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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPocos temas más discutidos que el del “atraso cambiario”. Y discutible, también, por los diferentes factores que juegan, no todos reconocidos y, mucho menos, admitidos como tales. En definitiva: ¿dónde se esconde el cangrejo?
Obvio que el gobierno suele ser el malo de la película, sobre todo para algunos sectores económicos (siguiendo aquel viejo principio de: piove, governo ladro) y de pocos se oyen cosas más duras contra el gobierno en este tema que del agro. De ahí salen las voces más calientes, culpando al gobierno por el atraso cambiario (y no solo hoy: si lo sabré).
Como dije, el tema es discutible y juegan en él varios factores, algunos fuera del alcance del gobierno, cosa que sus integrantes han tratado de hacer valer (con escaso éxito).
Pero ahora aparece sorpresivamente un hecho que, puntualmente, les da la razón a los acusadores. Irónicamente, viene nada menos que del sector agropecuario del gobierno, del Ministerio de Ganadería: en plena discusión del tema, el MGAP se ha lanzado a agravar el atraso cambiario.
Porque, en definitiva, esto del “atraso” no es un asunto puramente cambiario (ahí está el error que la calentura muchas veces no deja ver): lo que nos está pegando es el “costo Uruguay”, esa cantidad de factores que, sumados, hacen que estemos carísimos.
Y bien, a eso parece haberse abocado el MGAP: no a abaratar nuestros costos, sino a encarecerlos. Inútilmente. Dejándose llevar por pequeños intereses corporativos (agronómicos y veterinarios) y queriendo engrupir con argumentos pseudotécnicos.
Así, en una Rendición de Cuentas que el gobierno postula como seria y austera (al menos la ministra de Economía) y torpedeando la prédica liberal del señor presidente, el MGAP se despacha con una veintena de artículos del más rancio cuño socialista (modelo sesentista, además). Vean:
Pretende obligar a todos quienes usen insecticidas a contratar un ingeniero agrónomo. Pero no uno cualquiera, debe estar debidamente registrado por el ministerio, art. 183, (en portugués eso se llama crear un cartorio y en criollo, un curro).
Fija o aumenta tasas, varias y surtidas, incrementando costos y engorros burocráticos (y violando principios tributarios básicos: las tasas no son impuestos, sino contrapartidas de servicios, se entiende que útiles). A saber: (art. 184, tasa de análisis químico de fertilizantes o materias primas; art. 186, tasa de registro, renovación y control de productos fitosanitarios; art. 187, tasa de prestación de servicios fitosanitarios; art. 192, tasa de expedición de pasaporte equino; art. 195, tasa de registro de “entidades oficialmente reconocidas” (sic)… Todas cosas que, hasta ahora, los seres humanos se las arreglaban rebién para hacer, sin necesidad de registros, tutores y tributos.
Inventa los “intocables MGAP”, con facultades inquisitivas, llegando incluso a dictaminar qué puede y qué no guardarse en el domicilio de las personas (art. 185) (dado que el constituyente ahí no lo deja meterse).
Obliga a “habilitar, registrar, controlar y auditar...” a cualquiera que le dé por tocar algún producto de uso veterinario (art. 189), también con facultades onda Elliot Ness (lits. E y F).
Subsidia la contratación de veterinarios (art. 190), otro cartorio-curro.
Inventa el “carnet de aplicador de productos fitosanitarios” (art. 193), que —te lo garanto— en la próxima pasará a ser oneroso.
Crea el Registro Nacional de Productores de Animales de Granja, de inscripción obligatoria. Para todos los que se les ocurra criar gallinas o lo que fuera (196)
En fin, hay más, pero esto basta para entender debajo de qué piedras está el atraso cambiario.
Estos inventos (los mencionados no son los únicos, apenas los últimos), aumentan nuestros costos en pesos —inútilmente— “atrasando” el tipo de cambio.
Flaco favor le está haciendo el ministro de Ganadería a su gobierno.
Si se la jopearon, está a tiempo de sacarla del arco
Ignacio De Posadas