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Respondiendo al expresidente Julio María Sanguinetti escogí el discurso que fue elegido por el citado abogado para utilizar frases “fuera de contexto”, atribuyendo al Arqto. Juan Pablo Terra dichos que considero han sido mal interpretados por el Dr. Sanguinetti. Se trata de esclarecer nuestra polémica y para ello escogí el texto completo del discurso realizado por Juan Pablo Terra en el Club Platense el día 17 de febrero de 1973 titulado por Juan Pablo El tutelaje.
El tutelaje. “Lo primero a clarificar hoy es el papel que las Fuerzas Armadas se asignan y pretenden desempeñar en el proceso uruguayo. Cuando han salido con las armas a la calle y han impuesto su poderío, obligando a capitular al gobierno, para no ser apartadas de ese papel, resulta evidente que lo primero es aclarar ese punto.
Y venimos con esto a la doctrina del tutelaje, expuesta en aquel documento militar que analizamos dos meses atrás. Muchas cosas confirman que es una convicción madurada de tiempo atrás y mantenida a través de las alternativas de esta crisis. Los militares no quieren tomar el poder para ejercer ellos el gobierno. Nada les hubiera costado quitar a Bordaberry del medio. Si la crisis se prolongó trabajosa fue precisamente porque no quisieron hacerlo. Hubieran aceptado que Bordaberry renunciara y quedara Sapelli, pero para ello la renuncia debía ser ‘espontánea’ y Bordaberry no quería renunciar. En todo caso, con él o con otro, lo importante era que aceptara las condiciones. No se trataba de cambiar de personas, de instalar un presidente por las armas ni de sustituirlo por una nueva elección a breve plazo, sino de instaurar un tutelaje.
¿Por qué?
Los documentos militares dan una respuesta. Recuérdese el de hace dos meses: denunciaba una realidad nacional ‘que conduce irremediablemente a la destrucción del país si no se reacciona inmediatamente’ y la caracterizaba por el enorme deterioro de los valores morales, la economía estancada, la conducción política respondiendo a intereses particulares y la alarmante ‘penetración ideológica’, especialmente en la enseñanza y en los sindicatos. Estampada luego la afirmación de que los mandos militares han decidido gravitar en la vida del país, fundamentalmente en los temas de la seguridad nacional y el desarrollo: hacer planteamientos firmes, intervenir, supervisar, tomar a su cargo algunas realizaciones. Y usar para esto la ‘presión’ sin retroceder. Lo ocurrido posteriormente prueba que iba en serio.
Es importante notar que esta crisis se precipitó bajo la afirmación (comunicado del martes 6 del cte.) de que, ‘las Fuerzas Armadas no son ni serán el brazo armado de grupos económicos y/o políticos’ y de que se pretendía apartarlas ‘del camino que deben recorrer’.
Pero los comunicados 4 y 7, los del programa, respaldados por las tres armas (a pesar de sus diferencias y enfrentamientos en este episodio), precisan más la idea.
El comunicado 4 (art. 7o) reclama ministros de Defensa que compartan el programa y la concepción sobre la intervención en la problemática nacional ‘dentro de la ley’, y que ‘trabajen con los mandos’ para la ‘reorganización moral y material del país’. Y señala el propósito de intervenir en asuntos de ilícitos y corrupción (art. 5o), en todo asunto de seguridad y soberanía (5o k) vigilar la conducción nacional, en contacto estrecho con el Poder Ejecutivo, presentando planteamientos y gravitando en las decisiones relativas a desarrollo y seguridad (6o a), mantenerse al margen de problemas estudiantiles y sindicales salvo que amenacen la seguridad, y tomar a su cargo realizaciones eficaces y concretas de desarrollo o interés nacional (6o b).
Recordemos que ese comunicado 4 tuvo un largo proceso de elaboración y discusión en el seno de las Fuerzas Armadas.
¿Por qué esa concepción?
