Nº 2202 - 1 al 7 de Diciembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace dos semanas comenté el libro Jugando con fuego de Carlos Pareja. Hoy quiero recomendar otro libro, en este caso, el de Víctor Ganón titulado Pedeciba. Los orígenes de una revolución científica y cultural en el Uruguay posdictadura (1985-1990). Son dos libros escritos por personas muy talentosas y, al mismo tiempo, muy diferentes. Pareja es filósofo y profesor. Ganón es ingeniero y empresario. Jugando con fuego nos alerta contra las “apuestas a la polarización en la política uruguaya”. Pedeciba nos ilustra todo lo que podemos ganar como sociedad cuando quienes piensan distinto, se disponen a cooperar. Son dos libros excelentes y, a la vez, completamente diferentes entre sí. Lo más curioso es que terminan llevando agua para el mismo molino.
Los universitarios y, de un modo más general, los intelectuales, podemos cometer grandes errores. A lo largo de nuestra historia pisamos varias veces la banquina. Sin demasiado esfuerzo es posible mencionar al menos tres momentos desafortunados. En ocasión de la elaboración de la Constitución de 1830, los “doctores” de la época no tuvieron mejor idea que no permitir que los jefes militares pudieran ser electos. Hay quienes ven, en esta decisión, unos de los motores de la inestabilidad política durante el siglo XIX. Luego de la Guerra Grande, siguiendo una línea argumental muy popular en la época que atribuía al “caudillismo” las guerras civiles, promovieron la “política de fusión”. Es bueno que este intento haya fracasado, y que los partidos, además de sobrevivir, hayan aprendido a competir en paz. Un siglo después, en los años sesenta, en plena Guerra Fría, una parte muy importante de la intelectualidad perdió de vista el valor de la libertad política. Dada la influencia que el mundo de las ideas suele tener sobre la vida política, contribuimos a la crisis de legitimidad que tuvo como epílogo la dictadura.
Los intelectuales podemos, también, dejar legados constructivos. Arturo Ardao, hace más de medio siglo, explicó que el ascenso del positivismo filosófico en la década del setenta del siglo XIX contribuyó al desarrollo de las actividades científicas e instituciones educativas, y a la instalación de un clima general de confianza en el progreso gradual. También argumentó con toda claridad que la “paz filosófica” entre las distintas doctrinas precedió a la “paz política”. En ese contexto, el “magisterio” liberador y antidogmático de José Enrique Rodó y Carlos Vaz Ferreira, especialmente intenso durante las primeras dos décadas del nuevo siglo, lubricó los acuerdos de paz y las negociaciones que desembocaron en la elaboración y aprobación de una nueva Constitución. Los partidos políticos han sido, y siguen siendo, los actores centrales de nuestro sistema. Pero no todo nace ni depende de ellos.
Los intelectuales y universitarios, cuando esquivamos la tentación de la utopía y tomamos conciencia de los límites de nuestro conocimiento, podemos ser constructivos. El libro en el que Ganón narra los orígenes del Pedeciba, en ese sentido, realiza una contribución extraordinaria. La idea de un programa nacional de estímulo a la ciencia básica partió de la comunidad científica nacional. Dice Ganón: “Los orígenes de la idea de un Pedeciba (Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas) se remontan a fines del año 1983. En aquel momento empezaron a reunirse en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) algunos de sus investigadores principales, entre los que contaban el Dr. Omar Trujillo y Omar Macadar”. Durante 1984, bola de nieve mediante, los contactos entre científicos residentes en Uruguay y del exterior se multiplicaron. Al mismo tiempo, los que emprendieron la aventura consiguieron el apoyo de las oficinas de PNUD y Unesco en Uruguay. En diciembre de 1984, 42 investigadores (23 residentes en Uruguay, 19 residentes en el extranjero) de las áreas de física, química, biología, matemática e informática se reunieron en un gran seminario de 10 días de duración para discutir las bases del nuevo programa. En ese momento, dicho sea de paso, el Pedeciba era visto como el germen de una Facultad de Ciencias. Con el tiempo, serían dos instituciones diferentes.
Lo más interesante de este proceso, desde el punto de vista político, es que esa red de científicos logró rápidamente entenderse con el gobierno que acababa de ser electo. Dice Julio María Sanguinetti en el libro de Ganón: “En ese contexto, todo el ámbito cultural nos desafiaba. Las expectativas eran enormes. Las ansiedades también. Había que acallar pasiones y reconstruir vínculos. Uno fundamental era con la Universidad, luego de una intervención, precedida por tiempos de tormentas en que nada faltó. Nuestra ministra, la Dra. Adela Reta, inspiraba confianza, por su jerarquía académica y su clásico talante, abierto y liberal. Del otro lado, el rector Samuel Lichtensztejn, ahora repuesto en su sitial, abría un crédito de esperanza, por su prestigio y moderación” (p. 9). Según el testimonio de personalidades decisivas en esta historia, como los profesores Enrique Cabaña y Rodolfo Gambini, Víctor Ganón, actuando en representación del Ministerio de Educación y Cultura, jugó un papel muy importante en la construcción de ese puente, a priori improbable, entre el gobierno y la comunidad científica.
Políticos y científicos, con absoluta independencia de sus ideologías, lograron trabajar juntos y fundar una institución clave. No faltaron las discusiones. De hecho, uno de los asuntos más debatidos en esos meses de forja fue la cuestión de la gobernanza de la criatura naciente. El ingeniero y matemático José Luis Massera, uno de los dirigentes comunistas más prestigiosos de la época, que participaba muy activamente en los debates, dejó un testimonio muy importante del clima de buena voluntad reinante. El 23 de mayo de 1985, durante la segunda gran asamblea fundacional que había sido convocada, precisamente, para discutir la estructura de gobierno del Pedeciba, expresó: “En otras épocas que hemos vivido nos hubiera parecido imposible que este casi milagro se hubiera podido realizar. Sin embargo, en unos pocos días hemos podido llegar a acuerdos, aun en puntos que podrían ser más o menos conflictivos o delicados. Sin embargo, se logró un consenso, no se votó nunca nada, todo se hizo por consenso, no había necesidad de votar. Esto creo que da la perspectiva de vida larga y fructífera al Pedeciba. Y pienso que con esto recojo el sentimiento de los que hoy nos acompañan” (p. 61). Believe it or not.
Vuelvo al principio. Pareja nos advierte contra la polarización que nos acecha. Ganón nos cuenta una historia que demuestra que vale la pena trabajar juntos. No es imprescindible construir consensos. Sí lo es, en cambio, evitar echar leña al fuego.