• Cotizaciones
    martes 21 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El festival Acá Estamos

    Sr. Director:

    Estas líneas se inscriben dentro del intercambio público, debate, cuestionamientos y apoyos sobre el festival protagonizado por músicas Acá Estamos, en el que actuaron Laura Canoura, Soledad Martínez, Vanesa Britos, Agustina Padilla, Catherine Verges, Sofía Álvarez, Agustina Morales, Daniela Mercury (Brasil) y Lali Espósito (Argentina). Todo lo financió la Intendencia de Montevideo. Propongo dar una mirada sobre la música que se financia en el mercado y la que no, así como la que recibe subvenciones o directamente producen organismos estatales, tanto nacionales como de Montevideo.

    El mercado financió y financia bienes uruguayos de identidad y calidad, como Ruben Rada, Jaime Roos, La Vela Puerca, No Te Va Gustar, Cuarteto de Nos, Trotsky, Buitres, Larbanois Carrero, Zitarrosa, Los Olimareños, El Sabalero, Níquel (y Nasser), Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Fernando Cabrera, Zurdo Bessio o Agarrate Catalina. Entre los extranjeros: Serrat, Sabina, Beatles, Rolling Stones, Calle 13, La Nueva Trova Cubana, Rubén Blades, la salsa latina, Celia Cruz, Buena Vista Social Club, Marisa Montes, Caetano Veloso, Chico Buarque, Gilberto Gil, Tom Jobim, Bob Dylan, Madonna, Lou Reed, David Byrne, Michael Jackson, REM, Pink Floyd, Beck, TV On The Radio, Charly García, Fito Páez, Los Redondos, Los Fabulosos Cadillacs (y Vicentico), Soda Stereo (y Gustavo Cerati), Bajofondo, Atahulpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Carlos Gardel, Aníbal Troilo, Astor Piazzolla y la inmensidad del tango, y una larga muy larga lista entre la que se encuentra todo el carnaval uruguayo —aunque hay que reconocer que en este existe una participación del sector público, concretamente las intendencias, pero en Montevideo no es determinante para su existencia—. También toda la música tropical y ritmos latinos protagonizados por locales se financian en el mercado, aunque a mi juicio hay mucho de mala calidad. Los artistas mencionados captan (o captaban, algunos ya no están) bastante público, y desde el punto de vista mercantil se comportan como con fines de lucro. Algunos de ellos se presentan en eventos con contenidos sociales o políticos sin percibir remuneración, donando su imagen y sus creaciones populares y de calidad.

    El mercado también financia y financió lo que considero de baja calidad, como L-Gante y Pablo Estramín. Aquí también hay una larga lista que no quiero mencionar a fin de no distraer de los asuntos principales de estas líneas. La vara, los criterios para determinar qué es de calidad o qué tiene mercado —son cosas distintas— responde al menos a grupos de interés o a corrientes estéticas, como el TUMP (Taller Uruguayo de Música Popular), las escuelas musicales (IM y Udelar), los directivos y socios de Sudei, Agadu, Fonam, los críticos y comunicadores de prensa, radio, televisión, portales, redes sociales, blogs, músicos en general, los productores de sellos discográficos y de espectáculos y, eventualmente, las preferencias y el olfato de retorno político de las autoridades de turno, sean departamentales o nacionales.

