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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“La popularidad y poder de los líderes de una nación es proporcional
ala idiotez de sus habitantes”. Winston Churchill
El Dr. Peter Garrard es investigador de neurociencias en la Universidad de Londres y director del Centro de Investigación de Accidentes Cerebrovasculares y Demencia en la Escuela de Medicina del Hospital St. George. Dirige el Laboratorio de Investigación de Ciencias Moleculares y Clínicas del Reino Unido. Dicha condición combina una permanente práctica clínica con una investigación focalizada en el lenguaje y la demencia. Ha publicado más de 100 trabajos y 13 libros, incluido el libro La intoxicación del poder (2015. Palgrave Mcmillan).
El pasado año Peter Garrard publicó: The Leadership Hubris Epidemic: Biological Roots and Strategies for Prevention (Palgrave Mcmillan). Se trata de una investigación detallada y un análisis sistémico del deterioro que produce el síndrome de Hibris que padecen los líderes y sus seguidores.
El síndrome de hibris es también conocido como la enfermedad del poder. En la antigua Grecia se conocía como hibris o hybris a la desmesura, al desprecio por el espacio de los demás, unido a un descontrol visceral, que lleva a actitudes impulsivas, irracionales, desequilibradas, en las que la furia y el orgullo van de la mano.
“El poder es dulce, es como una droga y el hábito incrementa su deseo. El poder intoxica”. Con estas palabras definió el poder el filósofo Bertrand Russell y precisamente sobre esa intoxicación, hoy identificada por los médicos como síndrome de hibris.
El libro de Garrard examina y analiza el problema multidimensional del síndrome de hibris y su efecto perjudicial sobre el liderazgo. El estudio desarrolla una metáfora ampliada de la enfermedad social y política, de la arrogancia como una enfermedad virulenta y transmisible de liderazgo disfuncional, que ilustra su ubicuidad y el potencial de daño grave. Tomando una perspectiva biológica para comprender los posibles mecanismos subyacentes, así como los entornos en los que se ha encontrado que la arrogancia prospera, se enfatiza la noción de prevención sobre curación. Dividido en tres secciones, The Leadership Hubris Epidemic examina los enfoques psicológicos, neuroendocrinológicos y neuropsicológicos de la biología de la hibris, explora los factores que estimulan o inhiben su crecimiento y, finalmente, brinda métodos para prevenir o retrasar su desarrollo. Este libro tiene un gran atractivo interdisciplinario y los estudiosos de biología, psicología, sociología, administración y política encontrarán el tema extremadamente útil, así como cualquier persona interesada en la estructura del gobierno.
Hibris era la soberbia contra los dioses griegos, que la castigaban con la Némesis, por tanto se trata, de un trastorno tan antiguo como el poder humano y siempre universal.
Se sabe que el poder enferma a quien manda y obedece y si es absoluto, lo trastorna absolutamente. La historia lo demuestra.
La respuesta es porque el mismo síndrome que modifica el cerebro del poderoso, denominado “hibris”, por Owen & Davison, también afecta de forma simétrica y dinámica a quienes lo obedecen y, por tanto, refuerzan su trastorno.
Por tanto, el síndrome se presenta en “espejo”, el líder y sus seguidores, exacerbándose mutuamente.
Lo trascendente de este trastorno es que los enfermos sin querer suelen usar palabras clave y giros que revelan su trastorno. Garrard ha estudiado cómo detectar trastornos mentales en el lenguaje corriente: gestos, tics, lenguaje corporal... “todo aquello con lo que decimos la verdad sin querer”.
También mienten mucho, lo más trascendente es que la gente les cree, incluso luego de descubrir que están mintiendo.
En el libro de Peter Garrard se muestra cómo al analizar marcadores lingüísticos, el ejercicio del poder altera la neuroquímica, la degrada de forma más profunda y persistente, cuanto mayor y más duradero es ese poder; y del todo si se carece de límites.
Ser obedecido —o creer serlo— magnifica la autoconfianza del poderoso en sus propias habilidades hasta privarlo de la capacidad de dudar de sí mismo y lo aísla de la realidad.
Quienes obedecen creen más en lo que supone que ve su líder que en lo que ven sus ojos, compartiendo así su delirio; a veces anticipándose a él y siempre reforzándolo.
