex Theatre. Luego de su cierre, ese espacio lo ocupó una feria que deterioró la imagen del edificio y la sala sufrió varias roturas y pérdida de molduras.
En 1997 la Intendencia de Montevideo (IM) adquirió la sala y llamó a concurso para su restauración. El arquitecto seleccionado fue Conrado Pintos. En noviembre de 1999 allí abrió la Sala Zitarrosa, destinada a espectáculos musicales, que hoy cuenta con equipos de sonido e iluminación de última generación.
La Zitarrosa trajo grandes beneficios tanto a músicos como al público montevideano, pero perjudicó a quienes viven en el edificio. En el 2008, Búsqueda estuvo durante un espectáculo de rock en el apartamento 205 (dos pisos más arriba del escenario) y el sonido invadía todas las habitaciones, hacía vibrar el piso, las puertas y los vidrios y se extendía hacia el pasillo del edificio. “Sabemos que la sala cumple una función importante, pero cuando la hicieron no tuvieron en cuenta el aislamiento acústico necesario”, comentó una de las vecinas afectadas. Los copropietarios comenzaron a presentar reclamos a la IM para controlar el sonido, pero no tuvieron suerte. Ellos no piden que se cierre la sala, sino que se realicen recitales adecuados a su aislamiento sonoro.
“En una sala que suena amplificada son necesarios niveles de absorción de sonido mucho mayores de los que se hicieron”, explicó el arquitecto Pintos a Búsqueda en 2008. Cuando hizo la refacción, Pintos no sabía cuál sería el destino de esta sala. Según los copropietarios, la aislación que se necesitaba costaba dos millones y medio de dólares.
Las vibraciones ocasionadas por los recitales, especialmente los de rock, están agravando los problemas estructurales que el edificio tiene por su antigüedad. “Los factores atmosféricos, como la humedad, han ido corroyendo el hierro y las piezas comienzan a quebrarse, como ocurrió con el modillón. El otro factor son las vibraciones que aceleran el proceso de deterioro. Si a una estructura que está deteriorada la sacudo, posiblemente se termine cayendo”, explica Guillermo Mara, uno de los vecinos que integra la Comisión de Obra del edificio. Además se instaló en la azotea del séptimo piso un aparato de recirculación de aire para la sala que pesa siete toneladas. “Genera una vibración enorme”, dice Mara. “Un fin de semana se olvidaron de apagarlo y no pude dormir”.
Un informe del arquitecto Eduardo Montemuiño, contratado por uno de los propietarios, verificó que el problema del edificio se agrava por las vibraciones internas. En el 2010, Héctor Guido, director de Cultura de la IM contrató al arquitecto Jorge Hakas para que realizara pruebas de sonoridad y se constató la contaminación acústica. Las pruebas se hicieron durante una semana en el apartamento 205 y en la propia sala.
A raíz del desprendimiento del 2011, los vecinos fueron multados por la IM con un gravamen del 50% en la contribución inmobiliaria. Los copropietarios habían contratado a dos arquitectas para que repararan los modillones, pero las profesionales no estaban especializadas en edificios antiguos y no pudieron solucionar el problema. Para retener las caídas, colocaron unas maderas en forma de cruz sostenidas por redes que aún se mantienen y afean la fachada del edificio. Ahora las reparaciones están a cargo de otro arquitecto especializado en edificios patrimoniales.
El martes 7, el abogado Álvaro Abdala, contratado por el edificio, se reunió con la arquitecta Patricia Roland de la IM. “La reunión fue muy provechosa. La IM entiende que es copropietaria del edificio, de hecho es la propietaria mayoritaria por el espacio que ocupa, y es consciente de que la sala no tiene la adecuada sonorización. Estaría por dejar sin efecto la multa a los copropietarios por el deterioro en los modillones y ya iniciamos formalmente el trámite”, comentó.