    La concurrencia en el mercado financia al sello discográfico Ayuí, destacado, entre otras cosas, por editar autores que el mercado no financia y son considerados por artistas y críticos como portadores de calidad e identidad. El editor musical Perro Andaluz se comporta de forma igual. El Instituto Nacional de la Música (del MEC) financia investigaciones sobre música en Uruguay. La Intendencia de Montevideo alberga y promueve, con ausencia de elementos estéticos locales, el rap y el hip-hop en instituciones como Sacude (Casavalle), Centro de Barrio Peñarol y otros espacios descentralizados. Algunos de sus cultores actúan “a la gorra” en los ómnibus de la ciudad, unos cuantos pasajeros colaboran con monedas y la mayoría los aplaude. Lauro Ayestarán (1913-1966) realizó la investigación musicológica de mayor envergadura y significación de toda la historia del Uruguay mediante grabaciones de estilos, ritmos, melodías y cantos de todos los rincones del país. Lo hizo financiado por el Museo Histórico Nacional (del MEC). Su frondoso archivo se encuentra disponible de manera gratuita y es consultado por investigadores y músicos. Los Fondos Concursables (MEC) y los Fondos de Fortalecimiento de la Música (IM) financian actividades artísticas de manera descentralizada. Para ello se realizan concursos públicos en los que jurados especializados y heterogéneos seleccionan proyectos para financiar presentaciones en el interior y en barrios de Montevideo, con remuneración para los músicos y sin costo para los asistentes (entradas gratis). Se trata de una doble subvención: remuneración a artistas uruguayos y público que no tiene que desembolsar nada.

    Por otra parte, es el sector público el que financia la música académica (mal llamada culta). La llevan adelante el Ministerio de Educación y Cultura, con la Orquesta Sinfónica Nacional, de 100 integrantes, y la Orquesta de Cámara, con cinco, y la Intendencia de Montevideo, con la Filarmónica de Montevideo, de 94 integrantes, y la Banda Sinfónica, con 70. Todas ellas en total ejecutan un presupuesto anual de 8 millones de dólares, la gran mayoría en salarios. Se presentan en el centro de Montevideo y compiten entre sí por un segmento de entre 10.000 y 15.000 personas distintas. También participan en obras de ballet y óperas y han desarrollado estrategias de actuación en barrios de Montevideo y localidades del interior, rentabilizando su existencia en la tarea de acercarse y crear nuevos públicos. A mi modo de ver, la relación entre gasto y resultados de público es muy desequilibrada. Algo sobra o algo falta, pero aquí no me puedo extender más en este asunto.

    En otro plano, estoy de acuerdo con que el sector público subvencione espectadores al ofertar música popular de calidad, identidad o indiscutible valor universal, sea con entradas gratis o a un bajo costo, como podría ser el caso del espectáculo de artistas mujeres en Punta Carretas. Pero esto es francamente discutible: no se puede ser objetivo o imparcial a la hora de decidir la contratación de un artista u otro, aunque se puede argumentar con buena fe, apertura y rigor artístico no encasillado. De todas maneras, algunos van a quedar descontentos.

    Para seguir, haré referencia a cuatro cosas más.

    La presencia de Spotify, YouTube y similares ha permitido el acceso a casi toda la música, por no decir toda. Ya no es necesario el lanzamiento “en físico” de un álbum, lo cual significa un ahorro, y dichas plataformas brindan posibilidades de adhesión y apuestas tanto a lo masivo como a los gustos de minorías. Son esas plataformas las que crean espectadores para las presentaciones en vivo.

    La formación del gusto se da en la familia, en el sistema educativo y mediante estéticas generacionales, esto es, propuestas que se identifican y surgen para cada tanda de adolescencia y juventud (entre 13 y 25 años, digamos). No son previsibles estéticamente. Fue el caso de The Beatles y, salvando un enorme abismo de calidad y trascendencia, es el caso de Lali Espósito para públicos regionales. Ya sucedió algo similar con Los Parchís, Menudo y los Hanson.

