N° 1980 - 02 al 08 de Agosto de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Qué cosas pasan cuando sos el último orejón del tarro pero vivís bombardeado por la idea de que sos el centro de las atenciones del universo, con acceso a tu smartphone, a tus pionchas caros, pero siempre perdido en el interior de tu desolado vacío educativo, en la más cósmica ausencia de conexión con un proyecto social que te incluya?
¿Cómo mirás a la cara a los que comparten marca de pionchas con vos, el celu, la última de Thor, el movimiento de caderas al bailar y absolutamente nada más, porque viven en mundos sociales y económicos paralelos que solo se tocan cuando estalla la violencia? ¿Qué pasa cuando colectivamente se pierde el rumbo, cuando se olvidan las experiencias previas y las de otros países en la materia? ¿Qué pasa cuando solo se puede pensar en el instante y se quiere definir el futuro que se desea solo en base a lo que grita ese momento caliente, repleto de miedo, dolor y muerte?
¿Qué pasa cuando rompiste los diques que señalan dónde empiezan los derechos mas básicos de los demás, no importa si sos el chorro o si sos el “vengador anónimo”? ¿Qué pasa cuando la reacción te convierte en eso mismo que te aterra y que detestás, en eso mismo que condenás y que querés hacer desaparecer de la faz de la tierra? ¿Qué te separa del criminal cuando reaccionás como uno de ellos? ¿Que pagás impuestos? ¿Que vivís en una zona en donde el Estado funciona un poco mejor que al otro lado de la avenida? ¿Que sos de los “buenos”?
¿Qué haces vos, ciudadano de a pie, cuando ves que el Estado, ese aparato tan monstruoso como necesario para ordenar los diferendos sociales, brilla por su ausencia y no logra garantizar tu seguridad ni la de los tuyos? Ni la de tus vecinos ni la de los vecinos más lejanos. ¿Tirás el Estado por la borda o tratás de corregir lo que está fallando? ¿Podrás vos? ¿Podrán los que se supone están a cargo de la cosa?
¿Qué hacés cuando percibís que el que está al mando no tiene demasiada idea de cómo lidiar con los problemas de seguridad que le plantea una realidad cambiante y que no deja de incorporar mensajes cada vez más destituyentes del proyecto colectivo? Porque acá en algún momento, hace mucho tiempo, hubo algo parecido a un proyecto colectivo que, de forma más o menos civilizada supo lidiar con sus conflictos. ¿En dónde te parás cuando te das cuenta que desde mucho antes de la más reciente dictadura (que terminó hace más de treinta años) esas maneras civilizadas, esa sociedad “amortiguadora” de la que alcanzara a dudar Real de Azúa, han venido desapareciendo del espacio público?
¿Es tarea de un partido resolver eso que se viene rompiendo desde hace más de medio siglo? ¿Vos dejarías en manos de un partido la resolución de ese tema inmenso y que nos interpela a todos? ¿De los partidos que no supieron resolver los problemas que tuvieron entonces y nos llevaron, por acción u omisión, a esa nefasta dictadura? ¿De esos partidos que tras gobernar 30 años de democracia estable se han comido olímpicamente los mocos en el asunto hasta el punto de permitir que el Estado a duras penas controle algunas zonas del territorio? ¿De verdad pensás que estás, por definición, lejos de México? ¿Como pensás que era México hace 40 o 50 años?
¿Pensás que los tiempos que tiene la Justicia, lentos y precavidos, son un error? ¿Que se debería hacer justicia al grito de dolor? Porque te recuerdo diciendo exactamente lo contrario cuando el gobierno cambió algunas cosas al grito de la majuga: ahí te parecía (y con razón) un disparate populista. ¿Ahora ya no es populismo? ¿Ahora es la justa reacción de un pueblo herido? ¿Vos escuchás lo que estás pidiendo? Si logras escapar a la rabia candente del momento, ¿que pensás que se soluciona con la justicia por mano propia?
¿En qué momento se abandona el edificio simbólico colectivo, ese que está ahí como brumoso telón de fondo de nuestro día a día? Cuando se es delincuente y asesino, sin duda que se lo abandona. Pero ¿cuando se propone linchar a delincuentes, no? ¿Seguro? ¿Seguro de que te gustaría tener como vecino a un señor que anda armado y que saca pecho de ello en la vía pública? ¿Que en lugar de tener cuerpos de seguridad del Estado la cosa pase a ser quién tiene la pistola más grande y más rápida?
¿Es cosa buena abandonar el Estado de Derecho, el único sistema que sabemos empíricamente ha defendido a los débiles frente a los poderosos, cuando vemos que el Estado no alcanza siempre a cumplir su cometido en la defensa de su ciudadanía? ¿Deberíamos tirar el niño con el agua sucia y retroceder 250 años en ese proceso? Y, al mismo tiempo, ¿debería la ciudadanía esperar callada y con la cabeza gacha a que papá Estado cumpla con sus obligaciones mínimas de protegerla?
¿Qué planes debés desarrollar cuando tenés 200 mil personas viviendo en la periferia de Montevideo sin saneamiento, sin veredas, sin alumbrado público, sin una escuela que sirva para (por lo menos) enseñar a leer, sumar, restar y a reconocerse como parte de ese colectivo más amplio que llamamos país? ¿Qué hacés cuando sos gobierno y a pesar de tus esfuerzos, peores o mejores, los resultados no llegan? ¿Te dedicás a defender la poltrona con uñas y dientes y señalás a quien te marca tus fallos como un traidor a la causa del pueblo? ¿Really? ¿Pensás que el chorro va a dejar de robar por eso y que el que pide mano dura va a quedar contento? ¿Deberías anteponer tu cargo a tu impotencia o tu inanidad?
¿Se pueden atacar problemas de la magnitud de los asesinatos y de los linchamientos que (casi seguro) se vienen, sin un proyecto que tenga unos consensos tan amplios como sean posibles? En plan ciudadano ignorante, ¿existe una política de Estado al respecto? ¿Una que involucre a todos los partidos con representación parlamentaria? ¿O se sigue tratando el tema con la inteligencia de quien le tira los platos al otro a la cabeza, para ver si después del ruido, toca treparse al sillón? ¿Y los otros actores sociales, qué? Más allá de las declaraciones doloridas y los paros cuando el muerto es uno de “los nuestros”, ¿qué ideas presentan los sindicatos, las asociaciones, los colegios profesionales? ¿Si no es asunto de ellos, de quién sería?
En la letra de su canción El culo del mundo Caetano Veloso decía: “La más triste nación, en la época más podrida, se compone de posibles grupos de linchadores”. Hablaba del Brasil de hace 20 años, en donde los secuestros, los robos y los asesinatos empezaban a habilitar la existencia de ciudadanos armados que se presentaban como luchadores contra la violencia. Sin embargo, tras cientos de “ejecuciones justicieras”, Brasil no ha ido a mejor en ese rubro en estas dos décadas.
Hay que evitar, como sea y de manera urgente y clara, ir hacia ese lugar oscuro, incierto y anticiudadano de la “justicia” de mano propia. Y eso solo se puede lograr si el Estado logra cumplir con su misión de garantizar la seguridad ciudadana. Sin esos mínimos, lo que se avecina es un proceso de destrucción institucional y de licuefacción terminal de todo aquello que nos permitió alguna vez caminar juntos. El culo del mundo.