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    El “asunto ASSE”

    Sr. Director:

    ¡Aguante, compañero Silva! Plagiar constituye una conducta intrínsecamente inmoral. Y cuando el plagio se configura por parte del mismo autor de la obra plagiada, más que inmoral, la señalada actitud está rayana en la estupidez.

    Esta perogrullada viene a cuento de que hace unos días escribí unas líneas sobre el tema Pluna que, sustancialmente, cabría reproducir en esta instancia modificando únicamente los personajes, pero reproducir lo ya dicho sería una falta de respeto hacia los lectores e incluso hacia mí mismo.

    Por eso me referiré exclusivamente al punto central del referido análisis: a mi juicio, el affaire Pluna constituye la materialización en un asunto concreto del viejísimo axioma de que “el fin justifica los medios”.

    En síntesis; el gobierno consideró que la finalidad perseguida (la defensa de la fuente de trabajo y el mantenimiento de algo etéreo que se denominó “conectividad”) justificaba una puesta en escena compleja con ribetes de comedia —“el señor de la derecha”— y que resultaría hasta graciosa si no fuera que en el diseño de la misma actuaron dos poderes del Estado: el Ejecutivo remitiendo un proyecto de ley y el Legislativo aprobándolo, además del dictado y ejecución de una serie de actos administrativos ilegítimos. Toda esta enorme maniobra subversiva en un Estado de Derecho fue pergeñada y ejecutada para llevar adelante la loable finalidad reseñada al comienzo.

    Frente a esto, el “asunto ASSE” aparece como absolutamente minúsculo. La finalidad perseguida en este caso era que los trabajadores de Clanider, que conformaron una empresa autogestionada patrocinada por el sindicato, mantuvieran, igual que en el caso Pluna, su fuente laboral. Como la empresa era absolutamente insostenible en un régimen de competencia, pero debía necesariamente funcionar ya que el mecanismo de autogestión es bueno per se, la forma que se encontró para mantener su ecuación económica fue otorgarle privilegios en las licitaciones, presionar a los ordenadores de gastos para su contratación y utilizar el mecanismo de la sobrefacturación de sus servicios.

    ¿Qué tiene que ver Silva en todo esto? Únicamente podría censurarse su personalidad un tanto agresiva, pero ejerció cabalmente en este caso su rol de representante de los trabajadores en el Directorio de ASSE. En todo caso cumplió a rajatabla las directivas del gobierno en tal sentido. De hecho, no existe indicio de que se haya beneficiado económicamente a raíz de su participación en el asunto. Como militante convencido de la bondad de la finalidad buscada —transformar en rentable una empresa inviable pero autogestionada— utilizó todos los medios a su alcance para el logro del objetivo.

    Unos días antes de los procesamientos, cuando ya el tema había tomado estado público, el senador Agazzi (que por supuesto estaba al tanto de los hechos) manifestó públicamente (en lo sustancial) que estas nuevas formas de gestión no tienen más remedio que ser solventadas de forma diferente ya que el marco normativo vigente es inadecuado para su sostenibilidad. En principio no entendí demasiado, pero luego quedó bien claro. La autogestión debe ser fomentada a cualquier precio, porque implica una forma de organización del trabajo compatible con su visión política y filosófica. Entonces se invierte el principio básico del Estado de Derecho: la norma debe respetarse y las conductas adecuarse a ella. No. Las normas son inadecuadas y por tanto constituyen un obstáculo para el logro de objetivos superiores. En este caso, entonces, como no podemos modificarlas, no hay más remedio que transgredirlas.

    Igualmente, como en el caso Pluna, resulta sorprendente la posición del Frente Líber Seregni. Astori declara en estos días que no entiende cuando sectores del Frente Amplio hablan de un “giro a la izquierda”. Giro a la izquierda (y Astori lo tiene absolutamente claro) supone la “profundización de la democracia” a través de métodos como los señalados.

    En el tema ASSE, al contrario que en el de Pluna, no han aparecido cuestionadas figuras astoristas pero podría asegurarse que, al menos, estaban al tanto del tema. Quizá no estuviesen de acuerdo, pero si se pusieron al hombro el asunto Pluna, mucho más grave institucionalmente, podrán cuestionar el estilo de Silva o de la Federación de la Salud, pero no que se utilizaran medios non sanctos para intentar la consecución de un objetivo loable.

    Creo, además, que estas cosas no deben sorprender a nadie. El “fin justifica los medios” está en la base del accionar de los sectores fundamentalistas. Y en ese pensamiento, dicho principio se pone en práctica en forma absolutamente explícita. Hace unos años el presidente Mujica (cuando nunca imaginaba tener que cumplir ese rol), cuando le hablaban de su conducta heroica en soportar la cárcel y la tortura, decía algo así: ¡No, hermano! ¡Yo estuve en cana porque me agarraron, no porque me gustara! ¡Eso no es ningún acto heroico! Nunca renegó de su lucha de aquel momento, ni de los métodos utilizados. El problema, lisa y llanamente, fue que perdió.

    En el caso de Silva, con diferencias abismales, es lo mismo. Lo que hizo no resulta de ninguna manera censurable. Ni penal ni moralmente. El problema de fondo es que el ordenamiento jurídico, el Estado de Derecho y la moral burguesa no resultan adecuados a su deber ser.

    Alfredo Daniel Blanc Luzuriaga

    CI 1.286.272-3