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    Mattos dijo que no ve bien la campaña contra la garrapata y rechazó responsabilidad en la diseminación del ectoparásito

    El exministro de Ganadería opinó que no debería haberse celebrado decisión de Brasil sobre dumping; consideró que el Mercosur “está inmaduro” y puso en duda si el gobierno bajará las tarifas de los combustibles luego de la caída del precio del petróleo

    Redactor Agro de Búsqueda

    El exministro (2021-2025) rechazó acusaciones de la actual administración, que señalan a su gestión como la responsable de la diseminación del ectoparásito en el territorio uruguayo.

    “No se compadecen con la realidad. Querer atribuir que el aumento de la presencia de la garrapata en el país se debe a medidas de flexibilización que tomó el gobierno anterior es estar absolutamente reñido con la realidad y con los parámetros técnicos”, dijo.

    Por otra parte, Mattos afirmó que al programa Procría, uno de los buques insignias del ministro Alfredo Fratti, “lo dejamos diseñado nosotros”. Para Mattos, este programa debe ser apoyado, pero opinó que “no es lo que va a mover la aguja” en la producción de terneros, sino que el gran incentivo son los altos precios del ganado.

    El exsecretario de Estado también puso en duda si la actual administración bajará las tarifas de los combustibles luego del ajuste del precio del petróleo, alegando que “en anteriores gobiernos del Frente Amplio hubo situaciones similares”.

    Por otra parte, consideró que la resolución de la investigación antidumping de Brasil respecto a las exportaciones lácteas de Uruguay “estuvo lejos de haber sido algo como para ser celebrado”. Y planteó que Uruguay debe recurrir a la Organización Mundial de Comercio y a los órganos de arbitraje del Mercosur.

    En relación con la puesta en marcha del acuerdo Mercosur-Unión Europea y la celebración de los países sudamericanos por la exportación de diferentes productos, dijo que “demuestra que el proceso integrador del Mercosur está inmaduro”, ya que “cada uno mira sus propios intereses”.

    —¿Cómo evalúa este momento del sector agropecuario?

    —Creo que la preocupación mayor ha sido por el lado de la agricultura, que ha tenido un desempeño­ complicado por la falta de lluvias. Especialmente en la región núcleo productora, de la mitad del país hacia abajo, que impactó fuertemente en los rendimientos y que tuvo como complemento negativo la geopolítica internacional, que generó alguna reacción en los precios, que vuelven a estar bastante debilitados.

    Además, está el componente de la energía. Los reajustes importantes que tuvo el gasoil en los últimos meses, fruto del conflicto en Medio Oriente, que seguramente fue un motivo más que justificado, pero que impactan en una ecuación ya compleja de los costos para el productor.

    Otro componente vinculado con el conflicto de Medio Oriente es el de los fertilizantes, con una suba de precios que creo que no impactó tanto en la zafra de verano, porque las compras ya estaban realizadas cuando se desencadenó el conflicto. Pero sí en los cultivos de invierno, generando que el productor tome la decisión de no ir mucho a la siembra de gramíneas y vaya más a las brasicas, que le generan una ecuación más favorable, por el precio y costo de los insumos.

    La urea tuvo una suba de precio, que ahora viene ajustando a la baja, pero que llegó prácticamente a duplicar el nivel que tenía, acompañando los valores del petróleo.

    Si se confirma el acuerdo de paz y el fin de la guerra en Medio Oriente, seguramente tendremos un ajuste a la baja del petróleo, algo que ya no impactará en la siembra de invierno.

    Seguramente habrá un importante incremento del área de brasicas­ —canola, carinata y camelina—, en perjuicio del área de trigo y de cebada, que están con ecuaciones bastante más complejas.

    El sector arrocero también tiene una disyuntiva importante, por una caída de precio y un costo que continúa muy elevado. En el caso del arroz, el componente combustible es muy importante.

    —¿Se puede esperar que el costo de los combustibles baje si se consolida la caída del precio del petróleo?

    —De consolidarse el acuerdo de paz, se estaría determinando una fuerte baja de los valores del petróleo, y cabe esperar que el gobierno ajuste a la baja el valor de los combustibles.

