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    Palito Ortega: “A veces en la vida te toca ser ayudado, como me pasó con Sinatra, y te toca ayudar, como con Charly”

    El legendario cantautor argentino presentará el concierto Un muchacho como yo el domingo 31 en el Auditorio Adela Reta

    El domingo 31 Ramón Bautista Ortega Saavedra, conocido en toda Latinoamérica como Palito Ortega, cantará por enésima vez en Uruguay. En el Auditorio Adela Reta, con entradas en Tickantel, y a sus 85 años de edad, el autor de Yo tengo fe, Despeinada y La felicidad presentará el concierto antológico titulado Un muchacho como yo, en el que recorrerá, a lo largo y a lo ancho, sus más de 65 años de carrera. En esta entrevista con Búsqueda, exclusiva para la prensa uruguaya, Ortega relató los inicios de su carrera, contó sus experiencias muy cercanas junto con Frank Sinatra y Charly García, hizo consideraciones políticas sobre su país y Uruguay, y también compartió algunas de sus vivencias íntimas como “hijo” del jockey uruguayo Irineo Leguisamo, quien lo nombró heredero universal y le legó, entre tantos objetos, varios pañuelos y corbatas de Carlos Gardel.

    —¿Cómo vivís el hecho de ser tan popular, estar en la memoria de tantos millones de personas y seguir llenando auditorios?

    —Lo vivo con la alegría de que todo el sacrificio que demandó mi carrera valió la pena porque finalmente quedé en la memoria de mucha gente. Yo quise siempre resaltar lo más positivo, los mensajes de esperanza. Esa fue mi música, no bajar los brazos ante la adversidad, seguir hacia adelante y rescatar los valores más importantes de la vida: la familia, los amigos, el amor en general, el trabajo. A eso le canté. Gracias a Dios mis canciones se han grabado en español, en francés, en italiano, en alemán. En vez de cantarle a la derrota o al dolor o al fracaso elegí cantarle a la vida y al amor.

    —¿Cuál es tu primer recuerdo musical?

    —En el pueblo donde nací, en la provincia de Tucumán, se escuchaba mucho folclore. Crecí con la música de Los Chalchaleros y después tuve la suerte de trabajar con ellos. Vendía periódicos por los pueblos y cantaba sus canciones de un pueblo al otro. Caminaba mucho por caminos solitarios y me entretenía cantando. La música fue para mí un escape en el momento en que empezaba a despertar a la vida. Éramos cinco hermanos varones y todos trabajábamos desde chicos. Era muy precaria nuestra vida y ganábamos unas monedas para ayudar a la familia. Fui creciendo en el rigor de esos tiempos, fui creciendo y aprendiendo. Tuve un padre fantástico, que se encargó siempre de enseñarnos a distinguir lo que vale de lo que no. Y que lo más importante son la familia y los amigos. Y todo eso me quedó grabado para siempre y gracias a Dios sigo subiéndome a un escenario y sintiendo el amor de la gente.

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    Palito Ortega

    Palito Ortega

    —Siempre tenés tu sentimiento religioso bien presente…

    —Sí, esa vivencia está siempre en todo lo que hago. Cuando era chico era monaguillo en la iglesia del pueblo, y los sacerdotes eran curas misioneros que estaban un par de meses y se iban. Por alguna razón siempre me elegían para ayudar en la misa, y en varias oportunidades insistieron con mi padre para que yo fuera a Córdoba a un monasterio para hacer la carrera de sacerdote. Mucho después, cuando me encontré con Bergoglio (el papa Francisco) en Roma le decía: “Mirá que si yo seguía el sacerdocio vos no estabas acá, estaba yo”, y nos reíamos.

    —¿Cuál fue la primera canción que hiciste?

