Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMilitares, centro de debate público. La cuestión está en la orden del día, en el clásico estilo uruguayo; entró en debate público, según la práctica establecida en los pobres medios de información pública. Vivimos bajo el imperio de gentes semi-intelectuales que prevalecen como orientadores de la opinión pública.
Dicen distinguidos intelectuales, estos sí intelectuales profesionales, que no están afectados los militares de hoy, que se trata solamente de juzgar el pasado.
Esta es la primera fuente del desbarre. Quienes lo dicen no hacen el esfuerzo mínimo e indispensable para penetrar en la cuestión militar. Mi opinión no es oficiosa. Es visible en países algo más organizaditos, una prudencia muy extendida, más que prudencia, un velo protector colocado sobre las fuerzas armadas; las libran de caer en la escena pública, sin perjuicio de analizar aspectos generales de acciones y desempeños. Fue visible en el caso de Estados Unidos, cuando el Gral. Eisenhower, máxima estrella en el siglo XX del ejército, al cesar en el sillón presidencial, advirtió públicamente el poder exagerado del Pentágono.
Para las fuerzas armadas uruguayas el pasado es hoy: es la única institución estatal que tiene continuidad histórica, precisamente por su propia naturaleza: no responde a los avatares del electorado. Su misión es ciega: obediencia y orden.
En su severa limitación reside su fortaleza. Es un signo casi religioso. Reciben órdenes, las cumplen. Cuando la situación excepcional de la dictadura militar iniciada en los hechos el 15 de abril de 1972, padecieron un impacto severo: asumieron un poder excepcional que corrompió a la institución. Se habituaron a someter ciudadanos a vejámenes y no lo hicieron protocolarmente, sino que se les enseñó el disfrute: muchos modestos suboficiales dieron órdenes infames, muchísimos soldados disfrutaban ejecutando acciones inhumanas. Soldados y mandos bajos las disfrutaron, no todos, claro está. Chistes y simulacros de fusilamiento eran celebrados alegremente.
En la severa disciplina natural de la institución estuvo la cura: no debatieron en asambleas, al estilo universitario o académico, que puede discutir infinitamente sin arribar a acuerdos, tal como ocurre en el Uruguay, y precisamente a propósito de la cuestión militar.
La persistente acción democrática de los gobiernos sucesivos, particularmente los iniciados en 2005, encarriló el antiguo desvío. Hoy, 2015, las fuerzas armadas han retomado el camino y son un soporte esencial de la democracia uruguaya. El ejemplo del mundo exterior cooperó a la obra restauradora de valores.
¿Puede decir lo mismo la sociedad civil? ¿Podemos decir que la sociedad civil ha reflexionado, ha superado sus valores, ha curado la enfermedad de la desintegración, es capaz de una acción masiva, coordinada, para resolver desigualdades, mejorar la cultura general, educar ejemplarmente? No sólo es dudoso todo esto, sino que es seguro que ni los políticos ni los funcionarios del estado han superado sus viejas taras.
El ejército ha adquirido una superioridad manifiesta y con el mérito ya señalado: los ingresos en dinero son sumamente reducidos. No pueden hacer paros, ni pueden movilizarse diariamente en las calles como lo hacen los civiles.
Sin advertirlo, parecería que queremos recargar combustible a la máquina infernal que nos devoró en 1972.
Porque la máquina infernal del ‘72 fue cargada por civiles, cosa que no queremos reconocer. Es doloroso reconocer.
El 14 de abril de 1972 ciudadanos nuestros, gentes cargadas de valores humanos generosos, cometieron la locura de fusilar a 4 personas importantes entonces, en el mismo día, y como prueba concluyente de que existía un estado paralelo, unas fuerzas armadas paralelas, una justicia paralela.
El 14 de abril de 1972 ocurrió la cosa y el Parlamento uruguayo votó medidas excepcionales y encomendó al ejército acciones represivas con plenos poderes. Declaró el estado de guerra interno.
En la noche marchamos encapuchados unos cuantos miles de personas a los cuarteles. Cayó la noche sobre el país.
Quienes tengan curiosidad por conocer mejor, pueden leer el discurso de Seregni pocos días después y pueden leer un artículo de Vivián Trías, líder del sector marxista leninista del socialismo, reconociendo la magnitud del error cometido. Están incluidos en un libro de Banda Oriental dedicado a Vivián Trías en el período pre-dictatorial.
Había perdido la política. Habíamos entronizado al fascismo.
La historia debería enseñar. ¿Cómo es posible pedir cuentas al ministro del ramo cuando dirige unas fuerzas armadas sufridas y colocadas honradamente al servicio de la Nación?
Parece un olvido frívolo de cuarenta años de historia. El partido de gobierno actual perdonó al gobierno reciente todo: equivocó gravemente en la política argentina, equivocó alentando inconscientemente peleas dentro del gabinete, que no pudo reunirse en más de una oportunidad por las peleas mutuas a vista del presidente, amenazó con poner agentes del Ejecutivo en todos los departamentos, y después metió violín en bolsa, prometió crear emprendimientos gigantes que no hizo, debió acudir al Parlamento para pedir tregua con un proyecto de ley promovido por su ministro de Relaciones Exteriores, fue figura ejemplar del desorden en la cabeza misma del Estado. No vimos nunca un reclamo partidario por el caos, ni vimos jamás un pedido de renuncia. ¿Hay sensatez en la interna del partido de gobierno?
Se reclama documentación que parece ocultar el ministro, pero allí, en ese ministerio, actuaron antes integrantes del partido reclamante de hoy, el Sr. Bayardi, y a él nadie parece haberle reclamado nada.
Las dudas son obvias. Todavía no transcurrieron 90 días del nuevo gobierno y se extiende una ola de presiones que afecta a la cabeza misma, y no a un ministro. Ola sindical, con un tercer paro general programado, ola contra la política internacional, dibujada contra un acuerdo internacional en el que parecen actuar conjuntamente China y los Estados Unidos (no puedo asegurarlo, la información pública es escasa) pero ya un conjunto de “sabios” declaró que es mala.
¿Qué se pretende? ¿Algún inconsciente pretende recrear un 14 de abril con medios dialécticos, cuando el mundo está transitando una situación de desconcierto universal, extendido uniformemente a todo el planeta?
Silos Piedra Cueva Azpiroz
CI 2.027.875-2