    Pero hay un poco de incertidumbre, porque en anteriores gobiernos del Frente Amplio hubo situaciones similares, de muchos meses con el precio del petróleo en baja, pero no se ajustaron debidamente los precios de los combustibles. En una situación que se configura como un mecanismo de recaudación a través de tarifas públicas, cosa que entendemos que se debe evitar, porque termina afectando la competitividad.

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    Criadores de ganado.

    Criadores de ganado.

    —¿Cómo analiza la situación del negocio ganadero?

    —Creo que está atravesando un momento positivo, con récord de precio de la tonelada de carne exportable. Evidentemente no son todas noticias positivas, porque al estar tan fuerte el valor de la materia prima, la industria está trabajando con números ajustados. Pero el sector productivo va a completar un año de valores muy positivos.

    La carne encuentra a los principales mercados demandantes. Hay poca oferta de carne en el mundo, porque hay países que están restringiendo sus saldos exportables. Grandes actores, como Brasil, Australia o Argentina, están con menores presiones de oferta.

    Y además está el aspecto geopolítico, que influye en la accesibilidad a los mercados. Con una política de aranceles por parte de Estados Unidos, y de salvaguardias de China, que establecen una situación compleja, que habrá que monitorear.

    Todo el comercio de proteínas de origen animal está muy demandado, con una oferta menor, algo que asegura precios muy importantes, que benefician a todo el sector productivo.

    El criador, el recriador y el invernador están obteniendo valores por las distintas categorías que jamás hemos visto.

    —¿Cómo ve a la lechería?

    —Está en un momento muy positivo de la producción, coincidiendo con precios razonablemente buenos. La lechería estuvo arañando los US$ 1.000 millones en exportaciones y tiene también una facturación interesante en el mercado interno.

    Hay una lechería muy eficiente, con alta productividad, que le está generando buenos resultados al sector y con grandes perspectivas. La relación insumos-producto ha sido bastante favorable.

    Coleme
    Coleme.

    Coleme.

    —Sin embargo, recientemente cerró Coleme, la industria láctea más antigua del país.

    —En esta situación también hay casos como el de Coleme, que son bastante dramáticos. Una cooperativa añeja, tan tradicional, de una cuenca que ha venido disminuyendo drásticamente, que ya tenía pocos remitentes y un costo fijo alto. El problema era más estructural en el caso de Coleme, que hacía difícil sostener su viabilidad.

    Durante nuestro período de gobierno ya veíamos ese problema dibujándose. Destinamos algunos fondos a la reconversión de su plan de negocios, pero lastimosamente no se pudo llevar a cabo, en la medida que se necesitaba una inversión muy fuerte de reconversión.

    Pero, básicamente, por el hecho de que no contaba con la materia prima suficiente para tener una escala mínima de inversión industrial que le pudiera dar resultado. Es traumático, es difícil, pero bueno, es así la situación.

    También es cierto que la alternativa que tenía Coleme era básicamente la leche fluida, la leche líquida al expendio público del departamento y la producción de quesos. Todos sabemos también que el sector quesería está en una situación bastante compleja. No es la ecuación que está dando.

    Los que dan resultado son los productos de valor agregado en el mercado interno y la leche en polvo entera en la exportación. Esos son los dos productos que sostienen a la lechería y que, claramente, el perfil industrial y productivo de Coleme no tenía. Es triste la situación, pero era inevitable en cuestión de tiempo.

    —Sigue sin definirse el financiamiento del Instituto Nacional de la Leche (Inale), ¿cómo se debería resolver?

    —Recordemos que la ley que creó el Inale tenía otros parámetros de financiamiento que, obviamente, con el pasar del tiempo, tendrían que revisarse. Pero creo que es un instituto que justifica su existencia, en la medida que los sectores, sea de la producción, de la industria, de la investigación, estén allí presentes, a efectos de generar los planes de negocios y las decisiones de asesoramiento del Poder Ejecutivo en materia de política lechera.

    Al organismo se le van agotando los recursos. Logramos en su momento refuerzos presupuestales a través del diálogo con el Ministerio de Economía, en situaciones que siempre eran difíciles, porque los recursos son escasos.