Creo que el pensamiento es claro. Hacen una dura crítica de los mecanismos y de los hombres políticos. Comprenden la estrechez y el egoísmo destructivo de los grupos poderosos que han gobernado estos años, se enfrentan a divisiones ideológicas muy hondas en las cuales temen introducirse, comprenden que el país debe ser estructurado en algún grado, rechazan el marxismo-leninismo y desconfían de las tácticas políticas. Se sienten con un enorme poder de ejecución, pero quieren mantener la unidad (art. 6o a), que peligraría en el complejo tembladeral de la política.
Y entonces surge lo de colocarse fuera y por encima del proceso político. El comunicado 7 en esa materia es muy expresivo: ‘Las Fuerzas Armadas ni se adhieren ni ajustan sus esquemas mentales a ninguna filosofía política partidaria determinada sino que pretenden adecuar su pensamiento y orientar sus acciones según la concepción propia y original de un Uruguay ideal’ (art. 6o). ¿Es posible colocarse en ese mundo no comprometido para gobernar un país terrestre? No. Se puede estar fuera de los partidos, pero siempre hay, en una conducta política, un pensamiento, bueno o malo, coherente o ecléctico, explícito o implícito, pero tan comprometedor y tan humano como cualquier otro.
El mismo artículo 6o baja más a la tierra cuando dice: ‘(…) solo interpretando, con el menor margen de error posible, los sentimientos y deseos generales del pueblo y conciliando con justicia los intereses opuestos, podrán en cada caso particular, recomendar la adopción de las soluciones más adecuadas’. ¿Pueden las Fuerzas Armadas arrogarse ese papel de intérpretes y de árbitros por encima de los representantes electos y de los pronunciamientos populares?
Digámoslo claramente: la pretensión no es menor que la de los grupos oligárquicos durante la dictadura pachequista, y las Fuerzas Armadas, al cumplir esa función, pueden actuar más independientes de los grupos opresores. Pero como tesis es para nosotros inadmisible.
Puede interpretarse la tesis del tutelaje de dos modos:
Uno: como una solución de emergencia y transitoria, ante el desquicio completo del régimen político, en una grave encrucijada nacional. Podría tener ese sentido el deseo expresado de no sustituir al presidente; de mantener Parlamento, partidos y elecciones, y de alterar poco la fachada institucional. No es nuestra solución para la emergencia; nosotros apoyamos todo en una participación renovada y real del partido del pueblo.
Y tiene el riesgo de corroer aún más la cultura y la tradición democrática cuyos restos son todavía en el Uruguay un punto de apoyo de que otros pueblos carecen el riesgo de acostumbrar aún más a las fachadas huecas y los formalismos vacíos; y el riesgo de que en la práctica la solución se perpetúe o evolucione hacia un régimen militar absoluto. Sin negar que puedan lograrse entre tanto realizaciones valiosas que merezcan todo el apoyo.
Dos: como una etapa preconcebida de una escalada hacia el poder militar absoluto tendiente a desgastar los cuadros políticos y a marginar progresivamente la participación organizada del pueblo en partidos políticos, lo que atentaría contra un valor nacional fundamental y amenazaria toda la continuación del proceso de liberación del pueblo.
Francamente, de los hechos no surge que esta segunda sea la verdadera interpretación. La línea asentada de los documentos afirma la primera y otras tendencias la corroboran.
Pero aquí se juegan valores demasiado importantes. Nuestra actitud, en este aspecto, y sin perjuicio de los demás que analizamos, será de permanente y vigilante militancia” (Juan Pablo Terra, 17 de febrero).
Hasta aquí el discurso de Juan Pablo citado por el Dr. Sanguinetti, quien manifiesta que apoyó los comunicados 4 y 7 del 9/3/1973. No sé de dónde saca esa conclusión el expresidente. Dejo al criterio de los lectores la consideración final de este asunto.
Esteban G. Los Santos Izquierdo
CI 956.521-7