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    El MSP creó una comisión para estudiar la refundación del Clínicas y aguarda por un proyecto consensuado entre médicos y funcionarios

    “La huelga se levanta pero la lucha sigue”, se lee en un enorme cartel que está bien enfrente a otro que parece olvidado en un rincón desde hace demasiados años y tiene la cara del ex presidente de Estados Unidos, George Bush, encerrada en un símbolo de prohibido. “Fuera Bush”, dice. En el piso hay colillas y cajas de cigarros, papeles, mugre. Entre los dos carteles, un hombre de la calle con un crucifijo colgando en su pecho custodia una bolsa de arpillera con todas sus cosas y se hamaca en vaivén sobre el borde de una de las escaleras del hall de entrada. Unos metros más allá hay un paciente sentado en una silla de ruedas. Está solo. Sus dedos flacos y torcidos sostienen su cabeza, así como si estuviera pensando en algo, pero su mirada está perdida y clavada en el suelo desde hace un buen rato. Unos niños con túnica y moña corretean a su lado. La gente entra y sale apurada. Bienvenidos al Hospital de Clínicas.

    Todos los años se ubica a esta gran mole de cemento en el centro de alguna polémica. O es que no hay plata para comprar insumos médicos básicos, o que los funcionarios tomaron alguna medida de lucha que resiente la asistencia, o que algún alto dirigente político dice que hay que tirarlo y hacerlo de nuevo. El último que lo dijo fue el ex presidente Jorge Batlle. Pero no es el único que lo piensa. El presidente del Sindicato Médico del Uruguay (SMU), Julio Trostchansky, ha dicho que hay que dejar de mirar al Clínicas como una “vaca sagrada” y es uno de los que propone estudiar la viabilidad de mudar su estructura al Edificio Libertad, donde hoy funcionan las oficinas de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Lo otro que puede ocurrir para que el hospital universitario se salpique una vez más de polémica y conflicto, es que aparezca un proyecto para refundarlo. Y eso fue lo que pasó hace unas semanas.

    El lunes 13 de abril la Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas (UTHC) se declaró en huelga para rechazar un documento propuesto por técnicos de la Universidad de la República para reformular su gestión e incluir al centro asistencial dentro del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), algo en lo que todos los actores involucrados están de acuerdo y entienden necesario. El tema es la forma, el cómo. A los funcionarios no médicos no les gustó la forma y el cómo. Y por eso tomaron la medida de paro que mantuvieron durante tres días. “Fue una huelga contra las ideas”, se quejó una fuente médica consultada por Búsqueda. “Fue un suicidio político: pararon contra nada y levantaron la huelga a cambio de nada”, agregó. Lo que dejó la breve paralización fue un nuevo capítulo de la permanente tensión entre médicos y enfermeros del Clínicas —con usuarios de rehenes— mientras el Poder Ejecutivo mira de afuera y espera por un proyecto consensuado antes de intervenir para lavarle la cara al hospital.

    El “hospital del pueblo” o la “escuelita empresarial”.

    En el Ministerio de Salud Pública (MSP) se instaló un grupo de trabajo coordinado por el ex presidente del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) Martín Rebella e integrado por representantes de los ministerios de Economía y de Transporte y Obras Públicas y de ASSE. Su finalidad es estudiar las propuestas que le lleguen para refundar el hospital universitario y concretar su integración al SNIS. Pero hasta el momento la pelota no está en su cancha. El proyecto que generó la polémica con los funcionarios aún está en etapa preliminar y el gobierno espera que se zanjen las discusiones y les llegue una propuesta “clara y seria” antes de tomar cualquier decisión sobre el futuro del Clínicas, indicaron fuentes políticas.

