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    El árbol y el bosque

    N° 1987 - 20 al 26 de Setiembre de 2018

    Si hubiera que hacer un resumen o elegir una fotografía lo más representativa posible del Uruguay de estos tiempos, es probable que una buena opción sea lo ocurrido el sábado 15 en la mañana, durante la ceremonia de clausura de la 113ª exposición anual de la Asociación Rural del Uruguay (ARU).

    El cierre de “la Rural” es uno de los eventos más importantes y esperados del año para el sector agropecuario, que sigue siendo el motor principal de funcionamiento del país, por más que a muchos les cueste asumirlo.

    Por eso adquieren especial relevancia las palabras pronunciadas por el presidente de la ARU, Pablo Zerbino, al clausurar la exposición en el Prado de Montevideo. Zerbino se refirió a un momento muy crítico en la producción agropecuaria y advirtió que estamos cerca de una crisis de magnitud para el campo, que puede tener consecuencias nefastas en la economía uruguaya.

    También habló el ministro de Ganadería, Enzo Benech, pero optó por centrar su discurso en algunos logros del gobierno, en especial referidos a la cobertura de la energía eléctrica y a la ampliación de mercados.

    Eso fue lo más importante esa mañana. Ambos discursos sirven para entender lo que está pasando en Uruguay y actuar en consecuencia. ¿Qué se puede hacer para revertir la complicada situación por la que atraviesa el campo? Esa es la pregunta que quedó sin respuesta.

    Pero durante la ceremonia se registró otro hecho que quitó a lo anterior del centro del debate público, por más trascendente que fuera. Representantes del gobierno primero, de la oposición y una buena parte de ciudadanos después, encontraron que el tema primordial era que la banda musical del Ejército entonó, entre otras, la Marcha de Tres Árboles, hace un tiempo adoptada por el Partido Nacional. Con cierta inocencia, el encargado en seleccionar el repertorio aplicó un criterio profesional. No pensó que el Poder Ejecutivo está incómodo con la campaña electoral, asustado con cualquier símbolo que escape a su control, y que eso le preocupa más que un reclamo de la organización rural. Mucho menos imaginó que incluso algunos de los supuestos beneficiados también se iban a sumar a las críticas. Pero eso fue lo que ocurrió, triunfó lo “políticamente correcto”, aunque no está claro en función de qué criterios eso es lo correcto. 

    El problema es cuando lo secundario, como esa anécdota que apenas debería haber motivado una sonrisa de todas las partes, desplaza de su lugar a lo principal. Lo preocupante es ver como todo se diluye en lo menor, campo propicio para las famosas fake news que ofrece hoy en día la propuesta de información de las redes sociales y para el manejo de símbolos sin mayor razonamiento como armas para recoger votos.

    Y no pasa solo con la Marcha de Tres Árboles y la crisis del campo. Es mucho más general. Por eso el episodio del fin de semana puede ser tomado como ejemplo para resumir a un país que cada vez mira más el árbol y menos el bosque y que ni siquiera es consciente de eso. En todos los grandes temas se pueden describir situaciones similares, en las que se pierden días y días en debates superfluos mientras avanzan las enfermedades más letales de la sociedad uruguaya.

    Así, por ejemplo, en educación es importante si son fiables o no las pruebas internacionales sobre el nivel de los estudiantes o si responden o no a mandatos de supuestos imperios, pero son pocos los que analizan con detenimiento y espíritu constructivo sus resultados.

     En la misma línea, en seguridad pesan mucho más los nombres de las autoridades del Ministerio del Interior o de los que son sus opositores que los hechos. Son pocos los políticos que hablan de los problemas de fondo, de cómo la sociedad uruguaya se ha transformado en muy pocos años en violenta y criminal. Lo importante parecen ser los videos y las fotos que circulan por WhatsApp o el periplo delictivo de algunos menores de edad vistos como personajes cinematográficos. Y eso no es lo verdaderamente trascendente. Es la superficie. Y por debajo es que se encuentra la mayor decadencia, que hay que combatir en forma urgente o terminará de imponerse del todo.

    También ocurre algo similar al observar de qué forma abordan en el gobierno y algunos actores de la oposición los problemas por los que atraviesan los países vecinos. Argentina está al borde del precipicio y Brasil se acerca a unas elecciones que probablemente incrementen aún más sus problemas internos. La situación es por demás preocupante y seguro tendrá consecuencias negativas en Uruguay, pero lo importante parece ser el color político de los gobiernos de esos países. Puede ocurrir que Argentina se hunda, y que nosotros quedemos con el agua al cuello, pero lo que se discute es la figura de Mauricio Macri.

    El sábado se hizo evidente: el gobierno prefiere distraer la atención mediante algunos asuntos claramente menores. Y lo peor es que una parte importante de la oposición se suma al espectáculo. No es para eso que fueron elegidos. Menos aún los que supuestamente representan la voz crítica y quedan presos de una jugada simplista y efectista.

    ?? Que la política no lleve a esperar demasiado