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    El “caso Pluna I”

    Sr. Director:

    Ceguera en común: “el pensamiento de grupo”. “Cuando comenzó el colapso de los instrumentos de inversión derivados de hipotecas, se entrevistó a un sujeto cuyo trabajo había consistido en crear instrumentos. Explicó que para él era de rutina tomar enormes cantidades de derivados de hipotecas y dividirlos en tres categorías: lo mejor de lo peor, lo no tan bueno y lo peor de lo peor. A continuación subdividía cada segmento nuevamente en tres y creaba instrumentos de inversión a partir de esas calificaciones.

    —¿Quién desearía comprar esos instrumentos?— le preguntaron.

    —Los idiotas—respondió.

    Por supuesto, personas que parecían muy inteligentes invirtieron en esos derivados de hipotecas, ignorando señales de que el riesgo no valía la pena y enfatizando cualquier criterio que pudiera respaldar su decisión. Cuando esta tendencia a ignorar lo evidente se convierte en un difundido autoengaño estamos en pensamiento de grupo. La inconfesada necesidad de proteger una opinión (desestimando datos que la cuestionan) conduce a una ceguera compartida que produce malas decisiones”. (En Goleman, Daniel. 2013. Focus, El motor oculto de la excelencia. Ediciones B Argentina SA, pág. 99).

    “El pensamiento de grupo” se presenta cuando los miembros de un grupo evitan la evaluación crítica de alternativas, de tal manera que puedan preservar el sentimiento de unidad y consenso del grupo. El intento de lograr el consenso a cualquier precio hace que los miembros de estos grupos eviten ser demasiado críticos al juzgar las ideas de los otros miembros.

    Las “víctimas del pensamiento de grupo” adquieren un sentimiento de invulnerabilidad y se sienten seguras y protegidas contra los peligros y actos ineficientes. Además ignoran las críticas externas porque racionalizan su comportamiento y el de los otros. Los miembros tienden a creer que sus actos son inherentemente morales y éticos. Además, presionan a todos los elementos del grupo para que se ciñan a la decisión del grupo y no permiten discusión alguna sobre otras alternativas. Cuando enfrentan amenazas, los grupos probablemente hagan tiempo, pasen la cuenta o respalden los razonamientos de otros miembros en cuanto a la decisión adecuada. Este tipo de pensamiento de grupo se presenta con más frecuencia en grupos muy unidos cuando viven situaciones llenas de tensión, llegando a considerar a sus oponentes como seres malignos o estúpidos y por tanto no merecen credibilidad o son incompetentes para negociar las diferentes creencias o posiciones. (Gordon, Judith. Comportamiento Organizacional. 1997. Prentice - Hall. México. Pág. 233).

    Los dos grandes capítulos del episodio de Pluna. En el inicio fue Leadgate (por adjudicación directa y sin previo llamado a licitación), ignota empresa manejada por al argentino Matías Campiani. El entonces ministro de Economía, Danilo Astori, anunció (enero de 2007) la venta del 75% de Pluna totalmente saneada de deudas y la inminente inversión por parte de Campiani de U$S 170 millones. La inversión no existió y sí la compra de aviones (U$S 135 millones) con la garantía total de Estado uruguayo, pese a que solo le quedaba el 25% de la aerolínea. El control ilimitado de la compañía quedó en manos de Campiani.

    Caso que debe ser único en el mundo: el que tiene el 25% de un negocio y sin ninguna potestad de dirección se hace responsable del 100% de las deudas que se contraen.

    Leadgate vendió todo lo que pudo de Pluna: las sucursales en Buenos Aires, Río de Janeiro y hasta un flamante motor de repuesto de los Bombardier. Y cuando se resuelve terminar la sociedad con Leadgate y Campiani, se acepta una cláusula de indemnidad por la cual el Estado renuncia a la posibilidad de realizar juicios contra el consorcio, sus accionistas y directores. Y además se acepta, con la aprobación de los representantes del gobierno en Pluna, la designación como gerente general interino por 90 días —a efectos de la transición— de Sebastián Hirsch, el socio de Campiani y hoy también procesado.

    El episodio del aval: tras fracasar la primera subasta porque no hubo oferentes, apareció un representante de la también ignota Cosmo, empresa española con un capital de U$S 7 millones y el presidente del Banco República por sí —violando todas las disposiciones en la materia— y a pedido del ministro de Economía, le concedió un supersónico aval por U$S 13,7 millones para que pudiera ofertar U$S 137 millones por los aviones. Se saltearon toda la normativa legal.

    Todo el gobierno, desde los presidentes Vázquez y Mujica para abajo y todos los legisladores del Frente Amplio, desde el primero al último, apoyaron todo lo anterior.

    “Se necesita metacognición, conciencia de nuestra falta de conciencia, para arrojar luz sobre aquello que el grupo ha sepultado en una tumba de indiferencia o negación. La claridad empieza al comprender que no advertimos algo y que no advertimos que no lo advertimos. Otro antídoto para el pensamiento de grupo es expandir el círculo de conexiones más allá de la zona de confort, proteger al grupo del aislamiento generando un amplio círculo de personas que no comparten la ceguera y ayuden a mantener el buen juicio”. (En Goleman, Daniel. 2013. Focus, El motor oculto de la excelencia. Ediciones B Argentina SA, pág. 103).

    “La luz del sol es el mejor desinfectante”. Félix Frankfurter

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8