Con muchos años y contactos en el sector financiero y empresarial argentino, el uruguayo Alberto Estrada tenía algunas ideas de cómo potenciar la subdesarrollada plaza bursátil montevideana. Eso llegó a oídos del embajador en Buenos Aires, Carlos Enciso, y éste se lo comentó al presidente del Banco Central (BCU), Diego Labat, quien contactó a Estrada. El paso siguiente fueron reuniones con autoridades del Ministerio de Economía, y en abril pasado una resolución firmada por el presidente Luis Lacalle Pou lo puso al frente de la Comisión de Promoción del Mercado de Valores, un ámbito creado por una ley de 2009 que tuvo actividad intermitente. Según el economista, sin conocimiento personal previo con los jerarcas, su deseo de aportar un “granito de arena al país” cuajó naturalmente al encontrar en el gobierno una “agenda política muy determinante” para el desarrollo bursátil en Uruguay.
Estrada sigue viviendo con su familia en la capital argentina y desde allí, por Zoom, conversó con Búsqueda esta semana. Esa misma plataforma usa la comisión para sesionar una vez por mes —cada tercer martes—, aunque entre una y otra reunión el trabajo avanza en grupos más pequeño; su cometido es hacer propuestas al BCU o al Poder Ejecutivo que impulsen el mercado. Se le dio una participación más amplia que a los delegados de las bolsas, las empresas emisores y las AFAP prevista en la ley, para escuchar de primera mano a las administradoras de fondos de inversión (afisa), al Banco República y la Agencia Nacional de Desarrollo, por ejemplo. ¿Hasta cuándo va a ser su trabajo? “Ojalá lo menos posible. Porque querrá decir que el mercado toma vida propia. Sería mi mayor deseo”, contestó. A partir de un diagnóstico que está “súper claro” desde hace años, el “legado del resurgimiento de la comisión” sería, según su presidente, “generar la mayor cantidad de instrumentos para que fluya de manera rápida y ágil el financiamiento hacia los sectores productivos del Uruguay, chicos, medianos y grandes”. En lo inmediato, las propuestas buscarán impulsar la figura de los fondos comunes de inversión, remover obstáculos para el manejo de los portafolios de las AFAP, y agilizar los procesos y tiempos a los emisores de deuda.
—Hay mucha inversión vinculada al ladrillo —que está muy bien—, pero los activos financieros tienen que estar en la góndola. Y el mercado de valores debe generar esa góndola. Ahí aparecen por ejemplo los fondos comunes de inversión como el instrumento más usado en el mundo. El regulador y todos los actores privados entienden que se debe ir por ahí.
—La realidad es que hoy en Uruguay casi no hay oferta de ese tipo de productos financieros. ¿Por qué?, ¿cuál es el problema?
—Sura ha hecho un desarrollo, pero es el único. El principal tema es que al ser instrumentos transparentes en lo fiscal —y está muy bien que así sea— es algo engorroso para el señor que debe hacer su declaración impositiva y ver cuánto tributa por cada uno de esos activos. Eso complica la venta, la posventa, la explicación. Sin que haya un trato fiscal distinto, debemos facilitarle la vida al inversor si compra un fondo común. De alguna manera, eso Sura lo salvó siendo agente de retención.
Otras cuestiones a mejorar son más operativas, como que se puedan usufructuar estructuras ya existentes a la hora de que una afisa administre los fondos como sociedad independiente, sin necesidad de duplicación para quien quiera desarrollar este negocio.
También hay un poco de historia y cierto resquemor por la idea de que los fondos acá fracasaron. Y algo cultural, en el sentido de que se piensa que quien va a invertir en estos fondos saca ahorros del sistema financiero y eso compite, cuando en realidad no es así.
—¿Qué hace falta para que se desarrollen instrumentos con poco uso acá, pero comunes en el mundo, como el descuento de cheques y de facturas electrónicas o el crowdfunding?
—Son el abc, los naturales, para el financiamiento hacia el empresario pyme, que son la inmensa mayoría en Uruguay. Ese señor empresario ya conoce el cheque y la factura electrónica; es distinto decirle: “Vení, vamos a sacar una obligación negociable, que implica todo este proceso”. Además, las empresas de factoring existen y los bancos ya dan crédito contra garantía de facturas. Lo que sí han hecho algunos países es masificar todo esto, porque el sistema bancario tiene limitaciones hasta dónde puede llegar por niveles de scoring y sus políticas.
