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    El gobierno y la academia, preocupados por “necesidad” de mejorar el acceso a la salud de personas “trans”, proyectan cambios en atención

    En la escuela entraba al baño de los varones pese a los rezongos de la maestra, le gustaban los deportes masculinos y desde los tres años —según le contó su madre— se negaba a usar polleras y ropa femenina. Usó el pelo largo hasta entrada la adolescencia para complacer a su abuela, pero el conflicto interno que enfrentaba comenzó a afectar su vida exterior. Los psicólogos no supieron ayudar. Recuerda que uno le dijo que su problema era “la falta de una figura paterna”.

    Sus reacciones hostiles no remediaban el sufrimiento. Burlas en la primaria, más pesadas en el liceo, apodos que pasaban de chistosos a ofensivos, vecinos que lo miraban mal y reprobaban su aspecto. Un día la angustia lo superó todo: dejó el liceo sin terminar bachillerato y los trabajos que consiguió no duraron mucho. Recuerda que en uno de ellos la exigencia de usar uniforme femenino hizo que rápidamente lo abandonara. El encierro en su dormitorio en un altillo de Barrio Sur se convirtió en su mundo. Tabaco, mate, insomnio y soledad. Las amigas que creyó tener no tocaron más la puerta. Su cuerpo ahora adolescente comenzó a cambiar, a tomar formas curvilíneas que rechazaba.

    “¿Por qué me siento mal si es normal? Mi madre me hablaba y yo le gritaba. Sentía rechazo hacia mí. Si no soy mujer y no puedo ser varón ¿qué soy?”, se preguntaba.

    Quitó los espejos de la casa y se refugió en su primera computadora, que le permitió vivir durante varios años una “doble vida”. Allí, en los chats, pasó a llamarse Sebastián.

    Las búsquedas en Internet ayudaron a Sebastián a encontrar algunas respuestas. Un día leyó el término “disforia de género”: cuando una persona tiene un conflicto entre su sexo físico y el sexo con el cual se identifica. Todo le terminó de cerrar. Se enteró de la hormonización para los hombres trans: el consumo de hormonas masculinas que permite generar cambios en el cuerpo femenino. Recurrió a un médico particular para que le recetara la hormona. Este le pidió que se controlara además con un endocrinólogo porque esa terapia puede tener consecuencias.

    Llegó a un servicio público de salud en busca del profesional. Su aspecto era masculino pero en su cédula se podía leer su nombre de mujer. Los prejuicios y problemas no tardaron en aparecer. “Esa persona de la cédula ya fue, ya no soy más”, explicaba. Ser llamado por el nombre elegido es un derecho, aun si no lo indica el documento. Ante la negativa, se fue. Se hizo análisis de control en laboratorios privados y aprendió a leer los resultados. Llevaba un registro de los cambios en un cuaderno: vello en la cara, desaparición de la menstruación. Hizo de todo para conseguir el dinero, entre pasear perros de vecinas y cortar el pasto de la abuela. Fue recién un año después, con 25 años, que se enteró del servicio de atención a personas trans de la Unidad Docente Asistencial (UDA)-ASSE en el Hospital Saint Bois que comenzó en 2014.

    Al gobierno y a la academia le preocupa el acceso a la atención de las personas trans que, históricamente discriminadas, se han mantenido al margen del sistema de salud.

    Hoy jueves se presentará la publicación “Salud y diversidad sexual. Guía para profesionales de la salud” del Ministerio de Salud Pública (MSP), Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), las facultades de Medicina y Psicología de la Universidad de la República (Udelar), el Fondo de Población de Naciones Unidas y el Colectivo Ovejas Negras.

    “Es muy importante, es un manual para los profesionales de la salud del interior y la capital, para que cuando llegue una usuaria o un usuario trans sepan qué hacer”, dijo a Búsqueda el médico Daniel Márquez, asistente del Departamento de Medicina Familiar y Comunitaria de la Udelar e integrante de la UDA Saint Bois. Márquez es además adjunto a la Presidencia de ASSE.

    Hay temas específicos de esta población, las hormonas, las cirugías, las siliconas industriales, el mercado negro, el trabajo sexual, el VIH y las drogas, que requieren un conocimiento sobre cómo abordarlos. ASSE y la Udelar han realizado capacitaciones en el interior pero aún hay mucho trabajo por hacer, reconoce Márquez. Además, la publicación aborda temas éticos, jurídicos, sociales, psicológicos y de salud. Es “novedosa” incluso a nivel regional, aseguró.

    “En los últimos años, Uruguay ha vivido una revolución legislativa en el campo de la diversidad sexual. (…) No obstante, si bien esto representa un gran avance, persisten barreras para el ejercicio pleno de derechos”, indicaron los decanos de Medicina y Psicología, Fernando Tomasina y María José Bagnato en la publicación.

