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    Educación especial para todos

    Sr. Director:

    La educación de nuestros niños y adolescentes más destacados por su inteligencia y habilidades espirituales. 1. Introito. Con la afortunada instalación en los medios y organismos nacionales e internacionales especializados de la discusión sobre temas de educación (entre otros, Búsqueda Nº 1.750, pág. 16), vemos que predomina la preocupación por la educación especial de los niños y adolescentes más desfavorecidos social y económicamente, independientemente de sus capacidades, a fin de poder lograr la igualdad de oportunidades. Está muy bien, porque es justo y conforme con nuestra democracia republicana, pero con la reserva de que, por similares fundamentos, no se deben olvidar las especialidades o particularidades que también debe tener la educación de los niños y adolescentes más capacitados en las diversas áreas del aprendizaje de aptitudes en general (por capacidades entiendo todas las aptitudes de la inteligencia y del espíritu susceptibles de desarrollo, acrecentamiento y aprovechamiento individual y social). Ello porque estamos en un ambiente social que, además de ser demográficamente un deficitario crónico, es, por lo mismo, entre otras causas y en general, de ideología tradicionalmente adversa a quienes legítimamente se destacan per se, tendencia ideológica que parece haberse acrecentado en la última década. Recuerdo mi respuesta a un reciente censo telefónico a la difícil pregunta: ¿cómo hubiera deseado que fuesen sus hijos? Aquí —respondí—, hubiera deseado hijos poco inteligentes, buenos y sin afán o posibilidades de destaque, sanos y moderadamente trabajadores. ¿Por qué?, me preguntó sorprendida la encuestadora. “Porque en nuestra sociedad —contesté— creo que predomina una concepción y acción generalizadas en contra de las inteligencias y espíritus que se destacan en las diferentes áreas del saber, sin que exista una preparación apropiada para los niños y adolescentes que los tienen, a fin de que puedan defenderse y enfrentar esa mala tendencia social que puede conllevar a la frustración de sus legítimas expectativas en algún momento de su vida laboral”. Con el paso del tiempo, esa tendencia —a mi juicio— ha crecido y, por ende, he afirmado estas ideas. En nuestra sociedad, el ninguneo, el acoso, la descalificación sistemática, explícita o —peor aún— silenciosa contra el que se manifiesta más inteligente y destacado o simplemente del que cree que lo es (similar al círculo de baba que la cabra le hace silenciosamente a la serpiente para matarla) y el bloqueo social e institucional que, en general, sufren por obra de los mediocres, es un pseudo deporte nacional tan o más practicado y sucio que esa suerte de pandemonium en que se ha transformado el que llamamos fútbol.

    De modo que, como creo haberlo referido cuando aclaré mi última respuesta a la encuestadora, “los niños con capacidades especiales y destacadas o con posibilidades de destaque social, además de recibir la educación común y normal de todos, deben ser preparados para enfrentar con posibilidades de éxito las múltiples jaurías sociales de mediocres que, como ‘hobbesianos’ lobos hambrientos, no desean otra cosa que el fracaso social de los más capaces y destacados para poder ‘prosperar’ solo ellos en la superficie de la sociedad”. Y mientras dicha educación especial para los más capaces y destacados o destacables no exista y tenga resultados acordes positivos, lo que parece difícil que ocurra en estos tiempos políticos y culturales, seguiré pensando que de haber tenido hijos aquí, los hubiera deseado como se lo dije a la encuestadora: poco inteligentes, buenos, sin afán de destaque, sanos y moderadamente trabajadores. (Si fueran muy trabajadores habría envidia y guerra solapada y sucia contra ellos, lo que podría frustrarlos).

    2. La razón de ser de las educaciones especiales y su recíproca complementación para mejorar las habilidades que redundarán en la plena satisfacción vocacional del educando y el mejoramiento de la sociedad en su conjunto. La insistencia en la educación especialmente personalizada para los niños más desfavorecidos social y económicamente o con necesidades educativas especiales, sin referencia a las capacidades de los demás o de otros, en general, desde la perspectiva de educar para potenciar y hacer aflorar y desarrollar las capacidades de todos, pero especialmente de los más aptos o capaces, implica una parcialización de un grande, profundo y añejo tema o problema educativo. Escribió Aristóteles que “los hombres se hacen y son virtuosos, ya por naturaleza, ya por hábito, ya por educación. La disposición natural no depende de nosotros… se encuentra en ciertos hombres que tienen… una suerte dichosa… es preciso que el hombre, para que sea un día virtuoso, haya sido al principio bien educado y haya contraído buenos hábitos; si es preciso que después continúe viviendo y ocupándose en cosas dignas de alabanza, sin causar nunca mal ni por voluntad ni por fuerza, no se pueden alcanzar nunca estos resultados admirables si… no son obligados por una cierta dirección de la inteligencia o por cierto orden regular que tenga el poder de hacerse obedecer”. Poder coercitivo que él percibía en la legislación y que desarrolló en su política. (Moral, a Nicómaco, Cap. X “Importancia de la Teoría y de la Práctica”). Ahora bien. Esa educación especial para los niños y adolescentes más desfavorecidos, que está muy bien, no solamente no se opone a la educación especial para los más destacados y capaces a que me referí antes (para prepararlos para enfrentar con éxito la competencia desleal de los otros), sino que se trata de dos caras de una educación especial y personalizada que se complementan y que deben imponerse por actos democráticos de autoridad. Si así no fuera, como todo parece indicarlo, al favorecerse exclusivamente la educación de los más desfavorecidos social, económica y naturalmente, sin referencia alguna a las capacidades de los otros que deberían prevalecer, no se hará otra cosa que acentuar aún más esa tendencia social negativa e institucionalizada hacia la “mediocracia”, fundada en la envidia y competencia desleal de los mediocres contra los que no lo son. Y sin hablar de las dolorosas frustraciones individuales que esta tendencia genera, con pérdidas irreversibles de inteligencia y espíritu que deberían satisfacer a sus portadores y estar al servicio de todos, continuará perdiendo cada vez más la sociedad en su conjunto.

    Harina de otro costal, pero muy asociada al problema educativo y social examinado, son —a nuestro juicio— las contradictorias y poco meditadas ideas para una política demográfica que maneja la OPP, en el sentido de que es bueno que los uruguayos seamos pocos y la baja fecundidad de la clase media (aunque se admita el flujo de algún contingente de inmigrantes) y la necesidad y mejores posibilidades de desarrollo económico si seguimos siendo pocos habitantes. (Búsqueda Nº 1.750, contratapa).

    Prof. Dr. Luis Benjamín Manzoni Rubio

    CI 1.785.089-6