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    El Frente Amplio debe enfrentar con más firmeza los “amiguismos”, “clientelismos” y “atajos” que aparecen en las “esferas de poder”

    El caso Bengoa “deja enseñanzas y una dura lección”, sostuvo el director de la DGI y dirigente del Frente Líber Seregni

    A sus 38 años, Pablo Ferreri, el contador que comanda la Dirección General Impositiva (DGI), es uno de los más jóvenes integrantes de la dirección del Frente Liber Seregni (FLS) y del Nuevo Espacio y asesora económicamente al principal precandidato presidencial oficialista Tabaré Vázquez. Sus halagos a la situación actual y al desempeño del Poder Ejecutivo son varios pero también las críticas. “Hemos escondido una inercia de situaciones nunca evaluadas, nunca ponderadas, nunca comparadas con otras realidades similares”, sostiene en referencia a la educación.

    Fanático de la serie “House of Cards” que exhibe Netflix en su grilla —“en esencia hay muchas cosas similares en cuanto a cómo entran en juego los egos, las envidias y las operaciones políticas (...) más allá de situaciones exageradas”— Ferreri advierte al hablar de política y no de impuestos del peligro de los “amiguismos, gauchadas (y) clientelismos” que circundan el poder y asegura que el caso que involucró al ex titular de Casinos, Juan Carlos Bengoa, “deja enseñanzas y una dura lección”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Ferreri mantuvo con Búsqueda.

    ¿Para qué le parece que el Frente Amplio quiere un tercer gobierno y por qué existe en el FLS esa visión de que son casi imprescindibles para lograr una buena gestión? 

    —Imprescindible no hay nadie, lo único imprescindible es el Frente Amplio como proyecto político para que los uruguayos vivan mejor. La izquierda para ganar precisa de todos los sectores, de todas las sensibilidades y que a todos les vaya bien pero requiere como condición sine qua non de que el FLS vote muy bien. Pongámonos un minuto a pensar si el Frente Amplio hubiera ganado el gobierno sin un FLS fuerte y pujante.

    ¿Que hubiera pasado?

    —En el Frente nos precisamos todos y creo que el FLS juega un papel relevante. No se trata solo de ganar sino de gobernar y un tercer gobierno del Frente no puede ser más de lo mismo, tiene que ser de continuidad y cambio. Y no estoy hablando de un cambio natural, evolutivo, sino de expresar en cambios los aspectos autocríticos a los que estamos obligados para ser progresistas y de izquierda. Uruguay necesita seguir avanzando con un gobierno del Frente, mejorando la gestión, la planificación estratégica, el rumbo del proyecto nacional que se basa en un eje central, como todos los países, en la política económica y social. Y en ese plano el aporte del FLS ha sido en estos nueve años fundamental. Mire, asegurar otro gobierno progresista tiene que ver también con determinados conceptos y valores democráticos y que forman parte del “clima o de la subjetividad”. Al margen de lo cambios radicales en nuestra sociedad generados por la revolución científica y tecnológica, el año que viene habrán pasado 30 años de la recuperación democrática y 26 años de la caída del muro de Berlín, la izquierda habrá gobernado por 25 años la capital y por 10 años el país. Por tanto creo hoy, más que nunca, que es necesario, casi como si fuera un credo religioso, defender conceptualmente, desde la ideología, el valor del sistema republicano y democrático de gobierno. Hoy más que nunca tenemos que estar siempre atentos a pelear contra la tentación de los atajos que se nos ofrecen permanentemente en las esferas del poder. Y esto puede tener expresiones muy micro, amiguismos, gauchadas, clientelismos, pero también expresiones en temas más grandes y complicados como el valor que le asignamos a las instituciones y al cumplimiento de las leyes. Esto tiene que ver con la credibilidad que tenemos como país. No hay nada más de izquierda hoy que mantener un país con reglas de juego claras y que se respetan.

    —Habló de “amiguismos” y “gauchadas”. ¿Qué opinión le merece por ejemplo, como integrante del astorismo, la condena de la Justicia al ex director de Casinos, Juan Carlos Bengoa?