    Se pretende que no exista un gasto que cause presión sobre el déficit fiscal, pero evidentemente esta situación debería ser priorizada con un posicionamiento del sector, en función de las utilidades y la conveniencia de tener un Inale que asesore al Poder Ejecutivo en el desarrollo de la cadena productiva lechera, que es tan importante para el país y que viene creciendo de la mano de las exportaciones.

    Ahora están también los desafíos del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, que va a provocar una presión importante de competencia, especialmente en materia de quesos de Europa.

    Pero estas también son oportunidades de mirar hacia el futuro, con mayor amplitud.

    —¿Cómo observó la evolución de la investigación antidumping de Brasil hacia los lácteos de Uruguay y Argentina?

    —Brasil es el segundo mercado de destino que tiene Uruguay. El resultado estuvo lejos de haber sido algo como para ser celebrado, como lo fue aquí, como un gol de victoria.

    La conclusión fue, a nuestro criterio, equivocada, en cuanto Uruguay se configuró en la aplicación de dumping en la producción de leche en polvo entera.

    Para nosotros, hay dos factores que desde el punto de vista técnico no fueron observados adecuadamente. Por un lado, la legitimidad activa. Es decir, quienes deben llevar adelante esta denuncia nunca pueden ser los productores, porque el productor produce leche fluida, no leche al polvo. Por lo tanto, aquí hay un tema técnico. También en los parámetros de cálculo que se han realizado, que son objetables.

    Y, por otra parte, lo que es fundamental en estos casos es que Brasil debe demostrar que el eventual dumping que genera Uruguay, primero, debe ser cuantificado y, segundo, debe demostrar que le hace daño al productor de Brasil, y esto no está configurado de ninguna manera.

    La participación de la leche en polvo uruguaya en Brasil es mínima en relación con la producción y el consumo de este producto en el Brasil.

    Esta es una historia que viene de muy largo plazo. Hace más de 30 años que estamos recurrentemente con esta situación en Brasil, cuando le conviene.

    Brasil es deficitario en producción de leche. Viene aumentando mucho su producción, pero todavía sigue siendo deficitario. Por lo tanto, necesita importar.

    Y qué mejor socio que Uruguay, que lo favorece en el abastecimiento y en la contención del precio, y de la propia inflación. Un socio de calidad exportadora. Es como pegarle al socio, y pegarle al socio me parece que no tiene rédito.

    Por lo tanto, no puede ser que Uruguay acepte pasivamente esto. Que solamente cuando Brasil necesita las cosas andan bien, y cuando no lo necesita empiezan estos procesos que están reñidos con las normas técnicas correspondientes.

    Incluso hay otras que son peores todavía: los procesos de frontera, donde los análisis no son transparentes, donde devuelven mercadería por conteos microbiológicos que no se compadecen con la realidad.

    Es decir, parece que la leche uruguaya está contaminada cuando llega a la frontera y es analizada por los brasileños, y cuando vuelve mejora automáticamente. Esa no es una cuestión transparente. Y es recurrente este tema, década tras década.

    Por lo tanto, creo que el camino que el Uruguay debe recorrer es recurrir a la Organización Mundial de Comercio y a los órganos de arbitraje del Mercosur, que funcionan muy poco pero están allí.

    Habría que apelar a esos dos caminos para, definitivamente, comprobar que técnicamente lo que aducen los organismos especializados de Brasil, muy influenciados por decisiones políticas y por presiones populares, no debieran llevarse adelante. Y así ponerle un punto definitivo a estas acusaciones infundadas que Brasil recurrentemente aplica respecto de la exportación de leche en polvo de Uruguay.

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    Fachada del Ministerio de Ganadería.

    Fachada del Ministerio de Ganadería.

    —El cambio más radical en la política del MGAP en esta administración tal vez ha sido la campaña de combate a la garrapata. ¿Qué opina sobre esta nueva política sanitaria?

    —No la veo bien. Además, hemos sentido reacciones de técnicos del MGAP, y del propio subsecretario, que no se compadecen con la realidad. Querer atribuir que el aumento de la presencia de la garrapata en el país se debe a medidas de flexibilización que tomó el gobierno anterior es estar absolutamente reñido con la realidad y con los parámetros técnicos.

    En primer lugar, hay que decir que buena parte del equipo técnico del MGAP es el mismo en materia de asesoramiento de las campañas sanitarias en esta administración que en la anterior. Entonces, lo que cambiaron fueron las cabezas.

