Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl señor Pfeiff parece ser un ávido lector de esta sección de Cartas al Director, que busca siempre la oportunidad de escribir criticando de diversas formas a la Iglesia Católica.
Hay que advertir que es muy difícil dar razones o explicaciones a quien no quiere comprenderlas pero no obstante, y como deber de justicia, me gustaría contestar los puntos o críticas que hace nuestro compañero lector.
También es cierto (afortunadamente y por mucho que moleste a algunos) que gracias a Dios en nuestro país hay libertad para pensar, disentir y expresar públicamente las propias ideas, por muy equivocadas que sean. Pero muchas veces me llama la atención cómo gente que no es católica tiene cierto ensañamiento por opinar y criticar y atacar a nuestra madre la Iglesia en cuanta ocasión se les presenta. Es casi como un fetichismo o una moda el “darle palo” a la Iglesia.
Sepa el señor Pfeiff y todos los que se alegrarían con ver una Iglesia destruida, que hemos sobrevivido las más diversas persecuciones en estos dos mil años, que desde los inicios hemos tenido que luchar contracorriente y que lo seguiremos haciendo. Jesucristo dijo: “Igual que me han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros” (Juan 15:20).
En esta ocasión, el Sr. Pfeiff escribe (a mi entender con cierta malicia propia de quien quiere confundir al lector que no conoce los temas en profundidad) sobre varios temas en los que propone ideas equivocadas:
- Los Evangelios no fueron elegidos “a dedo” por un emperador romano sino que fueron los obispos en conjunto quienes recogieron los textos en los que todas las iglesias apostólicas creían.
- Sobre los mandamientos, es el mismo Jesucristo quien plantea que él no ha venido a cambiar la ley sino a llevarla a su plenitud (cf. Mt 5:17); es en virtud de esto que el mismo Señor “amplió” el primer mandamiento (Amar al señor tu Dios…), pero también el quinto, el sexto, etc. (ver Mt 5:28). Sobre el segundo mandamiento, los cristianos no adoramos a ninguna imagen, solo rendimos adoración al único Dios, la Trinidad Santísima. Sí hay devoción por los santos, y las imágenes son un medio para facilitar la oración, etc. Pero en esto la fe es clara: solo al Señor tu Dios adorarás (cf. Mt 4:10).
- El celibato por motivos religiosos no es un invento económico (esto es un disparate que jamás había oído), sino que es una recomendación del mismo Jesús (cf. Mt 19:12). Me pregunto, ¿por qué le molesta el celibato al Sr. Pfeiff? ¿Alguien lo ha obligado a vivirlo? Y sobre su difamación contra la Iglesia por casos deplorables de abusos, ¿acaso tiene usted cifras que demuestren que estos horribles episodios son más frecuentes en los sacerdotes que en los padres de familia en general? ¿O que en los maestros, profesores de gimnasia, etc.? Se ha generado un tremendo escándalo mediático por parte de quienes buscan atacar a la Iglesia, cuando (como han puesto de manifiesto muchas veces Benedicto XVI y Francisco) la Iglesia Católica es la única institución que ha luchado contra este tipo de problemas, que están presentes en toda la sociedad por la presencia del pecado original pero que además se ve tremendamente incentivada por el libertinaje sexual que se promueve abiertamente en nuestra sociedad.
- Sobre la Virgen María, aunque algunas enseñanzas tradicionales se hayan incorporado al dogma católico en tiempos “recientes” (la Inmaculada Concepción de la virgen en 1854 y la Asunción de la Virgen en 1950), no son enseñanzas nuevas sino que desde siempre la tradición y el pueblo cristiano las creía (piénsese por ejemplo que San Francisco de Asís era devoto de la advocación de la Inmaculada y que la ciudad de Asunción del Paraguay lleva ese nombre desde su fundación en 1541), la función del dogma es reconocer estas devociones del pueblo fiel a su Madre.
- La Iglesia y su doctrina sobre el sexo es clarísima. Le recomiendo leer las catequesis de la teología del cuerpo del próximo santo Juan Pablo II. El sexo es algo bueno, muy bueno, que Dios ha regalado al hombre para que unidos en matrimonio varón y mujer puedan unirse, sostenerse mutuamente y co-participar de la creación a través de su fecundidad.
- El Concilio Vaticano II es un gran regalo para la iglesia que muchas veces se ha querido deformar y utilizar políticamente. El mensaje más importante del concilio es probablemente el llamado a todos los bautizados a la lucha por la santidad, recalcando que es una vocación universal que no es solo para los religiosos o para los sacerdotes sino para todos los hombres corrientes. Uno de los frutos más tangibles del concilio es el Catecismo de la Iglesia Católica, que le recomiendo vivamente leer. Benedicto XVI llamó al año de la Fe para que los católicos releyéramos los documentos del Concilio y el Catecismo y pudiéramos aprender y comprender, y no caer en lo que él llamó “el concilio de los medios de comunicación”, en su último encuentro con los párrocos de Roma el año pasado.
Para terminar, me gustaría aclararle al Sr. Pfeiff que la Iglesia no se entiende desde la óptica de la política en el eje “izquierda-derecha”. La Iglesia siempre será conservadora (debe conservar el tesoro del Evangelio y la salvación que nos prometió Jesucristo) y siempre será también progresista, defendiendo a los pobres, desamparados, jóvenes, ancianos y sanando las heridas del pecado y proclamando la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo.
Como decía Benedicto XVI, ser cristiano no es “una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas Est, 1). Sr. Pfeiff, nuestra fe no es en unas normas morales sino en Jesucristo que murió y resucitó para salvarnos.
Por último, me gustaría decirle Sr. Pfeiff que voy a rezar por usted. Y además le pido que no pierda la esperanza. Dios en su Providencia incluso de nuestro mal consigue sacar adelante el bien. Usted es hoy un perseguidor de la Iglesia, pero también lo era San Pablo. Él iba por Israel matando a los primeros cristianos, pero Dios le regaló la conversión y pasó a ser el Apóstol de los gentiles, gran evangelizador y columna de la iglesia, que ganó para Cristo muchas almas. No se cierre usted a la acción del Espíritu Santo, porque quien sabe qué planes tiene el Señor para usted.
Santiago Ramos
CI 4.901.946-4