    Lo que propone el documento en uno de sus principales puntos es revisar la gobernanza y la gestión del hospital. Ese es un foco de discordia. Se mantiene como hospital universitario pero busca cambiar radicalmente su conducción. “No se puede gestionar y gobernar como una facultad. El concepto es que se termine la cogestión y que exista un cogobierno para dirimir las grandes políticas y líneas estratégicas. Pero la gestión la lleva a cargo una dirección robusta, fortalecida, que gestione sin la burocracia y demoras que existen hoy”, explicó a Búsqueda una fuente médica vinculada al proyecto. Señaló que los funcionarios agremiados en la UTHC se oponen a esto porque “sienten que pierden poder” en las decisiones diarias del centro asistencial. María Montañés, dirigente del gremio, rechazó esa acusación y denunció que el modelo propuesto abre las puertas a las ventas de servicios o contratos con terceros, a la “mercantilización” del hospital.

    El otro punto conflictivo refiere a las prestaciones y a la población a atender. El documento propone que sean usuarios georrefenciados por zonas, entre 150.000 y 200.000 personas, y potenciar las prestaciones de alta complejidad para atender al resto de los usuarios de ASSE e incluso de la salud privada. La UTHC también rechaza esto. Dice que así se atenderán menos pacientes, se termina con el “hospital del pueblo, de puertas abiertas” y pasa a ser el “hospital de la empresa” o una “escuelita empresarial”.

    La tercera pata del proyecto de refundación es la reestructura edilicia. En el seno médico e incluso en el gobierno hay voces que se plantean la conveniencia de reciclar ese edificio o hacer un hospital nuevo en otro lugar. “Hay gente que lo quiere plantear, pero también hay otros que entienden que se trata de un edificio con un valor patrimonial y que no se puede tirar abajo, que hay que reciclarlo y punto. No está saldada esa discusión”, comentó una fuente médica. El rector de la Universidad de la República, Roberto Markarián, habló de destinar unos 100 millones de dólares solo para recuperar la estructura edilicia. Pero también se debería prever un nuevo financiamiento para cubrir los gastos de funcionamiento. “Ya para la producción que tiene hoy el Clínicas tiene menos financiamiento que otros hospitales que hacen menos. Hay que ver de qué forma se condiciona ese financiamiento, que debería ser acorde a compromisos de gestión que asuma el hospital”, señaló la fuente.

    Tensión.

    Los funcionarios no médicos levantaron la huelga porque entendieron que lograron “frenar” el proyecto y habilitar una nueva instancia de discusión para seguir revisándolo. Pero quedaron heridas abiertas tras los días de conflicto. “Hay enemistades que se evidencian durante las medidas de los funcionarios”, dijo a Búsqueda un médico que trabaja en la puerta de Emergencias.

    En ese sector es donde los usuarios más sufrieron las consecuencias durante los días de protesta. Por ejemplo, no se permitían los ingresos a piso de medicina o cirugía, bajaron las camas del cuidado intermedio y cerraron un box entero con cinco sillones. Un médico relató indignado en su página de Facebook el devenir de la huelga. Escribió que los “jefes del sindicato” recorrían Emergencias “controlando y amenazando a los ‘compañeros’ para que cumplan con las medidas que a muchos” les “da vergüenza cumplir”. “Hoy varias personas van a dormir en un sillón con fiebre y dolor por esta situación, quería que lo sepan”, remató.

    “Estamos acostumbrados a trabajar mal, pero esto genera roces, acá adentro ha habido piñas entre médicos y funcionarios. Yo una vez empujé a una nurse que me trancaba el ingreso con un paciente en la camilla”, recordó el médico de Emergencias. Montañés, la dirigente de UTHC, reconoce la tensión permanente. “Tratamos de que esas cosas no sucedan, pero todos somos humanos y pueden pasar. La mayoría del tiempo hay buen relacionamiento”, dijo. En lo que médicos y funcionarios coinciden, más allá de las diferencias que quedan muy desnudas durante los conflictos, es que el hospital universitario debe cambiar. Que tiene que ser refundado e integrado al SNIS, una discusión larga y tediosa para la que habrá que ser paciente.