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    El gobierno prepara un plan para restaurar ecosistemas nativos; los viveros deben aumentar el stock para abastecer al Estado

    Palas, más de 200 árboles de poco más de un metro de altura, huecos en la tierra listos para albergarlos, todo estuvo listo el viernes 3 para que tanto autoridades de gobierno como voluntarios colaboraran en plantar especies nativas al borde del embalse de Paso Severino, a poca distancia de donde OSE toma el agua en su planta de Aguas Corrientes para potabilizarla y abastecer a la mitad de la población uruguaya.

    Son más de 800 los árboles nativos que se plantarán en el correr de este mes en distintos puntos de la cuenca de Santa Lucía para reconstituir el monte y contribuir a su vez al cuidado del agua. La vegetación contigua a los ríos y arroyos opera como filtro de contaminantes. En el pasado grandes extensiones han sido afectadas por la degradación y deforestación. Más allá de esta actividad puntual de plantación en junio, la iniciativa forma parte de una nueva política que el gobierno está comenzando a construir.

    El objetivo es “comenzar a diseñar una política nacional de mayor dimensión”, dijo Alejandro Nario, director nacional de Medio Ambiente, el viernes 3 durante la jornada de plantación de monte nativo en Paso Severino. “Queremos una estrategia de restauración para ecosistemas nativos” en el país, porque atrás de la vegetación viene también la fauna autóctona que se pierde cuando las plantas nativas desaparecen y el ecosistema se degrada, comentó.

    Para llevar la nueva política a cabo se necesitarán cambios: coordinar con viveros municipales y privados para generar mayor cantidad de plantas nativas y reunir otras experiencias de restauración posibles, como el promover la resiembra natural, según supo Búsqueda.

    Limitante.

    “Implantar un ecosistema” implica generar semillas, plantines, y “hoy en día esto está siendo una limitante, es parte de las cosas que tenemos que aprender”, reconoció Nario. Plantar monte nativo requiere contar con un flujo de plantas y para eso se necesitan lugares en donde criarlas antes de llevarlas al campo.

    “Ahora en Uruguay hay mucha más experiencia sobre cómo trabajar con nativas que hace 10 años. Es un capital que el país viene acumulando”, dijo a Búsqueda Guillermo Scarlato, gerente de Ecosistemas de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma). Esta experiencia acumulada ocurre tanto a nivel público en viveros municipales como entre viveros privados que han desarrollado capacidades para producir plantas nativas.

    Si el país quiere llevar adelante “una política fuerte de restauración de ecosistemas que incluya replantación o plantación de especies para acelerar el proceso de repoblamiento, hay que trabajar porque hoy la capacidad que tenemos es insuficiente”, reconoció Scarlato.

    El gobierno piensa en “apoyarse en intendencias y viveros del Estado y también en desarrollar capacidades de grupos locales vinculados, por ejemplo, a centros educativos, y al sector privado”, resumió el gerente.

    Las 800 plantas para la cuenca de Santa Lucía vinieron en esta oportunidad de una donación del vivero de Toledo de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), el más grande de la comuna.

    Mario Lázaro, director de Áreas Verdes de la IMM, explicó que la Intendencia produce plantas nativas para abastecer a parques (como Malvín, Carrasco, el Cerro, entre otros, con árboles como el ceibo), a calles de la ciudad (con el ibirapitá por Avenida Libertador o el lapachillo por Bulevar Artigas entre San Martín y Tres Cruces), y en algunos casos puntuales a plazas (en la plaza del Entrevero hay dos guayubirá). También donan a escuelas, liceos o intercambian con otras intendencias, no venden. Las nativas requieren ensayo y error y pruebas de cómo podarlas.

    Si bien gran parte de Montevideo está dominada por especies exóticas, Lázaro indicó que en los últimos años hubo experiencias positivas con nativas que pretenden continuar, como el lapachillo en Bulevar Artigas, y esto implica contar con árboles en vivero para reponer. Opina que es “evidente” el mayor interés de instituciones y organismos del Estado por las plantas nativas. La IMM produce una veintena de especies nativas pero no tienen un stock fijo. A medida que se generan se van yendo, es “un continuo”, informó.

    La intención de la IMM es “seguir desarrollando” plantas nativas pero están “un poco limitados con el espacio” para hacerlo. Lleva cuatro años desarrollar un árbol para la calle.

    Lázaro opinó que una creciente demanda estatal de plantas nativas para la nueva política requiere “planificarlo y empezar a hacerlo. Nosotros tenemos, pero no son una cantidad” y la red de viveristas privados también pueden aportar. “Hay viveros muy buenos con gente muy capaz que se puede organizar perfectamente en todo Uruguay, no solo en Montevideo”, informó.

    El Grupo de Viveristas de Especies Indígenas integrado por 15 viveros de distintas partes del país se reunió en mayo con la ministra de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Eneida de León. Le plantearon que, como grupo organizado, pueden aportar para abastecer la creciente demanda pública de especies nativas. El grupo tiene pendiente una reunión con la Dinama.

    Entre los objetivos del colectivo está hacer que socialmente se conozcan y valoren más las especies nativas. Para Ismael Lugo, su presidente, son una “gran riqueza ignorada y desconocida”. El grupo también comparte saberes, ya que hay mucho conocimiento por experiencia, ensayo y error, pero poco está escrito. Además, a nivel municipal, integrantes del grupo en todo el país están realizando gestiones para que sus intendencias incorporen más plantas nativas al espacio público. “A veces los técnicos están embanderados con lo nativo pero no la clase política, que va cambiando y toman las últimas decisiones. Hay que concientizar”, opinó Lugo, y destacó experiencias positivas en Salto, Paysandú y Montevideo.

