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En su estreno como ministro Danilo Astori quiso instalar una regla fiscal, pero el intento murió en el Parlamento. Aunque ya había salido de la recesión, el Uruguay que por primera vez gobernaba el Frente Amplio aún acusaba profundos desajustes fiscales y financieros como resabio de la última crisis.
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Astori y sus asesores redactaron dos artículos —los números 31 y 32— en el proyecto de Presupuesto Nacional para 2005-2010 y el 9 de setiembre de 2005 los defendieron en la Comisión de Presupuestos integrada con Hacienda de Diputados. La meta fiscal establecida en su programa económico era abatir el déficit fiscal anual de 0,4% del Producto Bruto Interno y lograr un superávit primario —excluidos los pagos de intereses de deuda— equivalente a 4%. También apuntaba a atacar el problema del alto endeudamiento público, de modo que a lo largo del período de gobierno iría a perder “el carácter explosivo” que tenía entonces, según señaló Fernando Lorenzo, director de la Asesoría Macroeconómica del ministerio.
Astori explicó que las tres cuartas partes del Presupuesto son salarios, intereses de la deuda pública, asistencia a la seguridad social y otras transferencias. “¿Cómo se puede practicar anticiclicidad con una estructura de ese tipo? La respuesta es muy difícil. Tenemos que empezar a cambiar de a poco. (…) Ahora bien: hay señales de anticiclicidad en este Presupuesto. (…) El ahorro de recursos públicos que estamos haciendo —el superávit primario no es otra cosa— (…) es un gesto de postura anticíclica, como es el artículo 31 del Presupuesto, lo que nosotros llamamos la regla fiscal. El primer inciso del artículo 31 limita, topea en términos reales la evolución del incremento del gasto primario corriente del gobierno central al 3%, pero el segundo inciso excluye de esta meta partidas que entendemos prioritarias, como las de las inversiones, y obligatorias, como los intereses de la deuda”. Y agregó: “Entonces, toda la concepción de este artículo es anticíclica, de impacto modesto —vamos a entendernos—, por la estructura muy rígida que tiene nuestro gasto (…)”.
Lorenzo complementó: “(…) Topear la expansión del gasto en un 3% no es baladí, porque ese porcentaje es la hipótesis que estamos contemplando de crecimiento del nivel de actividad. Ese es el límite superior. Si ese no es un componente fuerte de una regla anticíclica, me temo que no entendería otro concepto. Generar espacio contracíclico es necesariamente topear el gasto en niveles que sean sustentables. ¿Para qué? Para que el día que necesitemos expandir el gasto por encima de eso podamos tomar la decisión que sea financieramente posible y sustentable. Y si no es así, la política fiscal jamás podrá ser contracíclica”.
Pero el mentado artículo ni siquiera mantuvo su número y quedó diluido en la versión final de la primera ley presupuestal del Frente: “El Poder Ejecutivo, actuando en Consejo de Ministros, en cumplimiento del cometido de velar por la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de las cuentas públicas, adoptará las medidas necesarias a los efectos de asegurar que el incremento anual del gasto primario corriente del gobierno central no supere, en términos reales, un monto que afecte los parámetros de la estabilidad y la sostenibilidad arriba referidas”.