    Además, hay errores conceptuales. La autorización de tránsito de ganado con cáscara de garrapata, que es la garrapata muerta, fue una medida para facilitar a los productores de zonas endémicas que pudieran comercializar sus ganados en ferias y remates. Por lo tanto, esto no es una flexibilización de las medidas sanitarias ni de la campaña. Es un error conceptual básico.

    La difusión mayor de la garrapata es real. Hay más garrapata y en las zonas endémicas está más complejo, pero eso está ocurriendo en toda la región. Está ocurriendo en Rio Grande do Sul, en Corrientes, en Entre Ríos. Hemos participado de varios seminarios donde los productores están muy preocupados con el avance, que se debe básicamente a los temas vinculados a modificaciones climáticas.

    Ahora, por suerte, tenemos estas heladas que van a aplacar un poco la garrapata, pero hasta ahora, y estamos prácticamente llegando a julio, no hemos tenido heladas consecutivas que sean importantes. Entonces, también hay un tema de adaptación de este parásito, que tiene miles de millones de años, esto viene de la época del Cretácico.

    Y la garrapata tiene una capacidad de adaptación y ha sabido adaptarse especialmente por el mal uso de los productos veterinarios, muchas veces por parte de los productores, que no obedecen las especificaciones de uso.

    Entonces, hay un tema de resistencia, y de distintas modalidades de tenencia de ganado. Hay mucha más movilidad de los ganados. De ninguna manera se autorizó en su momento el movimiento de ganados parasitados.

    Recordemos que el gran aumento de casos lo verificamos a partir de 2024, que fue el año posterior a la peor sequía de la historia del Uruguay. Buena parte del país ganadero estuvo sin disponibilidad de forraje o de agua, hubo una enorme presión de los productores para que se autorice el pastoreo en la calle, y eso fue el gran difusor.

    La garrapata no prospera en situaciones de sequía extrema, pero después, cuando vuelven las lluvias, y cuando vuelve el desarrollo exuberante del forraje, algo que ocurrió en 2024, hay una gran explosión de la situación de la garrapata.

    Además, vemos también un avance desde el punto de vista de las enfermedades asociadas a la resistencia. La anaplasmosis y la tristeza parasitaria han avanzado. No es solo un tema de garrapata, pero también la garrapata causa muchos daños.

    Entonces, no podemos estar llevando adelante una campaña que tiene mucho tiempo, que tiene que comprometer a todos los sectores, buscando culpables y buscando atribuirle la responsabilidad a una decisión técnica, que además parte del MGAP y que no es el motivo fundamental por el cual hoy tenemos la situación que tenemos.

    El gobierno tiene que asumir su responsabilidad. Hay que colaborar y contribuir para que en una situación de mutua comprensión, y de compromiso de todas las partes, podamos dialogar sobre bases sólidas científicas. Y con las herramientas necesarias para poder contener este avance importante del daño que viene causando la garrapata en la producción ganadera.

    —¿Y cómo analiza los eventos de presencia de residuos de productos veterinarios en carne?

    —Es una consecuencia indirecta de esta situación. Los residuos han generado reclamos y en algún caso suspensión de frigorífico cuando se le constata una segunda aparición. Evidentemente, esto daña la imagen reputacional del Uruguay.

    Sé que se han hecho esfuerzos en las últimas misiones a China, hay un tema de sensibilidad, y creo que hay un aspecto que debe trabajarse mucho más, que es la concientización del productor y no con los temas como hemos visto, de una amenaza constante de multas, de suspensiones.

    Tendrán que existir en algunos casos, no digo que no, porque si el productor no obedece las instrucciones de la autoridad sanitaria, deberá ser sancionado. Pero no puede ser la primera medida el castigo, la amenaza, muchas veces tratando al productor como al culpable primero de esta situación.

    Hay que comprender la lógica económica del productor, desesperado por el aumento de tratamientos y la poca respuesta de algunos específicos veterinarios en su plan sanitario.

    Hay un daño importante de la garrapata y creo que todos tenemos que estar alineados en una estrategia que no la vemos muy clara.