    “La meta es eliminar las barreras que impiden el acceso a los servicios de salud a colectivos que permanecen marginados de una real atención de calidad en condiciones de equidad”, dijo la presidenta de ASSE, Susana Muñiz.

    ASSE empezó a ofrecer cirugías gratuitas para personas trans y terapia hormonal tanto para hombres y mujeres trans, y evalúa la demanda para decidir si ofrecer más cirugías de las que ya se realizan en el Hospital Pereira Rossell (a cargo del Departamento de Cirugía y la Clínica Ginecotocológica A).

    “Los manuales a veces encasillan. Lo que fue considerado una patología en otro momento histórico y cultural ahora no lo es. La concepción de salud es más integral y tiene que contemplar la disforia de género”, dijo a Búsqueda la psicóloga Mónica Reina, profesora adjunta de Salud Mental en Comunidad e integrante de la UDA Saint Bois.

    Mercado negro.

    Hoy ASSE brinda las hormonas de forma gratuita. Sin embargo, el mercado negro todavía es muy grande y los controles de salud son escasos. La guía para médicos contiene información sobre la hormonización para hombres y mujeres trans. Se ven cambios en la suavidad de la piel y el vello del cuerpo pero también puede tener consecuencias en la salud y en la libido y la erección (por eso hay trabajadoras sexuales que no las toman). El tema no es sencillo.

    Márquez ha visto casos de hormonas traídas de la frontera con falta de garantías en el etiquetado e incluso sabe del uso de hormonas veterinarias. En el caso de las mujeres trans hay desconocimiento y muchas ingieren pastillas anticonceptivas que en realidad hacen “daño” a la salud.

    En el mercado negro también acceden a silicona industrial de bajo costo y a una sustancia conocida como “aceite de avión”, y se la inyectan de manera clandestina en los pechos, labios y glúteos.

    La guía aborda el problema de las siliconas, un tema por el que los médicos deben preguntar y revisar. Márquez comentó que antes no se consideraba un problema de salud y ahora son visibles las consecuencias que genera; incluso ocasiona muertes. Una vez inyectada la silicona puede migrar a diferentes partes del cuerpo y generar problemas severos, además de gastos en el sistema de salud. El correcto abordaje y la prevención son muy importantes, dijo Márquez.

    No suponer.

    La identidad de género es algo distinto de la orientación sexual. El conflicto de Sebastián fue el de sentirse hombre en cuerpo de una mujer, un problema de identidad de género. La orientación sexual es “quién te gusta”, explica.

    Luana también hace esta distinción y le parece “importante” aclararlo. Durante su infancia como varón su casa era centro de reuniones de la barra de amigos y en la adolescencia tuvo varias novias. Ahora sus amigos se “abrieron todos” y solo mantiene un vínculo con sus ex novias. Cuando falleció su padre sintió tristeza, pero también alivio por no tener que enfrentar lo que tantos años mantuvo guardado. Esperó a tener trabajo y plata para hacer el cambio. Solo a sus parejas les confiaba su deseo. Ahora con 33 años está bajo hormonización y se ha hecho implantes mamarios. Su situación laboral se complicó mucho y eso le preocupa, hay mucha discriminación. Está segura de que le siguen gustando las mujeres: se define como mujer trans lesbiana.

    La guía recomienda preguntar, no suponer, y hacerlo con respeto. Josefina González —mujer trans e integrante del Área Académica Queer— se resiste a encasillar “todo en el binomio” hombre-mujer. “Trans son quienes transitan el género”, afirmó.

    Para Jimena, estudiante de Medicina e interna en el servicio del Saint Bois, una de las estrategias más importantes que aprendió del equipo de ASSE-Udelar es a hacer “preguntas abiertas”.

    El acceso a los sistemas de salud para las personas trans es “difícil” porque hay una “discriminación y estigmatización muy arraigada”, comentó Josefina. “Históricamente hemos tenido muy poca accesibilidad, yo he sentido violencias y a algunos lugares no volví más”, agregó. Llegar y que llamen a la persona por el nombre de su cédula en voz alta para que todos lo noten, miradas y gestos reprobatorios por el personal de la salud y de atención. La experiencia no ha sido cómoda.

    Sebastián llegó al Saint Bois sin haberse hecho nunca el Papanicolaou (para prevenir el cáncer de cuello de útero), allí se lo hizo por primera vez. Este es un hecho importante de prevención en salud que contiene la guía. Márquez explicó que debido a la terapia hormonal los genitales de los hombres trans cambian y hacer el Papanocolaou requiere un cierto conocimiento sobre el tema.

    El servicio de la UDA Saint Bois está repleto de pedidos de pasantes del exterior, más de los que pueden recibir. Márquez destaca el interés que despertó tanto en América como en algunos países europeos.

    Cirugías.

    En la sala de espera del Saint Bois hay una mujer con un bebe y un hombre de unos cincuenta años en una esquina. La atención es para todos ellos por igual. En otra esquina, dos mujeres trans conversan.

