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    El costo del combate a las malezas resistentes puede representar entre U$S 40 y U$S 50 por hectárea

    En algunas zonas de Argentina el filo de la rentabilidad de la soja está tan delgado como resultado de la caída de precios, que el costo adicional de productos para el combate a las malezas resistentes a glifosato pueden generar la pérdida de rentabilidad en el cultivo.

    Edgardo Arévalo, gerente general de Compo Expert de Argentina, estimó que los nuevos productos para combatir las malezas resistentes tienen un costo de entre U$S 40 y U$S 50 por hectárea y que en muchos casos el negocio de la soja “no lo tolera”.

    En diálogo con Campo, Arévalo consideró que el área del cultivo en Argentina va a caer, aunque no precisó en qué porcentaje. Dijo que los valores actuales, si se atiende a la serie histórica de precios, pueden no haber tocado fondo todavía.

    —¿Cómo evalúa la nueva realidad de la agricultura a partir de los valores actuales de los granos?

    —Obviamente no es lo mismo la agricultura con la soja a U$S 600 que con un precio de U$S 300, pero de alguna manera esto se veía venir si se miran los indicadores de la economía mundial. El precio del petróleo, por ejemplo, hace algo más de un año atrás era U$S 110 y hoy el barril no llega a U$S 50. Creo que estos cambios de tendencia en todos los commodities, soja, maíz, trigo, es claramente como comenzar y dar de vuelta. Hay que cambiar la estructura de costos de producción, pensar de qué otra manera se puede no solo reducirlos, sino generar valor en cada una de las economías en las que se desenvuelve”. Pero también es cierto que si bien un precio para la soja de U$S 300 se puede decir que es bajo en comparación con los U$S 550 que estuvo no hace mucho tiempo, si se mira la historia ese valor estuvo muchos años en promedios de U$S 180 o U$S 190. Entonces cuando se hace el análisis, hay que pensar si este realmente va a ser el piso, o si todavía estamos en una etapa intermedia donde la coyuntura puede agravarse más. Esperemos que no.

    —¿Cómo observa el equilibrio de la oferta y la demanda a nivel mundial?

    Hay cambios importantes por el lado de la demanda y también es cierto que ha habido un aumento de la productividad y de la superficie mundial desde fines de la década del 90 con la introducción en el caso de Argentina y otros países de la tecnología de especies resistentes a glifosato. China empezó a aumentar también claramente el consumo de proteínas de origen animal, por lo cual es necesaria la proteína de origen vegetal para producirla, pero está claro que también hoy la incertidumbre de China va a seguir creciendo, que va a bajar su tasa de crecimiento y no sabemos si la demanda que proyectábamos hace tres años va a permanecer en el tiempo o va a caer. Hay un escenario donde se tienen más de dos o tres opciones para decir, bueno, hasta aquí llegamos con este esquema de producción, de aquí en adelante hay que ajustar muchas cosas y ver realmente cómo el mundo se desenvuelve en los nuevos valores.

    —¿Qué ajustes se están procesando en Argentina de cara a la próxima campaña de soja?

    Cuando uno hace un análisis de la composición de costos de la soja, uno de los principales problemas, en el caso de Argentina, es que el 70 % de la producción se hace en campos arrendados, donde año a año los alquileres iban creciendo y llegaron a tener una incidencia muy importante. Esa estructura de costos es imposible de mantener, porque se puede llegar a bajar en algunos insumos, pero está claro que si uno baja en tecnología el rendimiento va a bajar. Hoy el mayor ajuste que se está viendo en Argentina es por el lado de los alquileres, que se están reduciendo en un 40 % o 50 % . Las rentas eran en kilos y por adelantado, es decir que para entrar al campo había que pagar, pero hoy se está hablando de porcentajes y de un 50 % por adelantado y otro 50 % a la cosecha o incluso el 100 % a la cosecha.

    —¿Cree que el área de soja en Argentina se va a reducir?

    Existe la posibilidad de que el área se achique en esta próxima campaña, fundamentalmente por el tema de los costos. Porque además de los alquileres, el otro tema que también ha comenzado a generar incrementos es el de las malezas resistentes, donde la utilización de herbicidas específicos incrementa el costo del cultivo, con lo que se suma un segundo factor.

    Ante la baja del precio de la soja, puede ser que se hayan reacomodado los alquileres, pero hay zonas o campos que evidentemente no se van a poder sembrar por el problema de la maleza resistente que significa un incremento que puede situarse entre U$S 40 o U$S 50, que hoy, al precio que tiene la soja, el negocio no lo tolera. Hasta ahora el glifosato era la solución para todas las malezas, pero hoy ya tenemos más de 5 o 6 especies resistentes, donde sí o sí hay que usar otros herbicidas específicos a un costo mucho mayor, lo que atenta directamente contra la rentabilidad y contra la posibilidad de hacer el cultivo.

    —¿Cuáles son las zonas más comprometidas?

    Lo que es el noroeste argentino, las provincias de Tucumán y Salta, que hoy están con una economía muy complicada. Más allá de atravesar unos sucesos de falta de lluvias en etapas críticas de cultivo que han disminuido la productividad, también se ha dado el hecho de que hoy los fletes se han incrementado en forma importante. Una de las inconsistencias que se da es que el precio del petróleo bajó, pero el precio del combustible en el surtidor, por lo menos en Argentina, no lo hizo. Entonces los costos productivos e incluso los del transporte se mantienen o aumentan, con lo cual la ecuación determina que en muchas zonas el cultivo no sea viable.

    —¿En qué porcentaje estima que podría descender el área plantada?

    Hablar hoy de porcentaje de reducción es difícil, pero sí es seguro que en aquellas zonas más alejadas de los puertos y zonas marginales del cultivo, la superficie va a bajar.