    Veo que el gobierno apuesta mucho a una herramienta, un instrumento, que es la vacuna que se desarrolla a través del Institut Pasteur. No se le puede generar una presión excesiva a un instrumento que ojalá dé los resultados debidos, pero que hasta ahora no han aparecido.

    Si surge y da resultado, será una herramienta más que tendrá disponible el productor a efectos de hacerle frente a esta parasitosis, que provoca costos crecientes y un daño a todo el sistema ganadero.

    Ministro de Ganadería, Alfredo Fratti.
    Ministro de Ganadería, Alfredo Fratti.

    Ministro de Ganadería, Alfredo Fratti.

    —Más allá de la política de garrapata, ¿cómo califica la actual gestión del MGAP?

    —No me corresponde evaluarlo. Lo único que deseo es que existan políticas de apoyo al sector productivo. Vemos que está el impulso al sector de la cría. Todos debemos tratar de apoyarlo.

    Ese es un proyecto que lo dejamos diseñado nosotros en su momento, a través del Ministerio de Economía y del apoyo de los préstamos del Banco Mundial y los ahorros correspondientes a los parámetros ambientales, vinculados a este préstamo.

    Lo habíamos dejado ya diseñado y se le pusieron más recursos para generar un apoyo al productor mediano y pequeño, algo que me parece muy bien. Eso debe existir, pero claramente no es por ahí que va a mover realmente el gran volumen de terneros que necesita el Uruguay.

    Lo que más motiva al productor es esta situación de precios positiva. Un ternero que vale por encima de US$ 4 (por kilo). Eso realmente es el gran estímulo que tiene el productor para poder invertir.

    —¿Cree que la ganadería está transitando un cambio de paradigma?

    —La ganadería se está reconvirtiendo lentamente. Está mirando al rodeo de cría, que debiera impulsarse para llegar a 5 millones de vacas y, a partir de ahí, mejorar la inversión para tener un procreo de 3,5 millones de terneros al año.

    Ese debería ser el gran objetivo del Uruguay. Tratar de sostener una faena en torno de 3 millones de cabezas y generar un excedente positivo, de hasta 500.000 terneros al año que se pueden exportar.

    Ese sería un punto muy positivo para el Uruguay ganadero, que tiene una enorme posibilidad de inserción en los mercados, de mejorar su accesibilidad y reducir el gasto de aranceles a través de distintos acuerdos políticos. Muchos de ellos se iniciaron en la administración anterior.

    —¿Qué oportunidades de acceso a mercados considera que se deberían explorar?

    —La negociación entre la Unión Europea y el Mercosur viene desde hace 25 años. También iniciamos el proceso de acceso al CPTPP (Tratado Transpacífico) y otros acuerdos, como el que se ha firmado ahora con el EFTA (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza).

    Eventualmente se pueden firmar acuerdos con Canadá o el RCEP (el tratado de libre comercio más grande del mundo, conformado por 15 países de la región Asia-Pacífico), o eventualmente retomar la discusión del acuerdo de libre comercio con China.

    En China ahora tenemos una cuota de carne de un volumen que nunca hemos podido cumplir, de más de 320.000 toneladas, pero antes teníamos un mercado que era absolutamente libre, no había una limitación. Si se supera esta cuota, se debe pagar 55% de arancel, contra el 12% de la cuota. Ahí hay espacio para la negociación.

    También contribuiría mucho un tratado de libre comercio con China en la medida que no se pagaría el 10% de arancel que pagan los lácteos, y que los pone en una situación de competencia, dado que Nueva Zelanda tiene 0% de arancel.

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    Frigorífico uruguayo.

    Frigorífico uruguayo.

    —¿Le preocupa la falta de materia prima que está teniendo este año la industria frigorífica?

    —Creo que es un factor de encarecimiento de los costos relativos de la industria, una reducción que era esperable, del 18% en relación con el año pasado. Nos hemos comido, por decirlo de alguna manera, la escalera de novillos adultos, que ha hecho que el año pasado pudiéramos mantener una faena de 2,4 millones de cabezas. Este año seguramente vamos a estar por debajo de esa cifra.

    Este también es un factor que eleva los precios y le complica la ecuación a la industria, pero también son señales positivas para que la gente recríe mejor y acorte los ciclos ganaderos.

