El embajador uruguayo en Estados Unidos (EEUU), Carlos Pita, trabajó intensamente junto a su equipo para organizar la charla titulada “Uruguay y los derechos humanos en el siglo XXI” que tuvo lugar el jueves 18 en el salón 603 de la Washington College of Law de la American University, en Washington DC. Se trató, según el diplomático, de una oportunidad para mostrar uno de los ejemplos de la “modernidad”, “liberalismo” y “vocación de país de avanzada” que a su entender están caracterizando a Uruguay. Para Pita, eso es lo que se percibe en el exterior y distingue al país de otros de la región, como Argentina, que aparece en los medios de comunicación estadounidenses por los litigios pendientes que dejó el default aprobado entre aplausos por sus congresistas en 2001.
El otro elemento demostrativo de este punto alto en la relación es una invitación, a la que resta ponerle fecha, para un encuentro entre los presidentes Obama y Mujica. Esperamos que sea este año.
—¿Qué falta para que se concrete la apertura para los cítricos?
—Durante 60 días, que se cumplieron el 8 de abril, se sometió al escrutinio público esta apertura y se recabaron opiniones que felizmente fueron en general muy buenas. Ahora resta que el Departamento de Agricultura estudie las ponencias que se hicieron. Esto no tiene fecha. Hemos seguido hora a hora este proceso, en contacto permanente con las autoridades de dicho Departamento, con nuestro Ministerio de Ganadería, con los lobbys de aquí y con los empresarios uruguayos. Tenemos la expectativa de que a la brevedad finalmente la apertura se concrete.
Esto significaría mucho, y mucho más en la actual coyuntura internacional. El porcentaje de exportación de este rubro a Europa era muy alto y estaba impactado por la crisis en ese continente, por lo que poder colocar nuestros cítricos —que son de altísima calidad e inobjetables condiciones sanitarias— será muy importante para miles de familias uruguayas y para el país entero.
—También hay negociaciones en curso para poder exportar carne ovina.
—Hay una definición como país y del Gabinete Productivo de ir paso a paso: queremos que se resuelva y se concrete la negociación del capítulo vegetal, con los cítricos como principal rubro. Las conversaciones en torno a la apertura para la carne ovina están muy avanzadas y falta una concreción.
—El gobierno de EEUU, como contrapartida, pretende que Uruguay habilite la entrada de pollo de ese origen. ¿Hay buena disposición para esto?
—Hay varios planteos. Uruguay ha tenido una actitud abierta al tema de la semilla de papa y tiene muy buena disposición en general a los planteos de EEUU.
—La balanza comercial tendió a ser negativa para Uruguay en los últimos años. ¿Es una situación coyuntural o estructural?
—Tuvimos en un momento determinado un buen balance comercial, pegamos un bajón que nos llevó a un pozo en 2008 y 2009, y después empezamos a subir lentamente. Mantenemos un déficit, que se está acortando y en la medida que la economía estadounidense siga recuperándose, la expectativa es que continúe mejorando la balanza comercial.
EEUU tiene a favor la posibilidad de emitir moneda y eso le da competitividad. Hay que tener en cuenta que es el mayor mercado de consumo y que también es el mayor productor de agroindustriales del mundo, si no hay factores climáticos determinantes.
Por otra parte, en materia de inversión extranjera directa estadounidense hubo una buena performance. Tenemos una gran esperanza de que esa corriente siga; Uruguay tiene condiciones para atraer un flujo creciente. Poder consolidar este incremento de las inversiones es, junto con la apertura del mercado para los cítricos, un objetivo principal.
—Uno de los planes de inversión de origen estadounidense más sonados recientemente es la construcción de una torre de apartamentos de lujo en Punta del Este por parte del grupo de Donald Trump. ¿Ese tipo de inversión es la que se pretende atraer?
—De alguna manera ese proyecto ayuda, porque nos pone en el mapa. Yo respeto mucho la inversión y en particular esta que menciona, y espero que nos ayude en otros rubros. Pero uno siempre pretende que la inversión sea aquella que pueda aportar más demanda de recursos humanos de la mayor formación posible y con alto valor agregado.
Estamos en una etapa muy promisoria, porque el otro gran capítulo de la relación bilateral es la cooperación. Uruguay tiene expectativas en torno a un sector extractivo que puede llegar a eclosionar si se abre cauce con una regulación adecuada y con el mayor consenso nacional posible. A las inversiones en la gran minería y en las prospecciones tanto de gas como de petróleo está asociado mucho valor agregado, un gran salto científico-técnico y una gran demanda de recursos humanos capacitados para ello. En inversiones en estos grandes rubros, con la mayor cantidad posible de big players —que sin ninguna duda están en Norteamérica—, es en lo que estoy pensando.