    —La primera que escribí se llamó Changuito cañero, y es una pintura de Los Cañaverales, el pueblo en el que nací, un reflejo de ese paisaje que viví de niño. El changueo es en el norte argentino lo que para ustedes es un gurí, un niño bien chico. Después siempre seguí haciéndoles canciones a las cosas lindas. Nunca me gustó cantarle a lo más doloroso, prefiero la esperanza y la fe, que son muy necesarias. Por eso escribí Bienvenido amor y La felicidad, por eso escribí Creo en Dios y Corazón contento, y por eso escribí Yo tengo fe, que es una de las canciones más importantes de mi carrera. Mis canciones siempre fueron eso. Hay muchos músicos que se dedicaron a la canción protesta o a la canción testimonial y pusieron el acento en la parte dolorosa de la vida. Está bien, pero yo por la educación que tuve siempre me incliné por lo contrario.

    —¿Por qué decidiste hacer rock?

    —Porque mi generación siempre se miró en el espejo de Elvis Presley. Luego llegaron otros íconos de la música popular como Los Beatles, pero nosotros empezamos con el rock and roll de Elvis. Y cada país tenía su Elvis. México tenía a Enrique Guzmán, que formó los Teen Tops, y que cantaban los temas de Elvis. Nosotros tuvimos a Billy Cafaro, después a Luis Aguilé, después Johnny Tedesco. Todos eran rockeros. En ese ambiente crecí, con esa música crecimos. Yo además tenía la influencia del folclore del norte de mi país y muchas de mis canciones tienen ese aire melódico folclórico. No hay dudas de que después de Los Beatles surgieron infinidad de grupos que siguieron ese estilo. Cada generación responde a los grande íconos de su tiempo.

    Palito Ortega
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    —Vos le pusiste una impronta muy personal a ese estereotipo. Generaste un personaje, el muchacho de provincia, tímido, introvertido, que comienza de abajo y llega a la capital para triunfar, un personaje contrapuesto al ganador citadino…

    —Uno en el momento no se da cuenta de algunas cosas y después va viendo más claro el porqué. Yo creo que representé al provinciano que llegaba a la gran ciudad con los bolsillos llenos de sueños y creo que fui dándoles forma a esos sueños. Y tal vez me fui convirtiendo en esa figura que fui representando. Contribuyeron bastante a esa narrativa las películas que hice, como Aquella primera novia, Corazón contento y La sonrisa de mamá. Las películas tenían mucho que ver conmigo y con mi historia. Yo hablaba mucho con los directores y los guionistas y eso después se reflejaba en la pantalla. Desde el comienzo yo siempre quise cantar mis canciones. Hacía baladas y hacía rock, pero mis canciones siempre respondierona a mi manera de ver la vida.

    —¿Creés que contribuiste a combatir la discriminación que siempre sufrió la gente de las provincias pobres en Buenos Aires?

    —Creo que las figuras populares inspiran a los realizadores. Algunas películas reflejaron bien el comienzo de mi carrera, el comienzo de la nueva ola, y reflejaron cómo algunas compañías abusaban de los artistas populares vendiendo discos sin importarles cómo estaban hechos. A veces no alcanzaba con el entusiasmo y la intuición que uno traía al agarrar una guitarra. Había de todo en ese tiempo.

    —¿Cómo fue tu formación?

    —Yo aprendí a reconocer una nota en el pentagrama con un profesor muy bueno que me enseñó a solfear, a leer música. Tuve un profesor de guitarra. Esos años de formación fueron muy difíciles, había que intentar sobrevivir entre tanta gente con ganas de trascender. Había que estudiar y estudiar. También tomé clases de actuación cuando empecé a filmar. Más o menos sabía dónde estaba parado y aprendí a moverme frente a una cámara.

    Embed - Palito Ortega - La Casa del Sol Naciente (Official Audio)

    —¿El Club del Clan fue un antes y un después en tu carrera?

