N° 1915 - 27 de Abril al 03 de Mayo de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara quienes anden por el interior de Uruguay en estos días verán lo más lindo de la agricultura, que es el tiempo de la cosecha. Todo hierve de actividad y es realmente gratificante el poder llegar al final del ciclo productivo y lograr los resultados. Cada año tiene sus condimentos y este tiene al menos dos: por un lado, el que los precios no son los deseados y por otro, la aparición del famoso protocolo fitosanitario en versión 2.0 para China. En ese protocolo, Uruguay se compromete a que la soja que vaya a China debe cumplir condiciones de sanidad muy estrictas o corre el riesgo de no entrar.
Voy a empezar por explicarle al lector no docto en asuntos del campo cómo es la cosecha. Supongamos que usted plantó soja y llega el momento de cosecha. Como es un producto biológico tiene que esperar a que esté en condiciones de cosecharse (mide la humedad) y el que los granos hayan madurado parejo. Cuando está en condiciones arranca a cosechar, que es una operación logística compleja. Usted tiene una cosechadora (o contrata el servicio), tiene un tractor con un tolvín (que es un depósito intermedio del grano donde descarga la cosechadora para que esta no pare y traslada el grano al camión que lo llevará a la planta de silos) y contrata el flete. En condiciones normales usted avisa de una cierta cadencia de cosecha para que el sistema se ajuste a sus necesidades: cuántos camiones al día precisa y cuándo. Luego que ese camión carga en su campo va a una planta de silos donde se toman muestras para determinar su calidad y se decide su manejo posterior. Hay veces que el grano, como viene de la chacra, está en condiciones de ser exportado; en otras tiene que pasar por uno o más procesos para quedar en condiciones. De estos tratamientos, la limpieza del grano se hace en zarandas que son como gigantescos tamices por donde este pasa y se quitan los quebrados o las malezas para que quede limpio. El otro problema es la humedad, si el grano viene muy húmedo hay que secarlo artificialmente y eso hace más lento el proceso.
Las plantas de silos se diseñan para condiciones promedio. Los silos sirven para segregar por calidad y de esa forma ir mezclando las diferentes calidades para llegar al producto que quiere el consumidor final. No todas las plantas del país tienen las mismas condiciones y tampoco todas las plantas tienen todos los medios para cumplir todas las funciones.
Salvo que la zafra sea complicada o de una cosecha muy abundante, los problemas se resuelven razonablemente bien. Pero todo se agrava si usted en el medio de la campaña resuelve cambios que fuerzan a resolver problemas a extremos para los cuales la infraestructura logística no está en condiciones. Hoy en día llevamos más o menos el 30% de una cosecha histórica y los problemas empiezan a acumularse para los jefes de planta, donde se acopia el grano y para toda la cadena de suministro de soja de Uruguay.
Otra vez la improvisación de un Estado uruguayo que se mira el ombligo y no ve más allá genera problemas que cuestan dinero, sin que nadie tenga el más mínimo criterio para hacerse cargo de las cosas que se hicieron mal. No digo que se hizo mal en firmar el protocolo, lo que sí se hizo mal es aplicarlo sin darle a la estructura el tiempo de adaptarse cuando hay contratos firmados en el medio, cuando las plantas no pueden adaptarse a los nuevos requerimientos y todo termina en un engorro fenomenal.
Supongamos que usted no puede asegurar la ausencia de malezas cuarentenarias o exporta a un destino que tiene otra tolerancia. Vamos a tener precios diferentes según sea el destino de la soja. Si vas a China te pago tanto, si vas a otro que no sea China, cuanto. Hoy las plantas van a un ritmo más lento porque sus equipos no están dimensionados para la carga de trabajo que tienen: el recibo no rinde, los camiones esperan más y no retornan y basta una lluvia para que la calidad del grano se deteriore (vaya a reclamar a donde cayó el avión).
Otro tema es el mundo de los subproductos de soja, que no llegan a la calidad comercial (vamos a comprar subproducto barato), y ni que decir de los desperdicios de las plantas de silos (¿a dónde los vamos a poner como deposición final?). Me surgen otras tantas, pero con eso me basta por el momento. Naturalmente que todo se arregla con un costo adicional que lo paga siempre el mismo: el gaucho que hoy está noche y dia en una cosechadora, mascando el freno de algo que si se difería un año en su aplicación le daba tiempo a todo el mundo para prepararse.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República y de la Universidad ORT