El comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, está satisfecho. No oculta su orgullo por el comportamiento de los efectivos de las Fuerzas Armadas, que a principios de año tuvieron un rol destacado en varias situaciones de emergencia para el país, ya fuera levantando la basura o asistiendo a los inundados.
El general entiende que estas y otras acciones “acercan a la fuerza con la gente”, un contacto que es “fundamental” que no se pierda. Para Manini, la sociedad “vio” y “sabe” que si se le da una misión, el Ejército “la va a cumplir”. (Ver nota en página 11)
Pero Manini es consciente de que, pese a esas acciones, una parte de la sociedad los sigue mirando con ojos críticos por su papel durante la dictadura (1973-1985). Aunque reconoció que el Ejército dejó una “herida profunda”, Manini sostuvo que son “los primeros interesados en curarla”. El problema, dijo, es que “no se encuentran los cuerpos” de los desaparecidos donde “se supone que están”.
El comandante aseguró que la fuerza que lidera “reconoció sus errores” en más de una oportunidad y que no es el único que debería hacer un “mea culpa”.
“Seguir pidiéndole cuentas a estos integrantes del Ejército por lo que pasó hace 40 años... Está bien, es historia reciente en términos relativos, pero es casi lo mismo que pedir cuentas por lo que hicimos en la guerra del Paraguay. Ahí el Ejército hizo un montón de salvajadas, y sin embargo es historia, se terminó”, dijo el comandante. Y añadió minutos después: “Sería un atrevido si me pongo a juzgar lo que otros hicieron en aquella situación con las presiones de aquella época. Lo que no me cabe duda es que la cabeza de nuestros oficiales es muy distinta a la de hace 40 o 50 años”.
A continuación un fragmento de la entrevista que mantuvo con Búsqueda
—¿Qué balance hace de la participación del Ejército en actividades como la recolección de basura o la ayuda a los inundados?
—El Ejército tiene una misión principal que está marcada en la normativa jurídica que nos rige y en particular en la Ley Marco de Defensa votada en 2010. Esa misión principal habla de la defensa de la soberanía, la integridad territorial, los recursos estratégicos y para ello se prepara diariamente el Ejército. A su vez tiene otras misiones que hablan de cosas que por su idoneidad o necesidad pública le sean asignadas por el Poder Ejecutivo, y para las que tenemos que estar en condiciones de actuar. Este otro tipo de misiones, a las que llamamos subsidiarias, abarca, una amplia gama. En ese marco se prestó servicio en las inundaciones al norte del país, donde pusimos de manifiesto nuestras capacidades, y se pudo actuar con bastante eficiencia y eficacia, a tal punto que toda la sociedad lo ha reconocido. También fuimos convocados por el Sistema Nacional de Emergencias (SNE) a fin de año para recoger la basura en Montevideo.
—Muchos militares entienden que se recurre al Ejército cuando otras instituciones fallan y que esta fuerza tiene la capacidad de “hacer las cosas” ¿Coincide con este análisis?
—El Ejército está formado para cumplir las misiones. Se nos traza un objetivo y desde que somos cadetes entrenamos y nos preparamos para cumplir con los objetivos. Si se nos dice: “Hay que limpiar la basura”, no tenemos dos opciones. Eso lo sabe la sociedad, si se nos da una misión la vamos a cumplir. Y eso fue lo que la gente vio.
—¿Cómo se mantiene un espíritu unido dentro de la tropa cuando tienen que hacer el trabajo de otros y tienen salarios más bajos?
—Con mucha disciplina, fomentando el espíritu militar y de cuerpo. Esa cohesión hace que uno pueda decirles a los soldados: “devuelva su pasaje de fin de año y año nuevo que hay que levantar la basura de Montevideo” y que no haya habido ni un solo caso de insubordinación.
—¿Se puede asegurar que en el futuro la disciplina militar seguirá evitando insubordinaciones?
—Hasta ahora fue así. Tengo que pensar que con la disciplina y la preparación, el soldado está preparado para soportar cualquier contrariedad. Inclusive estos sueldos sumergidos. Pero eso no quita que desde que asumí, mi preocupación ha sido cambiar esta realidad salarial porque es un tema de justicia social.