Peter Garrard ha llegado a describir hasta 14 síntomas de síndrome de hibris, los más corrientes son las de aquellos políticos que creen que encarnan las esencias de un Estado o que tenían una relación privilegiada con Dios o la historia, la patria, el pueblo o el destino de la nación.
Pero lo peor es que haya gente que les crea y al creerles y aplaudirlos cuando hablan de ese modo del “pueblo” o la “nación”, como si fueran médiums, refuerzan su trastorno empeorándolo y, a la vez, agravando también el suyo en un bucle delirante que se retroalimenta.
El poderoso afectado por el síndrome pasa de gestionar la realidad tal como es a estar convencido de que es él quien la crea. Se llega a un pensamiento mágico narcisista y al final el líder acaba por regañar a los hechos cuando no se ajustan a sus deseos.
Así, toda la sociedad ingresa en un mundo mágico, por ejemplo, los periodistas con síndrome de hibris pasan de describir la realidad a prescribirla. Parece que están drogados, el síndrome de hibris aísla de la realidad a quienes lo sufren, hasta que la realidad acaba por imponerles los límites que ellos no quieren aceptar.
El síndrome hace que los afectados se crean elegidos para vivir momentos excepcionales con su líder y cuántos más siguen a ese líder más refuerzan su delirio, y lo peor es que hacen que otros nuevos se añadan para compartirlo. Es que el poder resulta más irresistible cuanto más modifica nuestros cerebros. La hibris colectiva permite creer que todo es posible y que es nuestra voluntad unida a la de quien nos manda la que lo hace posible. Nadie parece querer perderse un buen momento histórico tras un gran estadista.
Los países más avanzados lo son gracias a que han conseguido limitar el ejercicio del poder con contrapoderes institucionales —check&balance— que evitan tiranías que hoy aún prolongan el atraso de los pobres. El poder sin límite causa daños ilimitados; para empezar, en el cerebro del poderoso y en el de quienes lo obedecen sin reparos hasta ignorar juntos la realidad y provocar el caos. La historia explica el síndrome de hibris en cientos de tiranos en los países de la región.
En el mes de junio de este año que se inicia, luego de las elecciones internas de los partidos políticos, vamos a saber quiénes son los candidatos a la presidencia de la República que van a presentar todos los partidos que van a competir en las elecciones nacionales a finales de año. Por tanto, esas elecciones son definitorias para el destino del país.
En relación con el tema que se ha venido exponiendo, del hibris y sus devastadoras consecuencias para la sociedad y el país como un todo, los votantes debemos estar atentos a las pequeñas señales que nos presenten todos los candidatos.
Por tanto, la primera condición que debemos exigir para votar a un candidato es que sea humilde. Que tenga los ojos y las orejas bien abiertos para ver y escuchar lo que la gente realmente quiere y necesita.
Que no se rodee de alcahuetes que le aplauden todo lo que dice, y terminen padeciendo todos ellos un “pensamiento grupal” que los lleva a creer que los únicos que saben y entienden lo que pasa son ellos y que los demás son todos unos tontos que no saben nada. Tampoco debe ser esclavo de dogmas e ideologías, máxime cuando estas están perimidas en el mundo.
Como candidatos que son, deben liderarnos. Deben expresar su visión de cómo será el país cuando terminen su mandato. “La imaginación es la primera instancia del proceso de develar algo que está en el inconsciente colectivo, un puente a otros niveles de conciencia”. Ese será su relato que nos va a enamorar y que vamos a confiar, para luego contrastar con lo hecho.
Esa visión debe contenernos a todos, también a los que no hacen huelga ni pertenecen a ninguna corporación, por tanto deben decirnos qué van a hacer con los que hoy viven en la calle o en asentamientos, con esos compatriotas que nos interpelan todos los días, porque se han “caído del Uruguay”.
Esa será una gran tarea que forma parte de una tarea más grande, crecer con más y mejores empresas que son las únicas que crean riquezas. Mejor educación y más trabajo de calidad. Eso se logra en una sociedad integrada y plena de confianza en ella misma y entre sí, sabedora de su eficacia para cooperar y colaborar porque la causa lo amerita.
Un mal candidato cae en el hibris y la gente sufre. A un buen candidato la gente lo ama, hace mucho por su país.
Sobre un candidato excelente, la gente dice: “Lo hicimos nosotros, porque ella lo hizo”.
Rafael Rubio
CI 1.267.677-8