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    El mundo está expectante

    No es broma

    Hoy es martes 29, y es de tarde. Es el día y la hora en que se escribe esta columna.

    Mientras tanto, la historia, como es su costumbre, avanza febrilmente y a grandes pasos.

    El destino de Venezuela está en juego, las fuerzas en pugna se miran con ojos desafiantes.

    Los cronistas (de Cronos, dios del tiempo en la mitología griega) corremos siempre contrarreloj. Bien puede ser que cuando usted esté leyendo esta columna, del jueves 31 en adelante, ya Juan Guaidó esté instalado en el Palacio de Miraflores y Nicolás Maduro esté conversando con Chávez y el pajarito en el más allá, o bien Guaidó cuelgue de la rama de algún algarrobo mientras Maduro es coronado Emperador Supremo del Socialismo del siglo XXI. Así de dinámica es la historia.

    Pero al día de hoy es mi obligación pasarles los datos que tengo, en particular porque estamos en el país que ha centrado las miradas de todo el planeta, gracias a la brillante y constructiva iniciativa de nuestro gobierno. Como en los tiempos del cardenal Samoré en los años 70, cuando la crisis del canal de Beagle entre Argentina y Chile, el Uruguay vuelve a ser potencial sede de un acuerdo de paz.

    No importa que Canadá haya convocado  al Grupo de Lima para el 4 de febrero, ni que España, Gran Bretaña, Francia y Alemania le hayan puesto fecha límite a Maduro para convocar unas elecciones libres y transparentes (fecha que se vence esta misma semana) o de lo contrario reconocerían a Guairó como presidente. No importa mucho tampoco que el Pato Donald le haya trancado a Citgo, la filial de PDVSA en los EE.UU., 7.000 millones de dólares de utilidades de la venta de petróleo venezolano, ni que el Banco de Inglaterra le haya bloqueado a Maduro el retiro de 1.200 millones de dólares en lingotes de oro, que el muy pícaro quería retirar para financiarse su inminente alejamiento y su dorado exilio en las arenas de Pinar del Río, entre mojitos y daiquiris, o que el Papa haya decidido rezar para que no haya derramamiento de sangre en las manifestaciones públicas en Venezuela (los 39 muertos de la semana pasada murieron todos de un infarto, sin derramar una gota). No importa tampoco que el Pepe Mujica se haya despertado ayer con la inspiración de que Maduro no es tan bueno como el resto de los frentistas creen que es, y haya pontificado sobre unas elecciones rarísimas coordinadas por las Naciones Unidas, para evitar la guerra en las calles, con un sistema que ni él mismo entendió lo que estaba proponiendo. Se ve que no había tomado la pastilla.

    Lo que importa es la Comisión para la Paz en Venezuela, convocada por Tabaré muy a pesar de muchos correligionarios, que pedían algo más concreto y palpable, como Constanza Moreira y Juan Castillo, que proponían enviar milicias combativas orientales para luchar en las calles defendiendo la soberanía venezolana del ataque de los invasores yanquis impulsados por el Plan Atlanta (al grito de “organicémonos y vayan”). O la calentura de los mexicanos, que tuvieron la misma idea de la mediación que los uruguayos, pero que carecen de la “expertise”, como se dice ahora, de hacer negocios con Venezuela, y que todo salga bien.

    Es casi un hecho que los coordinadores de la Comisión de Paz, amparados en sus antecedentes (y alguno de ellos, además, en sus fueros parlamentarios), serán el diputado Placeres y el empresario prófugo Gustavo Torena, quien responde (aunque no siempre) al nombre de Pato Celeste. Las reuniones se llevarán a cabo en el salón Aire Fresco de la sede de la Cancillería.

    Todas las partes involucradas, tanto los protagonistas centrales como los auspiciantes y promotores de este acuerdo de paz, han acogido con entusiasmo el plan del gobierno uruguayo y ya han designado a sus delegados de avanzada.

    Por la parte del gobierno de Maduro, asistirá a los encuentros en Montevideo el sargento de primera Yasibiray Marakucho, comandante del Grupo de Élite Los Soldados del Pajarito, encargado de la vigilancia callejera en los barrios del sur de Caracas. Y de parte del grupo de Juan Guairó, vendrá a nuestra capital la distinguida escribana Tulula Delsan Cocho, supervisora en el exilio del Registro de Automóviles de Caracas, actualmente radicada en Miami.

    Estas dos figuras de primer nivel permiten comprobar con qué entusiasmo y responsabilidad los dos grupos enfrentados asumen este compromiso, al tratarse de experientes negociadores imbuidos de patriótico optimismo.

    No están solos. La Unión Europea, gran entusiasta burocrática de este diálogo montevideano, a espaldas de los mandamases de Alemania, Francia, España y Gran Bretaña, se cortó con lista propia, y designó a uno de sus funcionarios de la sede de Bruselas, el italiano Ferruccio Menecuccio, jefe de segunda de la unidad Archivos a desclasificar en el 2050, para representarla en nuestro país.

    Por su parte, la Santa Sede, comprometida hasta los tuétanos con una solución pacífica (bastó ver las lágrimas de don Francisco orando por Venezuela, Nicaragua, Yemen del Sur, Siria, la Virgen del Buceo y Cristina Fernández en la oración colectiva Vamos que Podemos, en la misa del domingo en San Pedro), designó para asistir a las reuniones en Uruguay al seminarista cubano Arístides D. Laostia, subprefecto a cargo del stock de cirios e incienso en la parroquia Santo Benedetto del Mirácolo, ubicada al sur de Roma.

    No cabe sino orar y esperar que este encuentro tan significativo en Montevideo signifique otro hito en la célebre trayectoria del gobierno uruguayo y su política exterior, pautada por grandes logros, como el ingreso de Venezuela al Mercosur tras la suspensión del Paraguay, los deseos de Nin Novoa de que las encuestas que lo daban ganador a Bolsonaro estuvieran equivocadas, la designación de la acompañante de Raulito Sendic el día de la toma de posesión del primero de marzo (la dama de fucsia) como ministra consejera de la Embajada del Uruguay en Londres, o la negativa a firmar el TLC con los Estados Unidos en la primera presidencia de Tabaré.

    Capaz que el tren pasa dos veces, como decía el Polo Gargano, y esta vez se los lleva.

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