    María Puppo, integrante de la directiva del Grupo de Viveristas de Especies Indígenas dijo a Búsqueda que la iniciativa del gobierno central abre “una puerta interesante” para el medioambiente y para hacer crecer el mercado de nativas en viveros, que hoy viven principalmente de la venta de exóticas.

    “Si hay una demanda se puede” planificar, hoy hay “poco stock porque hay poca demanda”, informó. Con “coordinación y por pedido” el sector privado tiene gran capacidad para abastecerla, aseguró Puppo.

    Lugo indicó que pueden aportar plantas para todo tipo de ecosistemas nativos, también los costeros. En su vivero ubicado en San Carlos, Maldonado, tiene 86 especies de nativas y más de 10.000 plantas, abastece a otros viveros y dona a escuelas. No son costosas, ninguna supera los 160 pesos.

    “Hay una gran apertura” por parte de públicos y privados, productores y extranjeros que se han radicado en la zona, comentó.

    Puppo coincidió en que la demanda es creciente, tanto de las especies más conocidas como el ceibo, anacahuita o arrayán, como los frutales nativos estudiados por la academia y utilizados de manera incipiente en gastronomía como el guayabo, arazá o pitanga.

    La IMM tiene un “semillero”, sección a cargo de reunir las semillas, almacenar y abastecer luego a los viveros municipales. Para los viveristas privados que manejan mayor cantidad de especies el salir a buscar semillas es un desafío.

    “Hay varios desafíos y está muy claro que se necesita una política integral”, destacó Scarlato.

    Las acciones de restauración de monte nativo no implican solo contar con ejemplares que puedan ser sumados y plantados en sitios degradados. También incluye formas de incentivar la resiembra natural, algo que se está poniendo a prueba en varios sitios del país.

    “Hay que generar nuevo conocimiento” porque en Uruguay “no hay una gran experiencia” sobre cómo restaurar los ecosistemas naturales y por eso se han venido realizando algunos ensayos para evaluar “qué funciona”, indicó Scarlato.

    Reciente.

    “No hace mucho tiempo” que el gobierno trabaja en esta línea de una estrategia nacional. Se pasó de experiencias de pequeña escala, como los Proyectos de Producción Responsable (PPR) —que les han permitido ahora tener “lecciones aprendidas”— a aquellos de mediana escala como el que está en curso en Santa Lucía y se pasará “a otra”, aseguró Nario.

    Se ha comenzado “a pensar” cómo “poner en valor” los beneficios de cuidar aquellos ecosistemas dañados por actividades productivas en todo el país y eso es parte de la “señal” que el Mvotma quiere brindar, destacó. La plantación sobre el Santa Lucía se enmarca en una “estrategia”, de una “secuencia de acciones que va a seguir”, y si es exitosa, se va a replicar en otros lugares, aseguró Nario.

    Scarlato informó que además de trabajar en restauración de ecosistemas en monte nativo se ha “avanzado paralelamente” en el abordaje “gradual” de ecosistemas de humedales y pastizales naturales que son “sumideros de carbono”, depósitos naturales de carbono que evitan que este sea liberado a la atmósfera y sea considerado una emisión de gas de efecto invernadero. A nivel internacional Uruguay asumió también compromisos por formar parte de la Convención de Biodiversidad y la de Cambio Climático de Naciones Unidas.

    Además de las actividades presupuestadas, el Mvotma y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) han comenzado a implementar por primera vez en Uruguay un proyecto de Naciones Unidas REDD+ (de Reducción de Emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la Deforestación y Degradación de los bosques) con fondos donación del Banco Mundial por 3,5 millones de dólares. El proyecto está en “fase de arranque”, informó Scarlato, que destaca tres aspectos positivos. Habrá acciones concretas para empezar a generar experiencia a mayor escala que la actual tanto para monte nativo como para ecosistemas de pasturas u otros, y poder analizar los primeros resultados. Se hará una “evaluación estratégica ambiental” de la política de restauración y conservación de monte nativo en el país que actualmente desarrolla el MGAP, lo que permitirá, en caso de ser necesario, adecuar el rumbo. Además, definir una estrategia nacional permitirá acceder a futuro a más recursos para trabajar en reducción de emisiones.

    Conocimiento.

    Plantar monte nativo no se trata solo de colocar los árboles y plantas de cualquier manera y en cualquier lugar. Se estudia su distribución en los espacios naturales y se diseña una manera de plantarlos para fomentar la recuperación del ecosistema. Además, no todas las plantas nativas están en todo el país. De hecho, depende del sitio que se quiera recuperar, dónde se deben colocar unas u otras.

    En el trabajo que se viene haciendo en Santa Lucía el Mvotma y Mgap han recibido el apoyo del Jardín Botánico de Montevideo y de la Escuela Municipal de Jardinería para esta tarea y apuntan además a “sumar” equipos universitarios, indicó Scarlato. Hay “necesidad de avanzar en conocimiento, es un desafío muy entusiasmante pero complejo porque hay que articular muchas piezas”, opinó.

    Han comenzado por predios estatales pero dentro de los planes del gobierno está el extender la práctica a predios privados en los que hay grandes sectores degradados. “Es un desafío muy grande pero entendemos que es posible. En otras partes del mundo hay ejemplos interesantes”, aseguró Scarlato, y dijo que hay interés de productores agropecuarios y que hacen falta guías y un marco de trabajo para que los interesados puedan hacer sus aportes.

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