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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos experimentos deben ser necesariamente evaluados contra sus resultados. El Partido de la Concertación fue concebido como un experimento político. Su primera aplicación puede legítimamente considerarse como fase experimental. El motivo que impulsó al Partido Nacional y al Partido Colorado a lanzarse a esa experimentación fue el de armar, dentro del esquema electoral vigente desde la última reforma constitucional, una alianza electoral para derrotar en Montevideo al Frente Amplio y poder conseguir ganar la Intendencia. El prolongado estado decadente de la ciudad operaba como importante estímulo.
Recordemos que el sistema electoral nacido de la reforma de 1996 tiene una lógica binaria, es decir que sea cual fuere el número de partidos intervinientes en una elección, la contienda final se entabla entre dos y sólo dos candidatos. Este sistema lleva por sí mismo e inevitablemente a un juego que termina en dos casilleros: uno lo ocupa el candidato del partido que obtuvo más votos y en el segundo se tienen que apretar todos los demás; quien no quiera hacerlo, queda afuera y no juega. En virtud de esa lógica del sistema vigente ya van varias elecciones en las que blancos y colorados votan juntos. Los méritos o defectos del sistema están abiertos a la discusión: lo que no se puede discutir es que el sistema es así, binario.
El Partido Colorado y el Partido Nacional se pusieron de acuerdo para manejar a su favor en la elección departamental de Montevideo la lógica binaria del sistema. Para poder llevar a la práctica dicho proyecto tuvieron que inventar (literalmente) un nuevo partido político, pues así lo exigía la normativa vigente. Se creó, pues, jurídicamente, el Partido de la Concertación, pero políticamente lo que se hizo fue formalizar una alianza electoral entre el Partido Nacional y el Partido Colorado para encarar con mayores posibilidades la elección departamental de Montevideo. Lo jurídico se armó para posibilitar lo político (con la subordinación que corresponde).
Cumplido ese paso y puesto a funcionar el experimento, corresponde evaluar cómo ha sido su desempeño. La evaluación arroja dos fallas: una de procedimiento y otra de concepto.
La falla de procedimiento estuvo en la designación de los candidatos del Partido Nacional y del Partido Colorado. Por motivos difíciles de explicar quedaron afuera los dos candidatos “cantados” y preparados: Gandini y Ney Castillo. Este punto ha sido analizado y discutido suficientemente en varios ámbitos: paso al segundo error.
La otra falla —de concepto— no ha sido analizada en el seno de las respectivas dirigencias partidarias (es decir, en el lugar donde se incurrió). Ese error consistió en pensar que, además de un candidato blanco y otro colorado, traería ventajas el hacer lugar a un tercer candidato, definido o imaginado como independiente. Resulta extraño que dirigentes partidarios piensen en los (hipotéticos) beneficios atribuibles a quienes no tengan la distinción que ellos ostentan. La fascinación por el outsider abriga un sustrato de menosprecio por el político de carrera, a quien se le imputa una larga lista de deformaciones profesionales que lo convierten en universalmente impotable. El outsider es más puro, es un político sin política, sobre todo sin partido, que atrae por sus características personales y de éxito en otros ámbitos (¿más puros?), como por ejemplo el ámbito empresarial. El caso paradigmático hoy en día es Donald Trump (vaya llevando).
Lo lógico, lo que se desprendía de la idea original bien entendida, era que el Partido de la Concertación hubiese presentado un candidato blanco y uno colorado. La elección funcionaría como un cotejo entre ambos socios creadores de la alianza electoral y el que tuviese más votos automáticamente se quedaba con el cargo, tal como sucedía antiguamente con la ley de lemas.
Pero se cayó en el error de concepto y el tercer candidato, inventado para recoger algún voto residual proveniente de desconformes o de intransigentes, obtuvo más votos que todos los demás. Esto ha generado un problema (mayúsculo e inexplicable) que sólo se podrá solucionar si se cumplen dos condiciones. Primera, si las dirigencias partidarias blancas y coloradas se dan cuenta del “error antipartidos” en que incurrieron. Segunda: si aparece la habilidad política necesaria como para incorporar a Novick a un partido. La política es un asunto entre partidos.
Juan Martín Posadas