    En el Uruguay, todas las valoraciones, intercambios y debates se realizan sin indicadores. Número de espectadores (entradas vendidas más invitaciones), porcentaje de ocupación, ubicación geográfica, género musical, precio de las entradas, presupuesto y otros muchos datos se desconocen. Esto sí que le corresponde al sector público. Hay que invertir en producir información certera, confiable y permanente sobre conciertos, obras de teatro y otras expresiones de oferta y consumo cultural. No es caro, y son insumos esenciales para una toma de decisiones responsable, para la formulación de proyectos públicos, privados y mixtos. El sector estatal —nacional y de gobiernos locales— genera indicadores para toda la enseñanza formal, la salud, la situación económica y financiera, la distribución del ingreso, la pobreza, las soluciones habitacionales, el transporte público y más. No sucede esto dentro de la cultura y parece que no se percibe como una necesidad y un servicio público. En ocasiones se muestran cifras mentirosas, abultadas, sin rigor (lo digo con autoridad porque yo mismo terminé involucrado en ello en al menos dos ocasiones, una de las cuales fue sobre el número de personas que salieron a participar del Día del Patrimonio del 2005).

    El espectáculo Acá Estamos tuvo un precio de entrada de 400 pesos y contó con el patrocinio de Coca-Cola, Sedal, Médica Uruguaya y Renault. Al momento de escribir estas líneas, varios medios informan que se vendieron 19.645 entradas, asistieron 24.866 personas con entradas gratis, se recaudaron 256.478 dólares y el costo total del show llegó a los 900.000 dólares (sic). No se dispone de información sobre los aportes de los patrocinantes. El evento fue transmitido por TV Ciudad, lo que aumenta su cobertura, aunque no se puede comparar con la performance en vivo. La intendencia afirma que por distintas plataformas lo vieron a la distancia 2 millones de personas. Dudo de ese dato. ¿Cómo cuantifican esa audiencia?

    La participación de Lali Espósito, cuyo caché ascendió a 256.000 dólares, fue tema en los medios de comunicación y las redes sociales, entre ciudadanos comunes y personal político. Espósito ya se había presentado en Uruguay en el 2015 (Teatro de Verano) y en el 2022 (Antel Arena), en ambos casos con productores privados, lo que significa que se financia en el mercado de pago. Lali canta con una voz potente, baila, en su espectáculo hay coreografías relativamente complejas, vistosas, buenos coros e instrumentación, luces a granel, pantallas y efectos, vestuario y mucho ensayo. Tiene gran empatía con el público, que la acompaña en cada canción y manifiesta su excitación cada vez que se da un piquito o un beso con compañeros de escenario, hombres y mujeres. Es un espectáculo complejo para la región y de cierta calidad dentro de lo que se conoce como pop latino. No es original, cosa que en parte no importa porque su público aún no tiene referencias históricas. El nombre de la gira es Disciplina Tour (referencia a un juego sexual). Se nota una marcada influencia de Madonna, por momentos al borde de una imitación precaria, y prácticamente no tiene rasgos de identidad local o regional, ni valor universal, como tantas otras propuestas que andan por el mundo. Sin duda interpreta el sentir, la percepción, el placer de parte de una nueva generación. Vendió 45.000 entradas en un concierto en marzo, en Vélez, con precios de entre 17 y 34 dólares la entrada. El mercado la financia al menos en Argentina, Chile, Paraguay, México, Ecuador, Israel y Uruguay. Al presentarse ella y las demás mujeres en Acá Estamos, la Intendencia de Montevideo subvencionó espectadores a un costo presupuestal a mi entender excesivo, no compartible. Cabe preguntarse si el espectáculo habría tenido ese número de espectadores sin la participación de Lali en la grilla. Creo que no. Ella fue la protagonista y las demás, teloneras. O sea, tienen que venir propuestas sin arraigo o valor universal consistente para que las uruguayas tengan un lugar en el mundo. Si es así, financiemos artistas nacionales como soportes de shows en Argentina, México y España para que los vean. Esto nos habla del mal gusto y la falta de identidad en la que vivimos, “aquí, allá y en todas partes”.

    Por último, Acá Estamos afirmó el protagonismo de las mujeres, se posicionó de manera positiva entre parte de la juventud (nuevos o recientes electores), al mismo tiempo que prestigió al personal político de la Intendencia de Montevideo. “No hay puntada sin hilo”.

    Manuel Esmoris