—¿Cómo repercute el pasado reciente y la dictadura en la imagen que busca dar el Ejército de una institución cercana a la sociedad? Usted dijo en “En Perspectiva” que eran “instituciones diferentes” ¿Qué significa eso?
—El Ejército es el mismo. Los que son diferentes son sus integrantes. Más del 95% de los integrantes actuales del Ejército no eran ingresados y más de la mitad no eran nacidos en el momento de estos hechos. Seguir pidiéndoles cuentas a estos integrantes del Ejército por lo que pasó hace 40 años... Está bien, es historia reciente en términos relativos, pero es casi lo mismo que pedir cuentas por lo que hicimos en la guerra del Paraguay. Ahí el Ejército hizo un montón de salvajadas, y sin embargo es historia, se terminó. Seguirle pasando cuentas a una institución por lo que hizo en el tiempo, por lo que hizo en otra época, no le veo sentido y menos aún cuando es evidente que la sociedad necesita de todas sus fuerzas para salir adelante.
Hoy se necesita a una institución que esté bien equipada, bien entrenada y reconocida y apoyada por la gente para poder cumplir de la mejor manera posible las misiones que se le piden.
Por otra parte, es evidente que el Ejército está colaborando todo lo posible con los grupos que se formaron para llegar a la verdad, estamos aportando la información que se nos requiere, estamos colaborando con los que están excavando en los cuarteles. Nadie puede decir lo contrario. Estamos haciendo todos los esfuerzos para tratar de restañar esa herida que sabemos que fue profunda, pero que somos los primeros interesados en curarla y en superarla.
—En esa misma nota hablaba de que buscan colaborar pero que chocan contra “la realidad”. ¿A qué se refiere?
—La realidad es que no se encuentra lo que se está buscando, no se encuentran los cuerpos. Estamos siguiendo todas las informaciones que se reciben pero la realidad es que no están los cuerpos donde se supone que deberían estar. Entonces si no aparecen, no podemos superar ese problema. A mí me encantaría poder llegar a un lugar, decir excaven acá y que aparezcan. Somos los primeros interesados en que aparezca lo que tenga que aparecer y poder así dar vuelta la página.
—Decía que la gente que integra el Ejército hoy es diferente a la que lo integró en el pasado. ¿Usted como jefe del Ejército habría tomado las mismas decisiones en 1972 o los años siguientes de la dictadura?
—Es muy difícil ponerse uno en otra época. Sería un atrevido si me pongo a juzgar lo que otros hicieron en aquella situación con las presiones de aquella época. Lo que no me cabe duda es que la cabeza de nuestros oficiales es muy distinta a la de hace 40 o 50 años. La situación hoy es muy distinta.
—¿Y cómo cae esta diferenciación entre los oficiales retirados, muchos de los que eran efectivos durante la dictadura?
—Tienen el suficiente discernimiento para darse cuenta de que los tiempos cambiaron. Las actuales generaciones militares no nos planteamos qué hubiéramos hecho de haber estado en aquella situación, porque estamos en otra época. Pero las generaciones anteriores también se dan cuenta y entienden perfectamente que no pueden hacer que las nuevas generaciones tengan que seguir ancladas en el pasado. Ese fue un pasado de fractura en la sociedad uruguaya y hoy todos los orientales precisamos estar unidos y trabajar hacia adelante. Entonces: ¿qué ganamos con revivir la fractura de hace cuatro décadas?
—Aunque la época sea otra, ¿no cree que el Ejército debería hacer un “mea culpa” que permita esa unión social a la que hace mención?
—El Ejército ya ha reconocido sus errores en más de una oportunidad. En 1986, recién retornada la democracia, el entonces comandante en jefe del Ejército, general Hugo Medina, dijo que el Ejército “perdió los puntos de referencia”. Se reconocieron los errores ya en ese momento y en otras varias oportunidades se habló de las cosas que se hicieron mal. Ahora, ese “mea culpa” del que me habla, creo sinceramente que no es solo el Ejército el que debería hacerlo.