—En una reciente entrevista con Búsqueda, la embajadora de EEUU en Montevideo, Julissa Reynoso, reclamó cuidar la “competitividad” y “agilizar” los trámites para hacer negocios en Uruguay. ¿Esa es una preocupación que escucha a menudo en sus contactos con empresarios estadounidenses?
—No son las que a mí específicamente me plantean. En los contactos que tengo se refieren básicamente a las oportunidades. Aún así, lo que dice la embajadora Reynoso es importantísimo y tiene razón. Pero el gobierno está haciendo grandes esfuerzos por disminuir el tiempo necesario para facilitar la apertura de un negocio. Uruguay está en el buen camino y coincido en que habría que acelerar esos pasos, pero reivindico lo que el gobierno está haciendo.
—La suba de la carga tributaria al agro —luego de haber dicho que no se modificarían las reglas de juego— y las divergencias en torno a aspectos de la conducción económica entre mujiquistas y astoristas, ¿afectan negativamente la percepción de Uruguay entre los inversores?
—Mi sensación es que en EEUU no suenan para nada esas cosas. Diría que Uruguay tiene una imagen excelente; un país que respeta plenamente los contratos, políticamente estable, serio y que honra sus compromisos. Los empresarios e inversores enseguida hacen una distinción y hablan bien de Uruguay. No percibo que esos asuntos generen ruido.
—¿Hay por todo esto una diferenciación frente a otros países de la región?
—Hay un conflicto que es muy fuerte y resuena en los medios de comunicación angloparlantes e hispanoparlantes de aquí, y son los contenciosos pendientes de la República Argentina con los organismos internacionales y con acreedores privados. Eso sí suena y ocupa muchos titulares.
Creo que estoy contestando con claridad lo que sucede: nosotros, cuando somos noticia es porque aparecen ejemplos del presidente con la vida más austera del mundo. O porque se aprueba el matrimonio igualitario. Y de esto se ocupan las cadenas; en CNN Uruguay estuvo ocho minutos y fue un tema dos días seguidos.
El asunto de la interrupción de la gravidez en las primeras semanas también generó en su momento un gran impacto informativo aquí y en el mundo entero.
Que se esté debatiendo, con opiniones muy encontradas, una modalidad diferente al combate al narcotráfico, también es un elemento de coraje cívico. Habla muy bien de una sociedad que a pesar de los problemas, no tiene complejos. Estas son cosas que tenemos que exhibirlas: contamos con una Institución Nacional de Derechos Humanos creada por el Estado y el apoyo de todos los partidos, lo que no hay en otro país de la región. Esto es para fiscalizar al Estado y no se hizo para quedar bien frente al mundo. ¡No señor! Se trata de un terreno nuevo de cooperación y nosotros nos podemos beneficiar mucho de las experiencias de EEUU; la gente puede preguntar: “¿y coincidimos?”. ¿Qué tiene que ver? En los que coincidimos, coincidimos, y en los que no, no. Los escenarios en donde nosotros sustanciamos las diferencias son los multilaterales: allí podemos estar de acuerdo si una misión es de paz por el artículo tal de las Naciones Unidas, o si en la OEA hay que someterse —y creo que sí— a los dictámenes vinculantes de la Comisión de Derechos Humanos. Pero la relación bilateral es para potenciar los acuerdos y es bueno explorar nuevos campos de cooperación. Y no nos faltan razones para hacerlo: si uno ve la cantidad de amigos que tuvo en EEUU que nos ayudaron a defender los derechos humanos y para recuperar la democracia, se queda asombrado. Hay que mirar la relación sin prejuicios.
Uruguay está siendo un foco por su modernidad, por su liberalismo, por su vocación de país de avanzada. Y por el impacto que tiene la manera de ver la vida del señor presidente de la República, que genera muchísima admiración y respeto. Esas son las palabras que utiliza la gente aquí, en Washington. Se sorprenden con los valores y con la humildad con la que habla del consumismo desenfrenado. Esto impacta mucho.
Es por estas cosas que se diferencia al Uruguay: una tradición de país serio, democrático, con respeto de los compromisos que asume, institucionalmente muy fuerte y con estabilidad. Y esta imagen de modernidad y de honestidad. Esto sintetiza la imagen con que se percibe al país.