    —Desconozco los pormenores del caso Bengoa. Sé que la condena fue asumida como tal, con la seriedad y la responsabilidad que corresponde y se hicieron las valoraciones críticas correspondientes. Nos deja enseñanzas y una dura lección. Mire, además de regirse por el derecho y las normas, los gobernantes debemos gestionar con eficiencia los recursos públicos y no decir “igual la llevamos, igual la atamos con alambre”. Ser eficiente es en definitiva cuidar el bolsillo de los ciudadanos, saber utilizar el tiempo, los recursos públicos y gestionar con rigor. En un tercer gobierno progresista debemos poner todo nuestro esfuerzo por mejorar el ritmo, mejorar la gestión y mejorar la calidad de nuestro trabajo.

    —¿El resto del Frente es ineficiente gobernando o “la ata con alambre”?

    —Eso no solo es falso sino también una simplificación que creo no corresponde. Lo cierto es que, modestamente, entiendo que nuestro sector ha jugado un papel relevante en la conducción económica de los gobiernos de Tabaré Vázquez y José Mujica. Obviamente las políticas aplicadas han estado guiadas por programas oportunamente discutidos y adoptados por nuestra fuerza política. Pero no debemos obviar que las responsabilidades ejecutivas en el manejo de la política económica han estado directamente asociadas al trabajo de un grupo de compañeros que militan en el FLS. Todo el Uruguay sabe quién dirigió y quién dio las orientaciones fundamentales de la política económica, política económica de izquierda que generó crecimiento y bienestar, junto con mayor equidad. Los uruguayos, confío, elegiremos por asegurar el futuro, sin retroceder al país gris y conservador de la derecha, ni soñar con atajos imposibles ni supuestos giros a la izquierda.

    —La educación aparece como una de las principales preocupaciones de los uruguayos y parece haber cierto consenso, aunque con matices, dentro del oficialismo en que hay problemas. ¿Cómo se resuelven esas deficiencias? 

    —La más potente herramienta que permitirá a todos los uruguayos apropiarse de la cuota parte de prosperidad que les corresponde, es la educación, y por lo tanto la mejora notoria de la calidad de la misma es el desafío fundamental del Uruguay que se viene. Pero también es importante recordar que hay quienes pretenden discutir sobre la realidad actual de la educación pública perdiendo de vista el contexto histórico. Cuando llegamos al gobierno en 2005, la dotación de recursos aplicados a la educación pública era notoriamente insuficiente. Esa escasa asignación de recursos reflejaba la valoración que la derecha en el gobierno tenía sobre la educación. Los bajísimos niveles de salario docente y la magra inversión en materia educativa eran componentes problemáticos de la situación imperante hace casi una década atrás. Nos tocó iniciar un proceso de transformación de la educación pública haciéndonos cargo y pagando una cuantiosa deuda histórica. 

    —La visión de la izquierda sobre lo que ustedes denominan “herencia maldita” es conocida. ¿Pero eso explica los problemas actuales? 

    —En absoluto. Ahora ha llegado el momento de exigir resultados que vayan de la mano con el esfuerzo económico que el país ha realizado y que debe seguir realizando. Es necesario entender que una transformación profunda, relevante, se hace con todos los actores empujando del carro. No es concebible una transformación de la educación con los docentes en contra, pero eso no implica dejar de tener como precepto fundamental que el centro de la educación es el alumno. El objetivo central de la política educativa de izquierda debe ser la promoción del estudiante y efectivizar su derecho a la educación pública de calidad en cualquier lugar del país y en cualquier etapa de su vida. Nos resistimos a discutir la educación a partir de porcentajes, es reductivo y peligroso, hay que discutir y analizar desde los resultados que nos proponemos, concretos y los medios para alcanzarlos.

    —¿Hay aspectos de la institucionalidad educativa que deberían ser puestos en discusión?

    —Hay conceptos que tenemos que discutir. Por ejemplo la autonomía técnica es una cosa, y definir las orientaciones políticas de la educación es otra. La legitimidad democrática para decidir las políticas educativas está en el gobierno y en el Parlamento. Atrás de la autonomía del sistema educativo, incluida la Universidad, el sistema político y en particular la izquierda hemos escondido una inercia de situaciones nunca evaluadas, nunca ponderadas, nunca comparadas con otras realidades similares. A mí como contribuyente me gustaría conocer no solo en qué se gastan los recursos sino también cómo se gastan, y si no es posible hacerlo mejor. También para llevar adelante procesos tan profundos se requiere de liderazgos y una preocupación muy fuerte por la calidad de la gestión, no puede dar lo mismo hacer las cosas bien que mal. Y en eso la elección de los responsables es fundamental. El cambio que se logró con Wilson Netto en el Codicen y con Celsa Puente en Secundaria lo demuestran.

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