    En el Uruguay los cuatro pilares del éxito de la producción ganadera son genética, sanidad, nutrición y manejo. Todos están disponibles en Uruguay y podemos hacerlo en la medida que tengamos señales claras, como venimos teniendo desde hace casi un año, con valores importantes para todas las categorías de ganado.

    Ese es el mayor estímulo para que el productor invierta más. Basta recorrer el país para ver cómo la gente ha invertido en verdeos, suplementación animal, y eso hace que tengamos una respuesta más rápida, no solo para faenar animales más pesados, sino­ también para faenar animales con mayor terminación y acortar los ciclos con la faena de ganados más jóvenes.

    Todo esto es una mejora de calidad notoria, que el Uruguay viene verificando. Es una respuesta lenta.

    Pero la seca de 2023, que fue la mayor de la historia, generó una caída importante de la producción, que ha sido atenuada con la gran producción de terneros en los dos años siguientes.

    Creo que la respuesta del sector ganadero ha sido acorde. Se tienen que mantener estos estímulos para que la gente siga invirtiendo y debiéramos ir a una ganadería de cría más eficiente, con más cuidados, para desarrollar un volumen de ganado que seguramente a partir de 2028 y 2029 estará disponible.

    Ya tenemos muy buenos nacimientos en 2025 y 2026, y ojalá que también se den en 2027. Todo pinta que así será, por el estado de los ganados creemos que vamos a tener una buena producción.

    Si el Niño es favorable, tendremos una primavera lluviosa, que nos permitiría consolidar esto. Y así tendríamos el tercer año consecutivo con más de 3 millones de terneros, cosa que jamás ocurrió en la historia del Uruguay.

    Eso va a determinar una disponibilidad futura (para faena). Ya a partir del año que viene empieza una nueva recuperación, para que en 2028 tengamos volúmenes bastante más importantes para reducir un costo implícito que tiene la industria, que es una capacidad ociosa por falta de materia prima.

    —¿Cómo se debería resolver la distribución de la cuota de carne en la Unión Europea entre los países del Mercosur?

    —Ese es un tema complejo, porque no es solamente la cuota de carne que está en discusión. Hay distintos intereses de los países. En su momento formé parte de la negociación, en representación de la Asociación Rural del Uruguay, como delegado en el Instituto Nacional de Carnes (Inac), en 2004.

    En ese momento llegamos a un acuerdo, de 42,5% para Brasil, 29,5% para Argentina, 21% para Uruguay y 7% para Paraguay. Eran otras circunstancias, la cuota de carne iba a ser más importante de lo que finalmente se negoció.

    Pero también es cierto que hay otras cuotas, donde son diversos los intereses de los países. Además, Paraguay hace 20 años era muy diferente, creció mucho en su capacidad exportadora.

    Aunque tampoco es razonable lo que han planteado los negociadores de Paraguay, que pretenden generar cuotas del 25%. Eso no es razonable para la dimensión de la exportación paraguaya.

    Creo que Uruguay tiene que plantarse en algo muy parecido a lo que en aquel momento se negoció, por lo menos con un piso del 20%, y a partir de eso los negociadores de los países deberían intentar llegar a un acuerdo.

    También damos una señal bastante pobre. Deberíamos demostrar una intención de negociación interna en el Mercosur mucho más afinada, y no con tantas diferencias como lo hemos demostrado hacia afuera.

    Este panorama que hemos visto de unos festejando la cuota de la miel, otros festejando la cuota de los huevos y otros festejando la cuota del arroz, para demostrar quién sacó más ventaja, es un escenario bastante triste hacia afuera.

    Vemos cómo nos gritamos los goles entre nosotros, cuando deberíamos ponernos de acuerdo razonablemente con los intereses de cada uno.

    Esto demuestra que el proceso integrador del Mercosur está inmaduro. Todavía no estamos en condiciones, porque cada uno mira sus propios intereses y no se mira el interés del conjunto bajo bases más razonables.

    Está faltando armonía, liderazgo en la negociación y deberíamos tener una definición clara, como se lo está exigiendo la Unión Europea, que dice: ustedes quisieron tanto este acuerdo y cuando llega el momento no se ponen de acuerdo. Esta es una imagen que, para el Mercosur, no es muy positiva.