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“Soy editor de García Márquez, pero para mí Onetti es el autor más importante del boom latinoamericano”. Lo decía Claudio López de Lamadrid, que durante dos décadas fue, además de amigo, editor del autor de Cien años de soledad. “La vida breve me reventó la cabeza”, agregaba. Y completaba la lista de sus tres favoritos de la literatura uruguaya, con Mario Levrero e Idea Vilariño. “Hay bastantes más que me interesan, como Felisberto Hernández y Marosa di Giorgio, pero esos tres autores serían, para mí, tres emblemas”.
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Claudio López de Lamadrid falleció el viernes 11 de enero a los 59 años de un infarto cerebral. Llevaba 40 años en el sector del libro. Coordinador de Penguin Random House Grupo Editorial (PRH), buena parte de su trabajo estuvo enfocado en Latinoamérica. Desde el 2000, su labor fue clave en la publicación y difusión de la literatura latinoamericana. Además de García Márquez, Lamadrid fue editor (y en algunos casos descubridor) de César Aira, Samanta Schweblin, Ida Vitale, Andrés Neuman y Rodrigo Fresán. Fue quien observó con atención el panorama de la narrativa estadounidense cuando muchos colegas la dejaban de lado. Fue editor de Jonathan Lethem, Philip Roth, Alice Munro, Dave Eggers y George Saunders. Apostó por un casi desconocido autor sudafricano, J. M. Coetzee, que antes de consagrarse con el Nobel llegaba a vender, como máximo, 600 ejemplares. Se aventuró a traducir un libro de más de 1.200 páginas —un centenar de ellas destinadas a las notas al pie—, La broma infinita, de David Foster Wallace, una operación que muchos consideraban una especie de suicido comercial. Facilitó la expansión del universo levreriano al llevar parte de la obra de Levrero al sello Mondadori.
En setiembre de 2016, Lamadrid pasó brevemente por Uruguay y mantuvo una charla con Búsqueda en las antiguas oficinas de PRH, sobre la calle Yaguarón. Lo que sigue es un extracto de aquella conversación, en la que el editor, nacido en Barcelona en 1960, habló acerca de sus inicios en el rubro, las pérdidas que son ganancia, los libracos temerariamente extensos, los cambios que experimentó la labor de los editores y del libro electrónico, entre otros asuntos.
Inicios
Comenzó siendo un adolescente, a los 16 años, cuando su tío, Antonio López de Lamadrid, fundador y director de Tusquets Editores, lo convocó para que lo ayudara con una mudanza de libros. Su primera tarea consistió en borrar con una goma los precios anotados en las esquinas de las páginas. Luego se trasladó a París, donde trabajó junto a Christian Bourgois, fundador de la editorial homónima. Allí fue aprendiendo de maquetación, armado, corrección. Regresó a Tusquets Editores, donde estuvo 10 años, ahora como editor. Participó en la creación y el desarrollo del sello Galaxia Gutenberg y luego comenzó como director literario de Grijalbo Mondadori, que más tarde pasó a ser parte de la división en lengua hispana del conglomerado PRH y reúne sellos como Aguilar, Alfaguara, Suma, Taurus, Caballo de Troya, Debate, Debolsillo, Ediciones B, Lumen y Literatura Random House, Plaza & Janés y Sudamericana, entre otros.
“De trabajar como editor en Tusquets pasé a Mondadori. Entré cuando García Márquez había entregado el manuscrito de Noticia de un secuestro”, comentó. “Desde entonces, cada vez que llegaba un manuscrito de García Márquez era yo quien lo editaba. Si había sugerencias de cambios lo comentaba con él, que era muy puntilloso, lo que me facilitaba bastante el trabajo”.
Ganancias
“Se dice que en el mundo editorial, tú pierdes dinero con nueve libros para ganar con uno. O pierdes con ocho para ganar con dos. Es verdad. No me gano la vida con Levrero o con Aira. Me gano la vida con otros libros, que son los que me permiten publicar a Levrero y Aira”.
Cambios
“El trabajo del editor ha cambiado bastante. Y seguirá cambiando. Hace diez años, vivíamos encerrados en el despacho, leíamos, contratábamos, no teníamos muchos recursos para contactar o estar en comunicación con el consumidor final. Hoy, con la web y las redes sociales, se tiene más contacto y una mejor comunicación con el lector. Es un cambio notable. Yo, por ejemplo, puedo mostrar propuestas de cubierta para una novela a través de las redes, Twitter, Facebook, puedo recabar opiniones de los potenciales lectores. Tengo más posibilidades de conocer gustos y preferencias. Las conversaciones que se dan en las redes sociales me permiten ver cuáles son las tendencias, por dónde van los tiros. No quiero decir que sea obligatorio para un editor usar las redes, pero es una buena herramienta. Hace diez años, cuando buscaba un editor, hubiera pedido uno que leyera inglés y supiera trabajar con originales. Ahora pediría inglés, trabajo con los originales y manejo de redes sociales”.
Libracos
“Ya estaba en Mondadori cuando fui a la Feria del libro de Frankfurt. Wallace había publicado La broma infinita. Todo el mundo hablaba de ese libro. Que además era muy gordo y muy caro de traducir. Enseguida lo quise contratar. Pero se me adelantó otra editorial, que pagó muchísimo dinero. Al cabo de seis meses, me llegó la noticia de que el editor que la había contratado había decidido no publicarla porque traducirla y publicarla realmente era una operación muy cara. Entonces pude contratarla. Fue una especie de vía crucis enorme. No fue sencilla la traducción, que luego tuvo la revisión de Javier Calvo. Todo el mundo me decía que estaba loco por querer publicar un libraco de 1.200 páginas. Al final el resultado es que no ha sido ninguna locura, sino un éxito. La broma infinita se sigue vendiendo cada año. Me pasó algo similar con Dave Eggers. Contraté todos sus libros, excepto el primero. Pero luego lo dejaron y pude recontratarlo”.
E-book
“Es la salvación de la literatura. El papel es cada vez más caro, las tiradas son más pequeñas y no siempre es fácil llegar a todas partes. En cambio, con el libro electrónico puedes llegar a la cima de una montaña en Bolivia. Puedes llegar, de una manera económica, a Cochabamba o Santa Cruz, donde el libro en papel también llega, pero carísimo. En ese sentido, el e-book ha llegado para quedarse. En América Latina no acaba de crecer, entre otras cosas, por la piratería. Pero ya nadie piensa en la confrontación del libro electrónico y el libro en papel, creo que van a convivir durante mucho tiempo. En EE.UU. la relación es de un 30% e-book y 70% en papel. En Inglaterra la relación es muy similar. En Alemania, un 20%. En España la relación es más baja: el e-book representa solo el 3%. Y la razón no es el papel, sino la piratería”.