    —El Club del Clan fue la plataforma de lanzamiento para muchos de nosotros. Allí dimos los primeros pasos Jolly Land, Raúl Lavié, Violeta Rivas, Johnny Tedesco, Lalo Fransen, Chico Novarro, con quien escribí tantas canciones. Y en esta historia Uruguay fue muy importante. Nuestra carrera empezó en Buenos Aires y casi en simultáneo en Montevideo. Terminábamos los sábados a la noche acá en Argentina y el domingo a la mañana estábamos viajando a Montevideo. Hacíamos mucha televisión ahí, los grandes conciertos en el Palacio Peñarol, y nos movíamos mucho por toda la costa, en multitud de locales en los balnearios. Trabajábamos mucho a la noche, era todo muy masivo. Era una escena muy fuerte, con una actividad artística, musical y teatral; estaba a la par de Buenos Aires en todo sentido. Son recuerdos muy fuertes. Siento una enorme gratitud con el Uruguay, siempre nos abrió los brazos.

    —¿Qué músicos uruguayos conociste en esas cruzadas?

    —Compartimos con muchos músicos importantes. Incluso íbamos a los boliches a escuchar a algunos como el Negro (Ruben) Rada y los hermanos Fattoruso, que estaban empezando cuando nosotros íbamos seguido. Y cuando escuchamos a Los Shakers no lo podíamos creer. Entre los Beatles y los Shakers no parecía haber diferencias. Eran muy buenos músicos y eran como los Beatles del Río de la Plata. Acá en Buenos Aires muchas grandes figuras llegaban del Uruguay. Siempre estuvimos muy hermanados, es algo que siento siempre. Por eso me gusta tanto ir a cantar a Uruguay. Me dieron mucho cariño en el comienzo y después de tantos años sigo sintiendo ese mismo amor.

    —¿Por qué razón seguís subiendo al escenario?

    —Porque me gusta mucho y fundamentalmente porque puedo. Yo he perdido amigos entrañables porque se descuidaron. Esta es una vida muy agitada y si no te cuidas… Pero, bueno, cada cual hace lo que siente. Yo le agradezco a Dios haber tenido la salud como para estar todavía de pie.

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    Palito Ortega

    Palito Ortega

    —¿Qué te enseñó el revolcón que sufriste con el concierto de Frank Sinatra en el Luna Park en 1982?

    —Fue una calamidad porque ese concierto fue un éxito de público pero por la devaluación del dólar. Cuando llegó Sinatra la moneda valía la mitad que cuando lo contraté. Pero por suerte pude aprender de esa experiencia y además como resultado de esa debacle me fui con mi familia a Estados Unidos y Sinatra me dio una gran mano allá. Me instalé allá, empecé a trabajar por todo Estados Unidos y él me ayudó mucho. A donde iba, ya fuera Nueva York o Las Vegas, se me abrían las puertas y yo sentía que la mano de Sinatra estaba detrás. Los contratos eran increíbles. La cultura de los americanos es tratarte bien si te portás bien, pero si te portás mal te tratan muy mal. Por eso pude salir adelante rápidamente.

    —¿Cómo era Sinatra en el trato personal?

    —Era una persona en público, cuando salía al escenario, y otra en la intimidad. Puertas adentro era como un chico. Mis hijos eran pequeños y a él le encantaba jugar con ellos. Les escondía golosinas en la habitación. Era muy cariñoso. Yo lo veía jugar como un niño y no podía creer que era el mismo tipo que acababa de ser ovacionado en un estadio. Parecía mentira. Después, salía del hotel y ya volvía a poner su cara más conocida. Cambiaba el semblante, se endurecía. Pero con nosotros era de una ternura increíble.

    —¿Y qué te dejó la política después de los 10 años en los que fuiste gobernador de Tucumán y senador nacional?