Todos los instrumentos son válidos, pero hay que ponerlos sobre la góndola. Lo importante es que el río fluya y que ese señor pyme tenga en su cabeza que puede ir al mercado a emitir una obligación negociable, o a descontar la factura o el cheque, según sus necesidades. El proceso debe fluir, porque precisa la guita en 48 horas.
—En el relanzamiento público de la comisión dijo que en Uruguay hay gestores de portafolios con US$ 10.000 millones de no residentes bajo administración. ¿El mercado bursátil local podría alimentarse de esos capitales?
—Me encantaría. Hay una determinada cantidad de gente que desde Uruguay hace administración de portafolios posiblemente de la zona —argentinos, brasileños, paraguayos— con cuentas en Suiza o donde sea. Es una figura perfectamente habilitada y regulada por el BCU, y está buenísimo. Esos señores podrían eventualmente asesorar a sus clientes para que inviertan en mercados locales. Sin duda algunos lo hacen. ¿Pero por qué parte de esos fondos no podría ser invertida en una emisión que haga una empresa uruguaya? Perfectamente Uruguay podría ser una plaza para esos fondos. De nuevo: que el río fluya, que sea sencillo que eso suceda. Si todo es complicado, el tipo dice: “No, mirá, tengo 850.000 alternativas de inversión en el mundo, no me quiero complicar”.
¿Hoy qué tiene el mercado uruguayo para ofrecerle a ese señor? Nada, o muy poco. Volvemos a lo del principio: hay que generar instrumentos.
—La Ley de Urgente Consideración dice que “las sociedades anónimas con participación estatal deberán promover, siempre que las condiciones lo permitan, la apertura de una parte minoritaria de su capital accionario”. ¿Se cumplirá con eso? ¿Ayudaría al desarrollo del mercado?
—Me excede la pregunta; es más para un miembro del Poder Ejecutivo o las propias empresas.
Cualquier empresa privada, pública o mixta que emita deuda o abra su capital sin lugar a dudas colabora con el desarrollo del mercado. Pero es una decisión absolutamente empresarial.
—¿Es posible pensar en que, en su escala, el mercado bursátil local apalanque el crecimiento del sector tecnológico y financie por ejemplo a empresas como la fintech uruguaya dLocal, que desde hace poco cotiza en Nasdaq?
—Me encantaría. Pero son decisiones empresariales. Hay que preguntarse por qué emite afuera y no acá. Y dLocal tendrá sus razones desde el punto de vista societario o el querer estar en el núcleo de empresas cotizantes en el Nasdaq, por ejemplo. ¡Mercado Libre no cotiza en Argentina! Revisemos por qué y preparemos la tierra para que la próxima quiera emitir acá. Otra vez, debe ser algo sencillo, ágil, dinámico.
—¿Imagina a un pequeño ahorrista, de esos que hoy tienen una caja de ahorro en el BROU, comprando acciones de una pequeña empresa en bolsas uruguayas?
—¿En qué plazo? Dentro de tres meses no. Pero en el largo plazo ¿por qué no? El ahorrista tradicional americano, el más chico, invierte en acciones. Se las asocia con volatilidad, pero las acciones son un instrumento fantástico de ahorro a largo plazo: podés ser dueño de la empresa que te guste, del negocio que quieras, con una participación chiquita. Y la amplitud es absolutamente enorme.
Ahora, en Uruguay ni siquiera hay muchas emisiones de deuda —para las que hay que saber poquito y nada sobre la empresa—, que la gente invierta en acciones lo veo más lejano. También está el tema de a qué cantidad de empresas les conviene abrir su capital. Pero es un sueño que perfectamente se puede concretar, aunque va a requerir de tiempo.
Y sigo soñando: Uruguay podría ser una plaza que invite a emisores internacionales a que coticen sus acciones acá y que atraiga flujos de inversores de cualquier parte del mundo. ¡Si es un país con una extraordinaria historia institucional, sin enormes vaivenes, con libertad de capitales! Estamos soñando a muy largo plazo, ¿pero por qué no? Y eso generaría cualquier cantidad de empleo, movimientos brutales, capitales que circulan en la economía local.
- Recuadro de la entrevista
La “libertad del buen hombre de negocios”