N° 2055 - 16 al 22 de Enero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlguien pudo suponer que la culpa es solo por acción de dos psicópatas: el recluso con múltiples antecedentes y ex barra brava de Peñarol, Erwin Parentini, y el sicario Esteban Costa. Desde la cárcel, mediante un celular, Parentini contrató a Costa para matar a un hincha de Nacional porque los aurinegros perdieron el Campeonato Uruguayo. Lo mató y recibió como pago pasta base y unos pesos flacos.
Si una historia similar se hubiera desarrollado en una ficción policial habrían descalificado a su autor por exagerado. En realidad se hubiera quedado corto. En el corrupto mundillo del fútbol las acciones criminales estallan por doquier, aunque esa haya sido excepcional.
Es el primer sicariato comprobado desde que en 1900 comenzó a disputarse el Campeonato Uruguayo de Fútbol. Se añade a muertes de hinchas por violencia en las canchas, coimas, estafas y lavado de dinero alrededor del agujero negro disfrazado de deporte. Fue deporte (“Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico”, según la Real Academia Española), pero la multimillonaria circulación de dinero de origen desconocido lo transformó y degradó. Una pasión emocional para muchos y un negocio para varios.
Sobre el sicariato el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, reflexionó en Radio Sarandí: “El que confunda que es un problema de hinchas está equivocado”. Y sostuvo que las barras bravas “son un eslabón del crimen organizado. Manejan la tribuna, manejan el estacionamiento, manejan el pase de algunos jugadores y a partir de manejar pases presionan a las directivas y a los directores técnicos porque quieren promover jugadores para tener más dinero en la venta”.
Como dice Bonomi la mugre va mucho más allá de la violencia de los drogatas tribuneros. Quienes los financian siguen impunes porque en sus “códigos” aplican la omertá, la ley del silencio de la mafia siciliana. También porque en el fútbol se compensan lealtades, se adquiere reconocimiento social, se aceitan vínculos profesionales y se proyectan campañas políticas.
Los mafiosos se blindaron. El estatuto de la FIFA prohíbe (artículo 59, numerales 1, 2 y 3) a dirigentes, jugadores, técnicos, clubes y confederaciones acudir ante los tribunales judiciales por sus controversias laborales, salariales o de cualquier índole. Se resuelven adentro. De no cumplirse el estatuto establece que “las federaciones impondrán a quien corresponda las sanciones pertinentes”. No es extorsión, pero pega en el palo.
Tengo claro que lo que aquí escriba se diluirá como el viento en el viento, pero hay que insistir porque quienes aceptan las presiones que atribuye Bonomi ocupan notorias posiciones en varias áreas. Los autodenominados periodistas deportivos (como si fuera un posgrado en La Sorbona) que investigan se cuentan con los dedos de una mano: su trabajo depende de los mafiosos de varios de los cuales se han hecho amigos y acatan, sumisos. Otros se ven obligados a conseguir publicidad para tener un espacio y quedan atrapados.
En 2015 cayeron en Suiza los principales directivos de la FIFA (entre ellos el uruguayo Eugenio Figueredo, presidente de la Conmebol) imputados de actos corruptos variados. Muchos creyeron que era un golpe mortal para la organización criminal. No consideraron que es un pulpo con tentáculos que se reproducen en los cinco continentes.
Hace dos semanas una investigación de Guillermo Draper estableció que, según documentos judiciales y de los Panama Papers, el estudio contable de José Pedro Damani le omitió información a la Justicia uruguaya sobre sus vínculos comerciales con Figueredo (Búsqueda Nº 2.053).
El minucioso informe establece que esos hechos son objeto de una investigación de la Secretaría Nacional contra el Lavado de Activos (Senaclaft), que busca determinar si el estudio de Damiani cometió faltas al no reportar las actividades de su cliente. La investigación incluye a Ricardo Weiss, Daniel Weiss, Víctor Paullier e Ignacio Martinelli por haberle prestado asistencia.
Hace 10 años el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) advirtió sobre la variada y amplia incidencia del crimen organizado en el fútbol: “Involucra la evasión fiscal, el doping, las apuestas ilegales y hasta el tráfico de personas. Su estructura, sus métodos de financiamiento, y en particular la cultura dominante en el más popular de los deportes son puntos de atracción para el crimen organizado”.
Advierte que el fútbol es “un mercado fácil de penetrar”, en el que aparecen “funcionarios gubernamentales y sociedades, además de oportunidades de colusión (acuerdos, reparto de mercados y negocios) entre el mundo honesto y el criminal”. Y no pasa nada.
En el número de Búsqueda citado también surge una advertencia de consideración. Fernando Cáceres, secretario nacional del Deporte, se refiere a las apuestas deportivas y a algunos hechos que han surgido en los últimos tiempos y que han llamado la atención, especialmente en el básquetbol.
Por esa razón el gobierno invitó a dos especialistas españoles, exjerarcas policiales, responsables de Integridad y Seguridad de la liga española que el 9 de diciembre explicaron aquí su trabajo sobre las apuestas y el arreglo de partidos. Es algo habitual y reiterado en varios campeonatos europeos de primera y segunda división, en los que no solo se apuesta por el resultado final, sino también por el del primer tiempo, si hay o no penales, el número de goles, etcétera. Todo es susceptible de “colaboración” en jugadores o árbitros que, con las cartas vistas, se embolsan cuantiosas sumas.
Un colega español comentó que el fútbol se pegó un tiro en el pie cuando habilitó la invasión de las casas de apuestas, tanto, que hay clubes que llevan estampado en sus camisetas el logotipo de una casa de apuestas porque compiten entre ellas.
La entrada de más dinero corrompe casi todo lo que toca, dice el periodista español Luis Carlos Peris del Diario de Jerez. Añade que todos los casos descubiertos son como un iceberg: un bloque sumergido y amenazante.
Veremos si en el próximo gobierno se terminará el recreo. El gobierno electo anunció que el próximo secretario nacional del Deporte será Sebastián Bauzá, que dependerá directamente del presidente Luis Lacalle Pou. Bauzá fue presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y, como tal, integró la corrupta Conmebol, varios de cuyos integrantes terminaron en la cárcel.
De la Conmebol Bauzá recibió entre 2009 y 2014 entre US$ 5.000 y US$ 10.000 mensuales por concepto de “viáticos”, admitió en el expediente judicial de Crimen Organizado que condujo al procesamiento de Figueredo. Esos “viáticos” nunca los declaró como ingresos en el circuito formal uruguayo. Terminaron en el bolsillo1.
1. Nota de Raúl Santopietro en Búsqueda Nº 2.013 y libro Fifa: la trama secreta de la mafia, de Raúl Ronzoni, Ed. Fin de Siglo, 2016.