    —No reniego de esa experiencia. Cuando uno sale de un pueblo como yo salí, con una valija de cartón prestada, y décadas después vuelve a su pueblo, a su provincia, y recibir el honor de ser el gobernador, se siente una emoción muy fuerte. La distancia entre vender diarios de niño y salir en la tapa de esos mismos diarios como primer mandatario es tan enorme, es muy difícil de explicar. La política es un arte muy difícil y tiene muchos tragos amargos también. Yo pude haber llegado a ser candidato a presidente de Argentina, pero la personalidad del presidente (Carlos) Menem era muy especial. Él quería seguir, quería seguir y quería seguir. Era muy difícil seguir adelante en el movimiento peronista con un hombre que estaba así de enamorado del poder y no dejaba lugar a la gente nueva para que pudiera crecer.

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    Palito Ortega

    Palito Ortega

    —¿Y cómo ves la actualidad política argentina en esta segunda mitad del gobierno de Javier Milei?

    —Yo soy un ciudadano más que observo. Creo que Milei puede cometer los errores de un hombre que llegó tan de golpe a esa responsabilidad. Pero lo veo con buenas intenciones. Lo que pasa es que gobernar Argentina es sumamente difícil. Él es economista y los economistas no se detienen tanto en los detalles menores que generalmente tienen que ver con las necesidades de la gente de clase media para abajo. Es difícil tener que lidiar con tantos problemas. Yo quiero que le vaya bien porque si es así le va bien al país.

    —¿Compartís su estilo de gobernar?

    —Bueno, es su personalidad. Cada cual tiene su estilo, que responde a su forma de ser. El mejor presidente que conocí, lejos, fue (Raúl) Alfonsín, una persona con mucha experiencia y muy humano. Después, Menem fue un hombre muy inteligente y con una gran audacia. Cada uno aportó lo que pudo. Algunos le hicieron muy bien al país y otros no tanto. Yo tuve siempre una gran admiración por la política uruguaya, porque han tenido presidentes excelentes, de una tremenda humildad y una enorme franqueza y honestidad.

    —¿Por ejemplo?

    —He admirado a varios presidentes uruguayos, algunos me provocaron envidia y ganas de tener en Argentina un presidente así.

    —¿Concretamente?

    —No quiero dar nombres para no olvidarme de ninguno. ¿Cómo puede ser que un hombre asuma como presidente con un Citroen (Volkswagen) chiquitito y vuelva a su casa después de dejar la presidencia con el mismo Citroen (Volkswagen)?

    —José Mujica.

    —Sí. Fue una medida de humildad para tenerla muy en cuenta. Es muy difícil encontrar esa honestidad en el ambiente político, encontrar gente con esas condiciones humanas, con ese sentimiento; siento una profunda admiración por ese tamaño de persona.

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    Palito Ortega

    Palito Ortega

    —¿Cómo fue la experiencia fraternal con Charly García en el período en el que te lo llevaste a vivir contigo?

    —Mi experiencia con Charly es de una gran admiración. Charly fue una figura sobresaliente del rock nacional. En el comienzo de ese movimiento los rockeros ponían distancia con lo que ellos llamaban los nuevoleros (por la nueva ola). A Charly lo vi por primera vez en mi vida en un juzgado (ríe). Le tuve que iniciar un juicio por difamación y nos encontramos en la audiencia. Cuando nos cruzamos me dijo: “Che, ¡no nos peleemos más!” (ríe). Y yo le dije: “¡Sos vos el que anda peleando, haciendo lío, diciendo esas cosas!”. A partir de ese día nació una muy buena relación y, cuando muchos años después él estaba en un momento muy difícil de salud, lo fui a visitar a un sanatorio y él se incorporó, me dio un abrazo y al oído me dijo: “Sacame de acá, por favor”. Entonces primero le dije a mi familia que iba a darle una mano a una persona que necesitaba mi apoyo, les pedí que me ayudaran a ver cómo nos arreglábamos, y me lo traje para la casa que tenía acá afuera, en Luján, en la provincia de Buenos Aires. Mi familia nos dejó la casa totalmente libre, y dejaron la casa sola. El caso de Charly estaba judicializado y le pedí a la Justicia que pusiera un profesional de la salud a cargo del tratamiento y la medicación. Ahí estuvimos un año entero, haciendo yo de una especie de terapeuta, que no lo soy pero, bueno, lo fui. Porque esos tratamientos tienen días y días, y hay momentos muy difíciles, en los que hay que estar ahí siempre.