    —¿Vos te querés operar? Yo sé que me quiero operar, se los dije en la primera consulta.

    —Yo por ahora estoy con hormonas y bien. No quiero —respondió.

    Un chico trans entra en la conversación y las invita a que miren sus fotos de cuando era pequeño, con pelo largo y aspecto muy femenino.

    —¡Ay no sos vos! Te admiro, cómo podés guardar esa foto… Yo tengo complejos, mirá, soy muy alta, mido 1,85 —dijo una de las mujeres.

    —Yo soy alta e igual me pongo tacos. Yo me amo.

    —Yo no me amo —respondió.

    El modelo del Saint Bois tiene un abordaje interdisciplinario y ofrece para quienes lo deseen la posibilidad de cirugías programadas con el equipo del Pereira Rossell. La atención en salud mental está presente desde la primera consulta. Para poder realizarse estas cirugías las personas reciben apoyo de profesionales en salud mental que evalúan si están aptas para el cambio y también acompañan el proceso posterior.

    En ASSE se hicieron, en forma gratuita, cinco histerectomías (remoción quirúrgica del útero), tres implantes mamarios (que deben pagar el implante, a unos 600 dólares) y cuatro mastectomías (extirpación de la mama).

    Márquez informó que están evaluando ampliar la oferta de cirugías, porque a nivel de genitales existe una gran variedad y requiere capacitación del personal de salud, y se está evaluando la demanda. Según Márquez, 4% de estas personas “pretendería acceder” a cirugías de cambio de sexo.

    La intervención “implica siempre ganar y perder. Hay que procesar ese cambio y manejarlo. Operar es vivir el duelo de lo que no se va a poder hacer. Lo difícil es lo interno, estar satisfecho con lo que se quiere”, dijo Reina a Búsqueda.

    Sebastián no lo dudó. “No pienso tener un hijo biológico”, comentó. Otras personas sí lo piensan y desisten de la opción quirúrgica. Fue el primero en hacerse una mastectomía y luego histerectomía.

    En diciembre de 2014 Sebastián obtuvo su cédula con ese nombre. Su relación con su madre mejoró y está a gusto consigo mismo. Está estudiando y trabajando y siente la “mente sana”.

    Comenta que algunos médicos se negaron a realizar operaciones como la mastectomía por considerarlo algo meramente estético y además inapropiado retirar un órgano que está sano.

    “La gente está un poco equivocada, salud no es solo para quienes están enfermos de una gripe o tienen un órgano dañado. Salud es todo, la salud mental también es importante. Es algo de uno para sentirse mejor con uno mismo, no es para llamar la atención y que la gente aplauda. Es para adecuar lo que uno siente con lo que uno ve en el espejo y poder decir ‘ese soy yo’”, opinó Sebastián.

    “El cuerpo es lo que se ve, pero lo más importante es lo que uno siente” y las cirugías en algunos casos ayudan a “unificar” esto, dijo Reina. Sin embargo, no todos desean pasar por eso, explicó.

    Josefina, con 31 años, se realizó cirugía de implantes mamarios. “Es lo único que me voy a realizar, no accedí a lo hormonal tampoco”, comenta. “No me puse tetas para ser más mujer sino para reasignar mi cuerpo, mi género, es algo más profundo”.

    Discriminación.

    Tiene unos 40 años, tal vez más. Llega a la consulta en el Saint Bois y saluda al personal de salud con entusiasmo. Lleva colorete en la cara, collar rosa y pollera. Ese aspecto que viste tan naturalmente es el que debe quitarse todos los días antes de ir a su casa, porque así no la dejan entrar. Las mujeres trans son discriminadas por las familias, expulsadas de sus casas y la mayoría termina ejerciendo la prostitución. Las que tienen empleos formales son la excepción.

    La prostitución es la única salida para muchas trans y eso las expone a riesgos, explica Márquez. La violencia, sobre todo hacia mujeres trans, es importante. Se presentan en la consulta con lesiones de golpes, cortes, y en el pasado hubo muertes. Los adultos mayores trans son pocos, la esperanza de vida es de 40 años.

    Según datos del Ministerio del Interior a los que accedió Búsqueda, hubo siete homicidios de mujeres trans entre 2011 y 2016, solo dos fueron aclarados. Cinco ocurrieron en Montevideo, en el Cerro, Parque Roosvelt, Aguada, Prado y Brazo Oriental y solo uno en Cerro Largo.

    Quienes reciben los $ 800 de la tarjeta Uruguay Social (un derecho para los trans) son 1.088 personas y más de la mitad está en el interior del país. Al servicio de ASSE en el Saint Bois acuden personas de todas partes del país, incluso viajan desde Artigas. Por eso el gobierno y la Udelar buscan ampliar la experiencia de atención de la UDA Saint Bois en el país.

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