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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA pesar de la clásica modorra de enero, estamos impactados. Hechos distintos, pero con el común denominador de tener a la Justicia como protagonista, han despertado numerosas muestras de indignación en diversos medios.
En efecto, nos referimos al sonado episodio del abigeato vip y del intento de robo de una bicicleta en Malvín.
Muy distintos casos, por la magnitud del matute y la cantidad y calidad de involucrados. El abigeato se laudó con una “reparación” satisfactoria para la víctima. La contraparte para los imputados: no hay pena, no quedan antecedentes. Se nos dice y tuitea, por parte de los operadores, que está previsto en el nuevo CPP (bueno fuera que no lo sea), y el fiscal Negro plantea la falsa oposición de cárcel o reparación. En este como en tantos casos recientes, no es discutir la herramienta del CPP, sino el uso que de ella hacen los operadores. En este episodio queda la sensación generalizada de que los peces gordos, a los que tanto cuesta agarrar, por pruebas y buena defensa siempre salen ilesos o casi. No, Sr. Fiscal Negro, no es uno u otro, se trata de reparar y castigar. Ambas. Negociar con justo equilibrio, teniendo presente que no es un tema solo entre particulares, hay señales que la sociedad mira. Esta podría ser: vale la pena el delito; si te agarran, zafás. El crimen paga.
El episodio de la bicicleta malvinense, aparentemente menor, agarrado in fraganti por la gente de Prefectura, fue rápidamente liberado por la expresidenta Brenda Puppo. Ya en ejercicio de sus exfunciones presidenciales nos había explicado que estaba dispuesta a casi todo para evitar un juicio oral. La razón era la del artillero: tenía mucho trabajo y no daba abasto. ¿La Justicia? Bien, gracias. En este episodio nos explica que por el principio de oportunidad, el CPP le permite dejarlo libre. Otra vez, que el CPP permita en determinadas circunstancias generales, no quiere decir que la obliga a hacerlo en este caso específico. Aquí, este muchacho, con antecedentes, mayor, queda libre sin formalizar nada. La señal es la misma que en el abigeato, pero para otro público: vale la pena el robo; si sale mal, luego saldrá bien.
No se precisa ser abogado para discrepar con fundamento con estos criterios. Es un tema jurídico pero también moral. También hay que solucionar la motivación ciega de los fiscales por acordar siempre a como dé lugar. Luego salen a explicar, lo que indigna más.
PO