    —Fuiste como un padre en ese momento…

    —Algo así. Después de un año, un día salimos a comer a la ciudad y pasamos frente a la basílica y le digo: “Charly, te voy a armar un escenario en la puerta de la iglesia para que tu primera gran aparición con tu música sea en ese lugar, como un agradecimiento a la Virgen de Luján porque te estás recuperando muy bien y estás saliendo adelante”. Él me miró de costado como diciendo “este tipo está loco”. Le armé el escenario en la puerta de la basílica y le dije que no anunciáramos el concierto, que quería poner los parlantes a toda potencia, con el mejor sonido, y largar con su música para que todo Luján se despertara con Charly García. Le dije: “Lo vamos a hacer a las siete de la mañana”. Y él me miró y me dijo: “Mejor lo hacemos a las siete de la tarde” (risas). Lo hicimos a las siete de la tarde y fue impresionante. A los 10 minutos la plaza de Luján era un gentío enorme. Esa fue su reaparición después de un largo año.

    —Le alargaste la vida 20 años…

    —No sé… Pero pude estar al lado de una persona que admiré siempre. Porque yo creo que muy poca gente sabe la dimensión de músico que es Charly. La mamá me contó que a los 12 años lo querían llevar a Europa a dar conciertos de música clásica. Era increíble. Cuando no podía conciliar el sueño en mi casa de Luján se iba al estudio casero que yo tenía ahí, prendíamos todo y él se sentaba al piano. Yo nunca en mi vida escuché tanta música clásica como en ese tiempo. Después yo le pedía que se diera vuelta y tocaba una nota en el piano. “La”, me decía. ¡Y era la! “Sol”. ¡Y era sol! Así jugábamos con su oído absoluto, que es algo increíble.

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    Palito Ortega

    Palito Ortega

    —Después te diste el gusto de grabar Popotitos con él en tu disco Rock & Roll (2015).

    —Ya a esa altura había disfrutado mucho de esas noches de insomnio hasta altas horas en el piano. Tocaba Mozart, Chopin, cantaba en inglés, hacía mil versiones de Los Beatles porque tenía una gran admiración por John Lennon. Fue una de las experiencias más lindas de mi vida. Fue un gran encuentro. A veces en la vida te toca ser ayudado, como me pasó con Sinatra, y te toca ayudar, como me pasó con Charly. Los músicos más importantes de Argentina le deben mucho a Charly. Todos hemos disfrutado tanto de su música que no hay agradecimiento posible. Todos los grandes músicos argentinos, desde Mercedes Sosa para abajo, fueron a verlo en ese año a Luján. Se sentaban con él en el estudio y cantaban, y yo estaba ahí de testigo, sentado, viendo esa maravilla que es irrepetible.

    —Un aspecto de tu vida no tan conocido es tu relación con (el legendario jockey uruguayo) Irineo Leguisamo, con quien tuviste in vínculo casi filial. ¿Cómo es esa historia?

    —Yo conocí a Irineo hace muchísimos años, yo aún era joven. Su señora, Delia Viani, hacía mucha beneficencia y un día me invitaron a un festival a beneficio de un colegio cuyo padrino era Leguisamo. Yo voy a cantar, por supuesto que en forma honoraria, y ellos en agradecimiento me invitan un día a almorzar en su casa. Ellos no tenían hijos, y yo no recuerdo cómo venía la conversación, pero les comenté mi fecha de nacimiento, el 8 de marzo de 1941. Ellos se miraron, se les llenaron los ojos de lágrimas a los dos y me contaron que el único embarazo que ella había tenido lo perdió en estado avanzado, era un varón y tenía que haber nacido en marzo de 1941. Ellos me relacionaron con ese triste acontecimiento y decidieron que desde ese momento yo era el hijo que no habían podido tener. Ese día decidieron presentarse ante un escribano público para hacer un testamento en el que me nombraron su heredero universal. A partir de ahí nunca más fui ni Palito ni Ramón: para ellos siempre fui “hijo”. “hijo, tal cosa, hijo, tal otra”. Yo iba a comer con ellos un día a la semana y ella un día antes me llamaba: “Hijo, ¿qué querés comer mañana?”. Me mimaban mucho, yo los trataba de papi y mami también. Leguizamo se despidió de su enorme carrera profesional (en 1974, a los 70 años de edad, tras correr durante 57 años) con un caballo mío. Cuando salió a pasear por la pista, antes de la carrera, alguien le gritó: “¡Che, Leguisamo, vos le corrías los caballos (Carlos) Gardel y ahora le corrés a Palito Ortega!”. Irineo se le fue arriba y yo tenía miedo de que le diera un fustazo. Irineo falleció en 1985 y ella poco después, ese mismo año. Cuando fallecieron se abrió el testamento y ahí estaba mi nombre como único heredero. Así es que tengo su fusta de oro acá en mi casa.

    —Nombraste a Gardel, y Leguisamo era como un hermano para él. ¿Heredaste cosas de Gardel?

    —Irineo me contó muchas cosas de Gardel. Pero teníamos que estar solos. En público no me contaba nada. Leguisamo fue con Gardel a Europa varias veces. En Francia una señora le regaló un auto de lujo a Gardel y salió a manejarlo por los Champs-Élysées con Leguisamo y la gente se paraba a mirarlos y a aplaudirlos. Tengo pañuelos de cuello y tres corbatas de Gardel. ¿Por qué? Porque Gardel pasaba a buscar a Irineo para irse de farra y Leguisamo le veía la corbata y le decía: “Pero qué te pusiste, Carlos, esa corbata no te va con ese traje”. Y Gardel se sacaba la que tenía y se ponía una de Irineo. Y ahí quedaba la corbata de Carlos. Y me quedaron a mí. Además tengo fotos de Gardel con esas mismas corbatas.

    Embed - Palito Ortega - Popotitos (Official Audio)

    —¿Te llegó a contar algo Leguisamo sobre lo que Gardel pensaba de su propio origen?

    —Gardel nació en Toulouse y, cuando vino con su madre, el primer país donde desembarcaron fue Uruguay. De ahí viene la historia de por qué Gardel tiene documentos y una partida de nacimiento que dice que es uruguayo. Porque si él decía que era francés tenía que cumplir con el servicio militar en Francia, y eso era lo último que Gardel quería, con Europa en guerra. Por eso él tuvo una partida de nacimiento que dice que nació en Tacuarembó y por eso viajó con documentos como ciudadano uruguayo.

    —¿A vos te consta que Gardel haya asumido su origen en Tacuarembó?

    —No, porque está publicada la página donde está asentado su nacimiento en Toulouse, en un registro civil.

    —¿Y qué opinás de la tesis de que Gardel nació en Tacuarembó?

    —Y bueno, en realidad, casi casi es uruguayo. Su primer hogar al salir de Francia fue en Uruguay. Fue a la escuela en Montevideo, antes de que su madre se viniera con él a Buenos Aires. Él vivió un tiempo en Uruguay y en el fondo se sentía uruguayo. Según Leguisamo él tenía un departamento en Montevideo frente a la playa y dos por tres se iban a ese departamento que Leguisamo me pintó mil veces.

    —Algunos dicen incluso que eran hermanos de sangre…

    —Hasta ahí él no llegó. Más que de sangre, eran hermanos del alma.

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    El legendario cantautor argentino presentará el concierto Un muchacho como yo el domingo 31 en el Auditorio Adela Reta

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